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martes, 25 de diciembre de 2018
POEMA DE NAVIDAD
Hablamos de la Navidad,
de por qué no la festejabas.
Dije que era una lástima
porque está llena de regalos,
comida, niños que ríen
gente feliz con gorros rojos.
Así que fuimos al centro comercial
me tomé una foto con Santa Claus
y comimos pizza.
Nuestra Navidad feliz.
No te conté que durante años
Santa no llegó a mi casa.
No hubo pavo en la mesa
y sólo un pequeño árbol
comprado en los saldos
horas antes de Nochebuena.
Uno de esos diciembres
caminaba con mi madre
y vi en una tienda un par de zapatos
negros, de terciopelo
con hebilla brillante.
Le pedí que me los regalara
porque había sido una chica buena.
Ella se acercó al aparador, vio el precio
y seguimos caminando.
La mañana de Navidad
vi mi regalo bajo el pino:
la caja más grande.
Adentro estaban los zapatos.
Me los puse enseguida
y bailé con ellos por la sala.
Mis hermanas pequeñas
recibieron juguetes diminutos,
algunos dulces
y yo tenía estos zapatos negros
de terciopelo, con su hebilla brillante.
Después regresó Santa,
el pavo, los gorros rojos,
el árbol de Navidad de tres metros.
Mi madre nunca menciona esa época
(tampoco cuando me fui de casa).
No te conté que en estas fechas
se me encoge un poco el corazón.
lunes, 25 de junio de 2018
CICATRICES
Nací un miércoles de ceniza.
Mi madre tenía una cruz marcada en la frente
cuando mi padre la llevó al hospital.
Aún es pronto, dijeron las enfermeras
y mi madre se fue a caminar sus contracciones.
Mi padre le contaba viejas películas
y chistes
muchos, porque mi madre ama reír.
Hacía calor ese febrero
y mis padres eran jóvenes y bellos.
Se habían casado a escondidas
pero eso fue en primavera y ahora moría el invierno.
La promesa del nacimiento y el renacimiento
El miércoles de ceniza es buen momento para creer.
Anochecía cuando mi padre convenció a las enfermeras.
Mi madre no podía dar un paso más con sus pies hinchados de placenta
de cansancio, de hija en camino.
Él dice que fue gracias a las joyas que llevó a la enfermería
yo creo que fue por sus ojos grandes y sus rizos
que le daban aire de rockstar desamparado.
Mi madre recuerda que le pusieron una bata azul
que quería marcharse en cuanto la acostaron en una cama
que pidió su ropa de vuelta
porque no era tiempo de tener una niña.
No para ella, tan joven, tan hermosa
con su cruz en la frente.
Mi padre no olvida los gritos que cruzaron la sala de de espera
pero no había nadie, sólo él.
Eran las once y treinta y tenía una hija
la primera
y una buena historia que contar.
Todavía era miércoles
y la ceniza seguía ahí: una cicatriz en su frente.
Sylvia Georgina Estrada
Mi madre tenía una cruz marcada en la frente
cuando mi padre la llevó al hospital.
Aún es pronto, dijeron las enfermeras
y mi madre se fue a caminar sus contracciones.
Mi padre le contaba viejas películas
y chistes
muchos, porque mi madre ama reír.
Hacía calor ese febrero
y mis padres eran jóvenes y bellos.
Se habían casado a escondidas
pero eso fue en primavera y ahora moría el invierno.
La promesa del nacimiento y el renacimiento
El miércoles de ceniza es buen momento para creer.
Anochecía cuando mi padre convenció a las enfermeras.
Mi madre no podía dar un paso más con sus pies hinchados de placenta
de cansancio, de hija en camino.
Él dice que fue gracias a las joyas que llevó a la enfermería
yo creo que fue por sus ojos grandes y sus rizos
que le daban aire de rockstar desamparado.
Mi madre recuerda que le pusieron una bata azul
que quería marcharse en cuanto la acostaron en una cama
que pidió su ropa de vuelta
porque no era tiempo de tener una niña.
No para ella, tan joven, tan hermosa
con su cruz en la frente.
Mi padre no olvida los gritos que cruzaron la sala de de espera
pero no había nadie, sólo él.
Eran las once y treinta y tenía una hija
la primera
y una buena historia que contar.
Todavía era miércoles
y la ceniza seguía ahí: una cicatriz en su frente.
INVENTARIO DE SUEÑOS
Siempre tuve una
lista de sueños por cumplir
La idea no fue mía, sino de las monjas
Que en las clases de catecismo decían
Dios te ama, pecadora y todo
Mientras repartían decenarios de plástico
Amuleto contra los malos pensamientos.
La idea no fue mía, sino de las monjas
Que en las clases de catecismo decían
Dios te ama, pecadora y todo
Mientras repartían decenarios de plástico
Amuleto contra los malos pensamientos.
Pero en la noche me
olvidaba de los sueños
Quería ser otra persona
Con otra lista
En la que no era importante sacar diez
Ni el cuadro de honor
Sino salir con los niños de la cuadra
A romper los vidrios de las casas vacías
A robar la fruta de Doña Simona
A saltar por los techos, con ganas
De romperme una pierna y no volver a ese colegio
Donde te pedían estar siempre alegre
Y no llorar
Porque Dios te ama
Pecadora y todo.
Quería ser otra persona
Con otra lista
En la que no era importante sacar diez
Ni el cuadro de honor
Sino salir con los niños de la cuadra
A romper los vidrios de las casas vacías
A robar la fruta de Doña Simona
A saltar por los techos, con ganas
De romperme una pierna y no volver a ese colegio
Donde te pedían estar siempre alegre
Y no llorar
Porque Dios te ama
Pecadora y todo.
A fuerza de guardar
fantasías
Me volví resistente a los rezos
Ciega a las señales
(Divinas o no)
Y conocí todas las formas del llanto
Los retruécanos del odio
Los mecanismos del rencor.
A cambio
Besé a los chicos guapos de la cuadra
Leí libros espléndidos
Escribí malos versos
Desperté en camas vacías
Loca de amor.
Me volví resistente a los rezos
Ciega a las señales
(Divinas o no)
Y conocí todas las formas del llanto
Los retruécanos del odio
Los mecanismos del rencor.
A cambio
Besé a los chicos guapos de la cuadra
Leí libros espléndidos
Escribí malos versos
Desperté en camas vacías
Loca de amor.
Siempre tuve otra
lista de sueños por cumplir
Ahora que resplandece
Roja entre las llamas
Acudo a su encuentro.
Ahora que resplandece
Roja entre las llamas
Acudo a su encuentro.
Sylvia Georgina Estrada
jueves, 5 de abril de 2018
EL DESTINO JUEGA
Porque de algún modo el mensaje se
encontró con un trasgo,
porque Londres era aún para ti un
caleidoscopio
de lugares y nombres que cualquier
sacudida podía arrebatar,
esperaste equivocada. El autobús del
Norte
llegó y se vació y yo no estaba.
Por más que insistieras y rogaras
al conductor, entre lágrimas
probablemente,
para que me fabricase o se acordara de
haberme visto,
yo me había perdido. No estaba allí,
sin más.
Las ocho de la tarde y yo perdido y en
paradero desconocido
por algún lugar de Inglaterra.
Frenaste
tu confiada inspiración
y no echaste a correr entre el
pululante
tráfico alrededor de la estación
Victoria, completamente segura
de que te toparías conmigo,
dondequiera que yo caminase.
Yo no caminaba por ningún sitió.
Estaba sentado
e imperturbado en mi asiento del tren
que se balanceaba hacia King's Cross.
Alguien,
más calmo que tú, te hizo una
sugerencia. Así es que,
cuando bajé del tren, esperando
encontrarte
en algún lugar bajo la raíz del
andén,
vi la agitación y el tumulto, una
figura
luchando contra la marea de aislados
pasajeros,
tu rostro derretido entonces,
derretidos tus ojos
y tus exclamaciones, tus brazos
agitándose,
tus lágrimas salpicando
como si yo volviese de la tumba
contra toda posibilidad, contra
cada negativa que no fuera tu oración,
la tuya,
dirigida a tus propios dioses. Supe
allí
lo que era ser un milagro. Y detrás de
ti
tu jovial taxista, riéndose, como un
pequeño dios,
al ver a una chica americana ser tan
americana,
y ver el frenético recorrido de tu
carruaje,
rogándole, sollozando y espoleándole
para que hiciera ocurrir lo que tú
necesitabas que ocurriera.
Un éxito completo, gracias a él.
Pues fue una maravilla
que mi tren no llegase antes, mucho
antes incluso,
que se detuviera, tarde, en el momento
justo
en que irrumpías tú en el andén. Fue
natural y milagroso e incluso un
presagio
confirmando todo
lo que tú buscabas confirmar. Así es
que tu enorme desesperación,
tu carrera por Londres a través del
pánico
y tu triunfo entonces, me salpicaron
como un amor cuarenta y nueve veces
aumentado,
como el primer trueno de un aguacero
que se tragará
la sequía de agosto
cuando la tierra entera quebrada parece
estremecerse
y cada hoja tiembla
y todos alzan los brazos y lloran.
Ted Hughes (traducción Luis Antonio de Villena)
jueves, 30 de marzo de 2017
No es tan fácil volver la espalda al mundo*
El chiapaneco celebra la hierba, el árbol que crece en la mano abierta de la tierra, las aguas de la infancia en las que todavía se reflejan la belleza y la esperanza. Y este festejo hace uso de palabras sencillas, las mismas que usa la gente todos los días, de ahí que Bañuelos sea un poeta leído por muchos, desde los niños de las escuelas de Tuxtla Gutiérrez, hasta los poetas que se dan cita en festivales de poesía en Medellín o Quebec.
“A través de las imágenes de la poesía se puede conocer al prójimo”, asegura Bañuelos, cuya voz pausada contrasta con sus ojos que siguen moviéndose inquietos, con la misma curiosidad que lo empujó a las letras, a los mitos del pasado, de la palabra indígena que aún hoy nutre su obra poética.
-¿Cuál fue el
germen de su vocación poética, cómo nació esta necesidad de
explicarse la vida a través de los versos?
“Chiapas es una región de muchos poetas. Ahí lo primordial es la poesía. La gente habla en metáforas y es una parte de la vida de los chiapanecos. Nosotros comenzamos desde muy niños, los maestros nos inician en decir los poemas en voz alta para compartirlos con la familia, en las reuniones hogareñas. Uno lo ve muy natura,l y los que vamos a seguir escribiendo poesía pues escogemos una carrera.
“Yo elegí Derecho y Ciencias Políticas y Sociales, luego Filosofía y Letras, me eché tres carreritas, pero la mera verdad terminé trabajando en la edición, fui asesor de la editorial Novaro.
“Seguí escribiendo, me buscaban para publicar, de tal manera que yo vi aquello muy natural, me pedían poemas para revistas, para editoriales y lo vi completamente lógico en mi vida y así he seguido escribiendo. Luego fui conocido en otros países, viajo mucho. Mi vida se tradujo en una manera de ver la vida a través de las metáforas.”
-Cuando Juan Gelman
se refirió a su obra escribió que “las palabras son hijas de la
vida”. Con esta idea en mente ¿Cómo ha sido su recorrido por las
letras, la escritura? ¿Cómo ha sido esta vida literaria que le ha
tocado experimentar en 80 años?
“La edad de las personas no me interesa tanto, sino la manera en que hayan concebido la vida, la idea que tengan de la vida. Puedes ser un muchacho de 25 años, o un hombre de 75 u 80 años, lo que importa es lo que hayas asimilado de la vida, y esa es la proyección que va a tener para la familia, o si eres un maestro para los alumnos. Creo que así todo se ve muy natural. Yo he tenido la oportunidad de tener buenos grupos, buenos alumnos y sobre todo una cosa espléndida, que ha sido viajar mucho.
“Usted debe pensar, '¿pues cuánto dinero tendrá este escritor? Pero no, son invitaciones que me llegan gracias a que el nombre de uno va circulando en los medios intelectuales y se llega a ser conocido. Para mí ha sido natural, no es una cuestión de vanidad.”
-¿Cómo describiría
su obra poética, cuáles temas le han interesado a lo largo de los
años?
“El aspecto de la familia, de los hijos, de la esposa. Llo más cercano que uno tiene en la provincia es la familia. Los primeros poemas van dedicados para ellos.
“Y ya va uno extendiéndose en la comunidad, en los ámbitos que hay en los pueblitos y comienza a circular la verdad poética de uno. De pronto en una escuela te invitan y los niños recitan tus poemas para recibirte.
“En mi caso ha sido mucha naturalidad tanto en la poesía como en la forma de vivir.”
-Hay poemas suyos
que recuerdan a Chiapas, pero también tiene poemas muy íntimos, que
conectan pronto con el lector...
“Yo sigo la manera
de hablar de las personas. Hay poetas que de pronto escriben con
mucha naturalidad y de pronto se creen que son grandes, que pueden
innovar la poesía, hacer poemas difíciles y la gente de a pie no
los entiende.
“Yo creo que la naturalidad de la poesía es escribir con las metáforas, con las imágenes que escuchamos del pueblo. Entonces el pueblo lo asimila y lo hace suyo, al rato ya ni se acuerdan ni quién es el autor de ese poema, lo hacen propio, lo hacen de la familia. Eso es muy bonito.”
-Usted convivió con
Rosario Castellanos, Octavio Paz y muchas de las voces que marcaron
la poesía mexicana del siglo 20 ¿Ahora, cómo ve a los nuevos
poetas nacionales?
“Los jóvenes están trabajando bien, los grupos de poetas en la Ciudad de México, en la provincia, en el norte ya no se diga.
“Creo que la poesía nos da la oportunidad de identificarnos, y hay una parte muy bonita, que a través de la poesía la gente se hace buena, la poesía detiene a muchas personas, evita actos de maldad.
“La poesía forma parte también de la humildad que uno debe tener con los demás.”
-Juan Gelman
sostenía que él debía esperar a la poesía, la inspiración para
escribir algunos versos, y de ahí ya se ponía a trabajar en el
texto ¿Cómo es su trabajo al momento de escribir un poema?
“Lo que usted dijo es muy cierto. La poesía llega sola, uno no puede andar a la búsqueda de las imágenes, como en la prosa, en el cuento o la novela, si no que la poesía llega sola.
“A uno las imágenes lo ganan, lo estructuran, lo cambian, y sacan la parte noble que se tiene y que el lector o el que escucha el poema lo asimila y lo hace suyo.”
-¿Sigue trabajando,
escribiendo...?
“No tengo otra. No tengo otra más que escribir poesía, no todos los días, pero sí por etapas. La poesía nos ayuda a encontrarnos a nosotros mismos, y así encontramos la realidad con la familia, con los amigos. Uno ve la vida de manera diferente, y sobre todo con un aspecto de bondad, que es de los aspectos más hermosos que tiene la poesía.
“En los pueblos
donde abunda la gente que escribe, que lee poesía, la gente no es
mala, tiene una gran nobleza y eso lo puede ver en los pueblitos del
país. La gente cuando hace una reunión, cuando tiene más de una
copita encima, termina con la poesía, hacen poemas, los improvisan.
A través de las imágenes de la poesía se puede conocer al prójimo,
y conocer al prójimo es conocer un pueblo.”
*Este texto forma parte del libro La Casa Abierta, Conversaciones con 25 Poetas (Secretaría de Cultura de Coahuila, 2016)
viernes, 17 de marzo de 2017
Derek Walcott: Poesía y Caribe
Una vieja crónica de la visita del poeta Derek Walcott a Monterrey, en noviembre de 2007, con motivo del Fórum Internacional de las Culturas. --
Es en
un antiguo almacén, que hoy se transforma en un recinto pequeño y
acogedor, en donde se escucha la voz impregnada de sol, de oleajes
infinitos, de hombres y mujeres que cargan en el pecho el canto
africano primigenio. Es en el Museo del Vidrio donde resuena la voz
grave del poeta Derek Walcott.
El
Caribe se hace presente en la clausura del ciclo “Los Poetas en el
Fórum” cuando Walcott ofrece a los asistentes sus raíces
antillanas, ricas en mezcla, en calidez y desenfado.
El
escenario no podía ser mejor para este alquimista de la lengua
inglesa, justo al lado del recinto están los hornos, en donde
todavía resuena el antaño crujir del fuego, forjador del vidrio.
Pero aquí Walcott forja algo igual de hermoso y frágil, son los
versos los creadores de imágenes sinuosas y maleables que, al igual
que el vidrio que se exhibe en las galerías, se transforman en
objetos caprichosos cuajados de aristas y recovecos, de asombro y
fantasía, de rincones fríos, oscuros e íntimos.
Después
de las presentaciones de rigor, de la semblanza emotiva realizada por
la escritora Jeannette Lozano,
el poeta repasa los textos que fabricó a la orilla del Caribe, con
sabor a sal y puerto e impregnados del vaivén de ese mar que lame
tierno las playas de Santa Lucía, en donde Walcott abrió sus ojos
al mundo hecho de arena clara, de versos y teatro, de ritmo Caribe.
El
escritor se levanta y camina lento hacia el podio, pero el vigor aún
acompasa el andar de este hombre de 77 años. El aura de Premio Nobel
de Literatura pasa a un plano secundario cuando dice en un inglés
claro y grave, con una chispa de picardía en la mirada: “Voy a
leer ‘Omeros’, que es un largo poema de 300 y pico de páginas…
voy a leerlo todo, si les gusta la poesía seguro se quedarán y
quien lo necesite puede ir al baño”.
El
público ríe feliz y Walcott declara que aunque no tiene muchas
conexiones con la poesía en español y que existen pocas
traducciones de su obra, considera un placer compartir los fragmentos
de una historia que, como en la “Iliada”, comienza con la
rivalidad por el amor de una mujer.
“Vivimos
siempre en exilio por la historia y la conquista. Los que vivimos en
el ‘Nuevo Mundo’ tenemos que ir a nuestro pasado, a nuestro
origen, para algunos es España, para otros es África”, dice antes
de sumergirse en la lectura de su poema épico “Omeros”.
Los
cerca de 100 asistentes se hunden en el testimonio de Omeros, este
contador de historias que evoca el nombre de Homero y quien narra a
través de una suntuosa invención verbal la historia de Aquiles, el
héroe, el pescador antillano, el amante de Helena, quien es devuelto
a la tierra de sus antepasados, en la costa occidental de África.
“El
peor crimen es dejar a un hombre con las manos vacías. / Los hombres
nacieron creadores, con ese candor originario / de cada creador desde
Adán”, lee Walcott ante el azoro de una audiencia que lucha por
atrapar esa épica que se esconde en cada verso, que remite a Troya,
a los dioses y las grandes batallas.
El
poeta transforma en versos el trópico infinito, la pérdida de la
libertad y del terruño, el crepúsculo que muere ámbar en el mar;
el amor que siente Aquiles por Helena, una negra criada antillana de
belleza dolorosa y punzante, poseedora de un rostro en que los dioses
“consagran toda la belleza de una raza”.
“Sin
embargo, sentían que el viento de la mar los enlazaba en una sola /
nación de ojos y sombras y lamentos fundidos. / En el único dolor
que es inconsolable: la pérdida de la costa propia”, relata
Walcott sobre la guerra perdida de estos pescadores, de estos hombres
“que lloraban por las cosas pequeñas, tras hacerlo por las
grandes”, que veían como su mundo se conmovía y empezaba a
disolverse.
Las
manos de Walcott tiemblan al ritmo pausado de su voz grave que canta
este himno del Caribe, de la tierra que recibe el golpe de los
asteriscos de lluvia, que ve partir a Héctor para sumergirse en su
tumba marina, que acoge a un Aquiles triunfal, con las manos
enguantadas de sangre y con las redes repletas de pescado.
“Canté
a nuestro vasto país, la mar Caribe. / Que odiaba los zapatos, cuyas
suelas tenían grietas como una piedra, que era pausado con las
amarras, que nada más tenía un traje, // a quien ningún hombre
osaba insultar y que a nadie insultaba, de sonrisa abierta como la
cresta de una ola que rompe, pero cuyo ceño era creciente masa de
nubes”.
Walcott
le canta al discreto Aquiles, hijo de Afolabe, y a un lenguaje que
contiene su propio remedio a la aflicción brillante que embarga el
alma caribeña.
El
poeta lee los últimos versos de esta odisea antillana, y los
asistentes se despiden de Helena, de Aquiles, de los montes
cambiantes de las olas, de las guirnaldas de algas, de las
golondrinas negras que dejan un mal presagio en el corazón.
“La
luna llena brillaba como una rodaja de cebolla cruda. Cuando dejó la
playa, la mar aún seguía siendo ella misma”, finaliza Walcott.
Quienes escuchan la desmesura, el color, el gozo de este maestro de
la lengua inglesa con sabor caribe, no son más ellos mismos. La
rabiosa reflexión poética de Derek Walcott transmite la alegría
vital que late en cada fragmento revelador de una escritura que le
pertenece a todos.
Con
sonrisas, abrazos y firmas, el escritor se despide con el mismo
candor con el que recibió el Premio Nobel en 1992, mientras hordas
de fotógrafos lo perseguían hasta un Donkin Donuts en donde alzó
los pulgares triunfante, señalando la buena calidad de las donas,
aunque el mundo entendiera otra cosa cuando miró el rostro de ébano
luminoso que sonreía franco a la lente.
Este
hombre que acudió a Granada y le rindió homenaje a Federico García
Lorca, que publicó su primer libro a los 18 años, se despide de las
montañas regias, pero antes deja el testimonio de un alma que
privilegia la intuición sobre la razón, que tiene fe en el hombre,
en sus proezas y en el amor que se forja con arena, espuma y palabras.
viernes, 11 de diciembre de 2015
Nuevo manual de poesía
Para Greg Orr y Greg Simon
tendrá problemas.
2. Si un hombre vive con un poema,
morirá solitario.
3. Si un hombre vive con dos poemas,
le será infiel a uno.
4. Si un hombre concibe un poema,
tendrá un hijo menos.
5. Si un hombre concibe dos poemas
tendrá dos hijos menos.
6. Si un hombre lleva una corona
mientras escribe,
lo van a descubrir.
7. Si un hombre no lleva corona
mientras escribe,
sólo se engañará a sí mismo.
8. Si un hombre se enfada con un poema,
será despreciado por otros hombres.
9 Si un hombre continúa enfadado con
un poema,
será despreciado por las mujeres.
10 Si un hombre denuncia públicamente
a la poesía,
sus zapatos se llenarán de orines.
11 Si un hombre deja la poesía por el
poder,
tendrá muchísimo poder.
12 Si un hombre alardea de su poesía,
será amado por los tontos.
13. Si un hombre alardea de su poesía
y ama a los tontos,
no escribirá más.
14. Si un hombre reclama atención por
sus poemas,
será como un burro en un claro de
luna
15. Si un hombre escribe un poema y
elogia el poema,
de un amigo
tendrá una amante hermosa.
16. Si un hombre escribe un poema y
elogia demasiado el poema de
un amigo,
va a espantar a su amante.
17. Si un hombre reclama el poema de
otro,
su corazón será dos veces más
grande.
18. Si un hombre deja que sus poemas
vayan desnudos,
le tendrá miedo a la muerte.
19 Si un hombre le teme a la muerte,
será salvado por sus poemas.
20 Si un hombre no le teme a la muerte,
puede que lo salven o no sus poemas.
21. Si un hombre termina un poema,
se bañará en la estela hueca de su
pasión
y será besado por el papel blanco.
Mark Strand
(Traducción de Juan Carlos Galeano)
jueves, 10 de diciembre de 2015
Nómada
Estoy seguro aunque lo dude a veces
Partidas que no fueron abandonos
Jornadas sin reproches
No dejes pues viajero
Que vayan a encogerse ahora tus
pulmones
Haber vivido siempre en casa ajena
No ser nativo de algún sitio avaro
Te hace nostálgico de cada pasado dado
Pero a la vez es porque para ti
Cualquier camino es siempre tu camino
nativo
Tomás Segovia
martes, 27 de octubre de 2015
Aprensiones
Escribir fue también tu miedo,
a veces tu terror a que todos
los regalos de boda, tus sueños, tu marido,
todo te lo quitaran
los trasgos del terror. Tu máquina de escribir
te la arrebatarían. Tu máquina de coser. Tus niños.
Te lo quitarían todo.
a veces tu terror a que todos
los regalos de boda, tus sueños, tu marido,
todo te lo quitaran
los trasgos del terror. Tu máquina de escribir
te la arrebatarían. Tu máquina de coser. Tus niños.
Te lo quitarían todo.
El miedo tenía el color de la
superficie del escritorio.
Casi conocías sus facciones.
Aquella veta era como su piel, podías
acariciarla.
Podías saborearlo en tu lechoso café.
Hacía un ruido similar al de tu
máquina de escribir.
Se escondía en los mismos amuletos.
La sirena de terracota en la repisa de
la chimenea.
La cazuela de cobre para la fondue. Tus
sábanas. Tus cortinas.
Se escondía en tu pluma Shaeffer.
Ese era tu lugar favorito. Cuando
escribías
solías detenerte a media palabra,
y la examinabas más cerca, negra,
gruesa
entre tus dedos-
El creciente terror que en cualquier
momento
estallaría de repente y te arrebataría
a tu marido, a tus niños, tu cuerpo,
tu vida.
Podías verlo, allí mismo, en tu
pluma.
Alguien te la quitó también.
Ted Hughes
(Traducción Luis Antonio de Villena)
miércoles, 7 de octubre de 2015
El tiempo
que ello sucedió.
Que no hay, que no está, estuvo y ya
no está.
¡Está muerto, muerto! Y no
resucitará.
No aparecerá con displicencia.
No sorprenderá retornando
imprevistamente.
adentro y afuera.
Tiempo de morir todo el tiempo.
Tiempo de que todo sea piedra
grande, gris, sospechosa, conspiradora.
Tiempo de ser ciego a las diferencias
entre los matices de rosa,
tiempo de ser sordo al aullido del
gatito callejero
y al grito del pichón de cuervo
desmayado.
Tiempo de decidir sobrevivir.
Con los dientes. Con las uñas.
Tiempo del grito acallado. Tiempo de
sangre.
¿Cuánto, un año? ¿Diez? ¿Cien?
¿Mil?
A mí me llevó treinta.
La segunda vez sólo diez.
Después comencé a vivir,
a amar, a escuchar.
Hamutal Bar-Yosef
(Traducción Mario Wainstein y Florinda E. Goldberg)
(Traducción Mario Wainstein y Florinda E. Goldberg)
martes, 15 de septiembre de 2015
Fábula de cómo amar
Hay quienes creen poder hacer no
importa qué
porque en todo caso son amados.
Hay quienes creen poder hacer no
importa qué
porque en todo caso aman.
Hay quienes piensan que deben poner
cuidado
en todos sus actos justamente porque
aman.
Hay quienes piensan que deben poner
cuidado
en todos sus actos justamente porque
son amados.
Hay para quienes el amor está en el
límite del
odio.
Hay para quienes el amor está en el
límite del
afecto.
Pero hay también quienes confunden el
amor
con el afecto y no comprenden que
otros, en respuesta, confunden el amor con el odio.
Hay quienes aman como el conejo
extraviado
en el camino y atrapado en la trampa de
los faros.
Hay quienes aman como el león, que
saquea
aquello que ama.
Hay quienes aman como el piloto ama el
poblado
sobre el que deja caer sus bombas.
Hay quienes aman como el radar que
dirige los
vuelos áereos.
Hay quienes aman apaciblemente como la
cabra
que se deja mamar por el niño
hambriento.
Hay quienes aman ciegamente como la
amiba
que se traga al otro en su
inconsistencia.
Hay quienes aman demencialmente como
las
palomillas aman la llama.
Hay quienes aman sabiamente como el
oso
ama dormir en invierno.
Hay quienes se aman a sí mismos en el
otro,
como hay quienes aman en ellos mismos a
ese
otro en quien se convertirán por él.
György Somlyó
(versión de Francisco Segovia)
(versión de Francisco Segovia)
sábado, 8 de agosto de 2015
Desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo...
desde hace mucho mi corazón ha estado
con el tuyo
cercado en el enredo de tus brazos hasta
una
oscuridad donde nuevas lucen nacen y crecen, cercado en el enredo de tus brazos hasta
hace tiempo tu ánimo ha entrado en
mi beso como un extranjero
en las calles y colores de una ciudad-
que tal vez he olvidado
cómo, siempre (con
qué apresurada crudeza
de sangre y carne) Amor
acuña Su más gradual gesto,
y aguza vida a eternidad
-después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos
repletos de memorias bien colmadas
e.e. cummings
(versión de Alfonso Canales)
jueves, 6 de agosto de 2015
La vida me carga en el aire como un gigantesco buitre
La verdad de los dioses
no proviene de la nada
sino del deseo estruendoso del corazón
sino del deseo estruendoso del corazón
partido por el amor
en su estampida por el rostro de un
adolescente
con su furia delicada
cruzo avenidas insomnes y corrídas
por la lluvia
mi mano alcanza mi dolor
presente
y me preparo para un día duro
amargo y pegajoso
la tarde desploma su azul sobre
los tejados del mundo
no viniste a nuestra cita y muero
un poco y me encuentro solo
en una ciudad de muros
tal vez no sepas del ritual
del amor como una fuente
el agua que corre no correrá
jamás la misma hasta el poniente
jamás la misma hasta el poniente
mi dolor es un ángel herido
de muerte
eres un pequeño dios verde
y riguroso
horarios de muerte ciudades cementerios
la muerte es la orden del día
la noche viene a raptar lo que
sobra de un sollozo.
Roberto Piva
(versión de Rodolfo Mata)
(versión de Rodolfo Mata)
jueves, 18 de junio de 2015
Canción
Agita un pañuelo blancoel que se despide.
Cada día acaba algo,
acaba algo muy hermoso.
La paloma mensajera bate el aire con las alas,
de vuelta a casa.
Con esperanza y sin esperanza
siempre volvemos a casa.
Sécate las lágrimas
y sonríe con los ojos llorosos,
cada día empieza algo,
empieza algo muy hermoso.
Jaroslav Seifert
(versión de Clara Janés)
(versión de Clara Janés)
viernes, 27 de marzo de 2015
Dos poemas de Tranströmer
Kyrie
A veces, mi vida abría los ojos en la
oscuridad.
Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,
que pasan por las calles camino de un milagro,
mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.
Como el niño que se duerme con miedo
escuchando los pasos pesados del corazón.
Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en la cerradura
y se abren las puertas de la oscuridad.
Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,
que pasan por las calles camino de un milagro,
mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.
Como el niño que se duerme con miedo
escuchando los pasos pesados del corazón.
Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en la cerradura
y se abren las puertas de la oscuridad.
Visión de la memoria
Una mañana de junio, demasiado
temprano
para despertar, pero tarde para volver a dormirse.
Tengo que salir al verdor que está lleno
de recuerdos, y ellos me siguen con la mirada.
No se ven, se funden totalmente
con el fondo, camaleones perfectos.
Estoy a un paso de oírlos respirar
pero el canto del pájaro ensordece.
para despertar, pero tarde para volver a dormirse.
Tengo que salir al verdor que está lleno
de recuerdos, y ellos me siguen con la mirada.
No se ven, se funden totalmente
con el fondo, camaleones perfectos.
Estoy a un paso de oírlos respirar
pero el canto del pájaro ensordece.
Tomas Tranströmer
(versión de Roberto Mascaró)
martes, 9 de septiembre de 2014
Adonde quiera que vayamos
Adondequiera que vayamos siempre
llegamos demasiado tarde
a aquello que una vez salimos a buscar.
Y en cualquier ciudad en que nos quedamos
están las casas a las que es demasiado tarde para volver
los jardines en los que es demasiado tarde para pasar una noche de luna
y las mujeres a las que es demasiado tarde para amar
lo que nos tortura con su intangible presencia.
Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer
nos llevan más allá de los jardines floridos que andamos buscando
y que difunden por toda la vecindad sus pesadas fragancias.
Y cualesquiera que sean las casas a las que volvemos
llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos.
Y cualesquiera que sean los ríos en que nos reflejamos
no nos vemos hasta que les hemos dado la espalda.
a aquello que una vez salimos a buscar.
Y en cualquier ciudad en que nos quedamos
están las casas a las que es demasiado tarde para volver
los jardines en los que es demasiado tarde para pasar una noche de luna
y las mujeres a las que es demasiado tarde para amar
lo que nos tortura con su intangible presencia.
Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer
nos llevan más allá de los jardines floridos que andamos buscando
y que difunden por toda la vecindad sus pesadas fragancias.
Y cualesquiera que sean las casas a las que volvemos
llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos.
Y cualesquiera que sean los ríos en que nos reflejamos
no nos vemos hasta que les hemos dado la espalda.
Henrik Nordbrandt (versión de Francisco Uriz)
miércoles, 6 de agosto de 2014
Si muero pronto
Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.
Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.
Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.
Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.
Me consolé en el sol y en la lluvia.
Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.
Alberto Caeiro
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.
Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.
Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.
Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.
Me consolé en el sol y en la lluvia.
Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.
Alberto Caeiro
Versión de Octavio Paz
sábado, 3 de mayo de 2014
TARJETA DIURNA
Afligido
estoy y abatido en extremo; la fuerza de los gemidos de mi corazón
me hace prorrumpir en alaridos.
Salmo
XXXVII
Sálvame,
Dios mío, de mis enemigos, líbrame de los que me asaltan. Sácame
del poder de los que obran inicuamente y libértame de esos hombres
sedientos de sangre.
Salmo
LVIII
Dame voz, oh Señor,
para entonar mi plegaria
obséquiame noches
de sueños cortos
que huyan de la
memoria al despuntar el alba.
Permite, Señor, que
pueda despedirme de los míos
y que sus voces sean
escuchadas por tu oído omnipresente
que sientan alivio
en medio de su soledad forzosa
que una vaga
esperanza reconforte sus espíritus
con un rayo de sol
que se cuele por la ventana
con la memoria de
días llenos de sonrisas y abrazos.
No consientas que mi
estirpe sea borrada
deja que mis muertos
conserven sus nombres
que el suelo árido
no carcoma sus huesos olvidados.
Concédeme la gracia
de besar sus párpados inmóviles
de ahogar en rabia
los lamentos.
Ten, Señor,
misericordia de mí, que estoy sin fuerzas
¿Hasta cuándo
mostrarás tu cólera? Ya nadie se acuerda de ti
ni del infierno que
se multiplica en las calles
en la nota roja de
los periódicos, en los murmullos de los funerales
aunque tu nombre
sigue resonando en las bocas torcidas de las víctimas.
Por eso levántate,
oh Señor Dios, no olvides a los sufrientes
quebranta el brazo
de opresores y malignos.
Libéranos con tu
encono poderoso
venga la sangre de
tus siervos.
Canto tu himno, oh
Señor, para alejar tanto infortunio
para hallar
resignación
ante las cruces que
se reproducen en la tierra.
Para que la
confusión y la vergüenza
invadan el corazón
del enemigo.
Ya no encuentro la
salida entre tanta oscuridad
ando todo el día
cubierto de tristezas.
No te pido consuelo,
oh Señor, te pido revancha
lágrimas que jamás
se sequen
furia que no se
agote
y una pluma veloz
que no descanse.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Miércoles de ceniza
I
Porque no espero volver
Porque no espero
Porque espero volver
Deseoso del don de éste y de la visión de aquél
Ya no me esfuerzo más por esforzarme por cosas semejantes
(¿Por qué debiera desplegar las alas el águila ya vieja?)
¿Por qué debiera lamentarme yo
Por el poder perdido del reino acostumbrado?
Porque espero volver
Deseoso del don de éste y de la visión de aquél
Ya no me esfuerzo más por esforzarme por cosas semejantes
(¿Por qué debiera desplegar las alas el águila ya vieja?)
¿Por qué debiera lamentarme yo
Por el poder perdido del reino acostumbrado?
Porque no espero conocer jamás
La endeble gloria de la hora positiva,
Porque pienso que no
Porque conozco que no he de conocer
El único real de los poderes transitorios
Porque no he de beber
Allí, donde los árboles florecen, y los manantiales fluyen, pues –de nuevo– no hay nada
Porque yo sé que el tiempo es siempre tiempo
Y que el espacio es siempre sólo espacio
Y que es actual lo actual sólo en un tiempo
Y sólo en un espacio
Me alegra que las cosas sean tal como son y
Renuncio al rostro bienaventurado
Y renuncio a la voz
Porque no he de esperar ya retornar jamás
Me alegro en consecuencia, al tener que construir algo
De qué alegrarme.
Y ruego a Dios se apiade de nosotros
Y le ruego que yo pueda olvidarme
De aquellas cosas que conmigo mismo discuto demasiado
Explico demasiado
Porque no espero retornar jamás
Deja que estas palabras respondan
Por lo que se ha hecho, para no volver a hacerse
Que el juicio no nos sea demasiado gravoso
Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino sólo abanicos que baten en el aire
El aire que ahora es terriblemente angosto y seco
Más angosto y más seco que la voluntad
Enséñanos a preocuparnos y no preocuparnos
Enséñanos a quedarnos sentados quietos.
Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de
La endeble gloria de la hora positiva,
Porque pienso que no
Porque conozco que no he de conocer
El único real de los poderes transitorios
Porque no he de beber
Allí, donde los árboles florecen, y los manantiales fluyen, pues –de nuevo– no hay nada
Porque yo sé que el tiempo es siempre tiempo
Y que el espacio es siempre sólo espacio
Y que es actual lo actual sólo en un tiempo
Y sólo en un espacio
Me alegra que las cosas sean tal como son y
Renuncio al rostro bienaventurado
Y renuncio a la voz
Porque no he de esperar ya retornar jamás
Me alegro en consecuencia, al tener que construir algo
De qué alegrarme.
Y ruego a Dios se apiade de nosotros
Y le ruego que yo pueda olvidarme
De aquellas cosas que conmigo mismo discuto demasiado
Explico demasiado
Porque no espero retornar jamás
Deja que estas palabras respondan
Por lo que se ha hecho, para no volver a hacerse
Que el juicio no nos sea demasiado gravoso
Porque estas alas ya no son alas para volar
Sino sólo abanicos que baten en el aire
El aire que ahora es terriblemente angosto y seco
Más angosto y más seco que la voluntad
Enséñanos a preocuparnos y no preocuparnos
Enséñanos a quedarnos sentados quietos.
Ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de
nuestra muerte
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.
Ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.
T.S. Eliot (Traducción de Ezequiel Zaidenwerg)
domingo, 23 de febrero de 2014
Poesía en la mesa de cocina
Escribir es quizá el único arte en el que hay muchas mujeres de primera
categoría”, afirmaba Susan Sontag. Durante las últimas semanas he tenido
la oportunidad de descubrir a tres autoras que calzan a la perfección
en la descripción de la intelectual norteamericana: María Polydouri,
Julia Hartwig y Hamutal Bar-Yosef.¿Qué tienen en común estas mujeres? Todas nacieron en el siglo 20; cuentan con una voz poética fuerte y directa que además habla del espíritu femenino ―el amor, la ternura, la maternidad, la cocina, la niñez― aunque sin una inclinación excesiva hacia escritos netamente de género; y forman parte del maravilloso trabajo de traducción de la editorial regiomontana-española Vaso Roto. Y para seguir esta línea de ideas, hay que apuntar que esta casa editora nació por la iniciativa de otra mujer escritora: Jeannette Clariond.
Ya he tenido oportunidad de escribir sobre la obra de María Polydouri (Grecia, 1902-1930), cuyo libro Los Trinos que se Extinguen es traducido al castellano por primera vez por el poeta Manuel Macías.
Esta obra forma parte del breve, pero valioso legado de Polydouri, en donde la escritora trata temas como la muerte, la enfermedad, el amor, el deseo, la soledad, el tiempo breve de los hombres:
Ni aquí siquiera, en esta tierra extraña donde me ha arrojado,
volteándome, la ola de la desventura,
pude encontrar la paz sepulcral de los naufragios.
Por más que la negra sed agite mis entrañas,
aunque mi voz se ahogue gimiendo de dolor,
siempre seré la víctima con que juegan los sueños.
Guardar en la memoria
“Escribir representa mi salvación. Y, no obstante, no escribo para
salvarme”, sostiene Julia Hartwig (Polonia, 1921), cuya obra llega por
primera vez a los lectores en lengua española gracias a Dualidad.
Antología Poética, una edición bilingüe de Antonio Benítez Burraco y
Anna Sorieska.Hartwig ve el mundo a través de un prisma que nos hace reflexionar sobre el tiempo, la fugacidad de la existencia, la soledad, el dolor que radica en la belleza que penetra la carne como hoja de cuchillo, pues lo que nos rodea es “claro, poco claro”, como sostiene uno de sus poemas. Sin embargo, es ahí donde reside la fuerza de la literatura, de la música, de la pintura, que nos dan la oportunidad de volvernos inmortales, un tema con el que la autor
a está plenamente identificad, pues pertenece a una familia de artistas:
El arte es conjurar la existencia
para que perdure
aunque su ámbito se extienda hasta lo invisible.
El poder de la memoria y de encontrar el equilibrio en una vida contradictoria, que a veces carece de sentido, también se descubre en la obra de la Hartwig:
Experimentó la soledad y la melancolía
Como si sólo ella existiera
a pesar de saberse una entre muchos
Le fue dado conocer el amor
y que sus ojos se abrieran a las maravillas del mundo
La consumía el enigma de la partida.
La poeta invita a darnos una pausa en medio del trajín de la vida contemporánea, a detenernos y contemplar nuestros dones, aunque estén envueltos con espinas:
Y cuando caminando entres en los cielos
No olvides que el corazón precisa
Un poco de tierra de la que brote una flor
Y algo de amargura, en pago por el tiempo,
Por todo cuanto no ha de cumplirse.
De cara a la noche
No hace falta explicar nada. O conoces el lugar donde duele o no lo
conoces, sentencia el poema de Hamutal Bar-Yosef (Tel Yosef, 1940) que
da título a la antología que recoge cuatro décadas de obra poética de la
escritora israelí.El año pasado Israel fue el invitado de honor de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, y en ese marco la editorial Vaso Roto publicó esta edición bilingüe que contiene textos de los libros Tiempo, Que sus labios, Mesa de cocina, El lugar donde duele, Contra la oscuridad y A los lectores.
Nacida en un kibbutz, Hamutal vivió una etapa en la que, después del nacimiento del estado de Israel, se recuperó la lengua hebrea, lo que dio vida a una creación literaria muy particular. Así, en la obra de la escritora hay varias referencias al momento histórico que le tocó presenciar:
Tendremos un Estado: este sereto
se lo reveló a mis padres el extraño que hablaba por la radio,
un hombre intimidante y sabelotodo que gemía plegarias durante el Shabat.
En la obra de Hamutal hay una fuerte voz femenina, que se traduce en versos alusivos a la maternidad, la comida, al tiempo que se pasa junto a la mesa de cocina, rebanando vegetales, preparando guisos.
También yo veo las grietas/ sobre la pesada mesa de la cocina,
más vieja que nueva.
También yo veo sus gruesas patas.
Coge el cuchillo/ corta el pan.
Sin embargo, también encontramos en los textos de Hamutal una visión cruenta sobre el mundo, sobre la fragilidad, sobre el delicado equilibrio cotidiano sazonado con nostalgias, con la memoria del daño y el dolor. La poeta nos hace consciente de esas áreas donde la sombra gana espacio de una manera inquietante.
Esta es nuestra primavera,
arroja montones de ropa al suelo,
sopla nubes de polvo y pájaros migratorios,
muerde subrepticiamente en carne viva,
cierra de un portazo y desaparece.
La ironía, la esperanza que tiende su mano para luego esconderla, juguetona, también forma parte de algunos de los poemas de la autora, y aunque, como sostiene uno de sus versos, El poema se ofende cuando lo traducen, el trabajo de Mario Wainstein y Florinda E. Goldberg permiten al lector disfrutar de textos muy musicales, reminiscencias del original en hebreo:
Nombres y más nombres multiplicados, triturados, melodiosos
quien los pronuncia relincha como un caballo que llora en sueños.
En El lugar donde duele nos topamos con una poesía honesta, cercana, que vuelve al lector partícipe de los miedos, los desafíos, las alegrías, las pérdidas y los sueños de su autora. Versos, que también nos confrontan con aquello que yace aletargado en nuestra alma, y que despierta para increparnos:
¿Cuánto? ¿Un año? ¿Diez? ¿Cien? ¿Mil?
A mí me llevó treinta.
La segunda vez sólo diez.
Después comencé a vivir,
a amar, a escuchar.
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