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miércoles, 6 de agosto de 2014

Si muero pronto

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.

Alberto Caeiro

Versión de Octavio Paz

sábado, 3 de mayo de 2014

TARJETA DIURNA



Afligido estoy y abatido en extremo; la fuerza de los gemidos de mi corazón me hace prorrumpir en alaridos.
Salmo XXXVII

Sálvame, Dios mío, de mis enemigos, líbrame de los que me asaltan. Sácame del poder de los que obran inicuamente y libértame de esos hombres sedientos de sangre.
Salmo LVIII

Dame voz, oh Señor, para entonar mi plegaria
obséquiame noches de sueños cortos
que huyan de la memoria al despuntar el alba.
Permite, Señor, que pueda despedirme de los míos
y que sus voces sean escuchadas por tu oído omnipresente
que sientan alivio en medio de su soledad forzosa
que una vaga esperanza reconforte sus espíritus
con un rayo de sol que se cuele por la ventana
con la memoria de días llenos de sonrisas y abrazos.

No consientas que mi estirpe sea borrada
deja que mis muertos conserven sus nombres
que el suelo árido no carcoma sus huesos olvidados.
Concédeme la gracia de besar sus párpados inmóviles
de ahogar en rabia los lamentos.

Ten, Señor, misericordia de mí, que estoy sin fuerzas
¿Hasta cuándo mostrarás tu cólera? Ya nadie se acuerda de ti
ni del infierno que se multiplica en las calles
en la nota roja de los periódicos, en los murmullos de los funerales
aunque tu nombre sigue resonando en las bocas torcidas de las víctimas.
Por eso levántate, oh Señor Dios, no olvides a los sufrientes
quebranta el brazo de opresores y malignos.
Libéranos con tu encono poderoso
venga la sangre de tus siervos.

Canto tu himno, oh Señor, para alejar tanto infortunio
para hallar resignación
ante las cruces que se reproducen en la tierra.
Para que la confusión y la vergüenza
invadan el corazón del enemigo.
Ya no encuentro la salida entre tanta oscuridad
ando todo el día cubierto de tristezas.

No te pido consuelo, oh Señor, te pido revancha
lágrimas que jamás se sequen
furia que no se agote
y una pluma veloz que no descanse.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Poema de Navidad


Para eso fuimos hechos
Para recordar y ser recordados
Para llorar y hacer llorar
Para enterrar a nuestros muertos
Por eso tenemos largos brazos para los adioses
Manos para coger lo que nos fue dado
Dedos para cavar la tierra.


Así será nuestra vida:
Una tarde siempre para olvidar,
Una estrella apagándose en la oscuridad
Un camino entre dos sepulturas
Por eso necesitamos velar
Hablar bajo, pisar leve, ver
La  noche dormir en silencio.


No hay mucho que decir:
Una canción sobre una cuna
Un verso, quizá, de amor
Una oración para quien se va
Pero que no olvide esa hora
Y que por ella nuestros corazones
Se abandonen, graves y simples.

Vinicius de Moraes (traducción de José Javier Villarreal)

viernes, 29 de marzo de 2013

El primer coro de la roca


Se cíerne el águila en la cumbre del cielo,
El cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
Trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
Conocimiento del habla, pero no del silencio;
Conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
Toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

T.S. Eliot
(Traducción: Jorge Luis Borges)