Como no soy honesta en persona
Busco ser honesta en la poesía.
Si hablo contigo, mirándote a los
ojos,
Miento porque no tolero
Evidenciar la verdad.
Decir toda la verdad
sería como quedar desnuda.
Perdería mis más preciados bienes:
distancia, silencio, intimidad.
Quedaría expuesta. Y me poseerías.
Equivaldría a una total rendición
(a ti, mirándote a los ojos).
Me mirarías detenidamente.
Me tendrías en tus manos.
Todos tus ojos se me echarían encima.
De ahí en adelante me vestirían
Tus punzantes, lascivas, deseosas
abejas.
Que seas uno o dos o muchos
da igual. Siento como si, en realidad,
un par de ojos fuera el enjambre
entero.
Así que miento (mirando tus ojos)
dejando sin voz la esencia de las cosas
o bien mostrándome como una copia
y no lo que soy.
Uno debe ser honesto en algún
lugar.
Quiero serlo en la poesía.
Con la palabra
escrita.
Donde pueda escribir y tachar
y volver a decir y decir
con rodeos
y decir por encima de y decir entre líneas
y decir
en símbolos, en enigmas,
en doble sentido, bajo las máscaras
de
cada rasgo, en la piel
de toda criatura.
Y en mi propia piel,
desnuda.
De hecho me siento feliz de anhelar
desnudarme en la
poesía,
imponer la verdad
en el poema,
que, al escribirlo,
si es real,
no copia, me diga
y después a ti (todo o nada,
mirándonos)
mi entero yo, la verdad.
May Swenson (traducción Jeannette L.
Clariond)