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miércoles, 30 de diciembre de 2015

Recomendaciones literarias del 2015


¿Con cuáles libros iniciar el 2016? A continuación les comparto algunas obras que dejó el 2015 y que recomiendo para comenzar un año de buenas lecturas.

Voces de Chernóbil (Debolsillo), de Svetlana Alexievich
¿Por qué visitar la Tierra de Los Muertos? Svetlana Alexievich acude justo a este territorio, situado en Chérnobil, pero no el de la Unión Soviética, sino el de Bielorrusia, un país marcado por la desgracia, la tristeza, la mala suerte.
Hace casi 30 años, el 26 de abril de 1986, el reactor de la Central Eléctrica Atómica de Chernóbil sufrió una serie de explosiones que, a la postre, provocaron la extinción total de un poblado. No sólo eso, apunta la periodista que hoy es Premio Nobel de Literatura: “si durante la guerra murió uno de cada cuatro bielorrusos; hoy, uno de cada cinco vive en un territorio contaminado”.
A través de las voces de los sobrevivientes, monólogos protagonizados por viudas, padres, psiquiatras y médicos, se abre paso la historia no de lo qué provocó la mayor catástrofe nuclear del siglo 20, sino de “las sensaciones, los sentimientos de las personas que estuvieron en contacto con lo desconocido”.
Traducido al español en 2015, Voces de Chernóbil pone al lector en contacto con la maravillosa pluma de Alexievich y con el misterio, con un enigma que no ha sido totalmente desentrañado y que involucra malas decisiones, agravios, omisiones.
Liudmila Ignatenko, esposa de un bombero fallecido por su exposición a la radiación al tratar de sofocar el siniestro, sabe que hay enfermedades que no se curan, que el mundo puede reducirse a un solo punto, que la gente no quiere oír hablar de la muerte, “de los horrores”, y sin embargo ella habla del amor... “De cómo he querido”.

Sumisión (Anagrama), de Michel Houellebecq
Siempre polémico, Michel Houellebecq vuelve a ser noticia con su reciente novela, Sumisión, publicada el mismo día en que ocurrieron los asesinatos en la revista Charlie Hebdo. Y es que como un macabro ejercicio futurista, el libro narra, a través de la mirada de François, un maestro universitario de París, cómo el año 2022 es marcado por cambios sociales y políticos profundos.
Es tiempo de elecciones presidenciales y el partido a vencer es la Hermandad Musulmana, cuyo candidato, el carismático Mohammed Ben Abbes, triunfa en la segunda vuelta electoral. Así, el país galo se convierte en un estado islámico, donde las mujeres caminan en las calles con burka, se instaura la poligamia, y convertirse al islam es un requisito para pertenecer a la planta docente.
Solo, con 40 años encima y una vida instisfactoria marcada por la soledad y la apatía, François observa cómo el rector de la Sorbona se casa con una joven de 15 años y su país se convierte en un imperio decadente en el que no hay lugar para él. Obligado a jubilarse, abandonado por su joven amante judía (que debe exiliarse a Israel), el mundo que conoció ya no existe más, en su lugar sólo queda la desesperanza.

La Memoria de las Cosas (Sexto Piso), de Gabriela Jáuregui
Más allá del tema de la memoria, cuya savia nutre los relatos que conforman La Memoria de las Cosas, está el de la mirada, esa que es capaz de sumar los recorridos entre los tres reinos en los que se divide la naturaleza: vegetal, animal y mineral, y habría que añadir artificial, como lo hace Gabriela en su primer libro de cuentos.
Es en estos reinos donde podemos encontrar historias que van desde el valor de los melones en el mercado japonés, o la afición de un niño pequeño a las gomitas (y la obsesión que desarrolla su padre en investigar sobre ellas), hasta la tarea de un artista que busca el rastro de su obra a través de los basureros de la urbe, o el ardor que recorre a un hombre cuando tiene desplegado ante sí un biombo centenario que lo observa, que lo complace, que recuerda…
Así como el biombo que protagoniza uno de los cuentos del libro, las historias de Gabriela se despliegan como una pintura-abanico, en la que cada lector otorga su propia memoria a cada uno de los personajes que desfilan por las páginas dellibro. Como dice el protagonista del relato del que hablamos: el biombo refleja lo que proyectamos o, dicho con las palabras del escritor dominicano Junot Díaz, “somos pasajeros y eso lo refleja perfectamente el cuento”.
Y es que en un tiempo en el que los cuentos no son el hit del mercado editorial, obras como la de Gabriela nos recuerdan nuestra larga tradición como lectores –y escritores- de la narrativa corta. La vida, y retomo una idea planteada por Junot, no es una larga novela que te muestra cuándo terminará a medida que avanzan las páginas. No, la vida es como los cuentos: repentina, abrupta, corta y a veces incompleta.

Seamus Heaney, Obra Reunida (Trilce Ediciones / Conaculta / UANL)
“Hasta no haber experimentado el genuino acto poético, no se tiene la necesidad de saber lo que significa”, sostenía Seamus Heaney. Ahora, tal vez a años luz de sentir esa revelación de la que habló el escritor irlandés, tenemos la oportunidad de acceder a su obra poética gracias a los oficios incansables de Pura López Calome.
Convencida por Tomás Segovia (quien fue un traductor excepcional y un generoso hombre de letras), Pura se dio a la tarea de abrirle paso a la obra de Heaney en español. Después de décadas de trabajo y de un cercana relación con quien se convirtiera en Premio Nobel de Literatura en 1995, la escritora nos entrega un título imprescindible para los lectores del irlandés: Seamus Heaney, Obra Reunida.
En edición bilingüe, este ejemplar reúne Isla de las Estaciones, Viendo Visiones, La Luz de las Hojas, El Nivel, Sonetos y Cadena Humana. Quedan expuestos los temas que obsesionaron al poeta durante años: el amor, la felicidad, la muerte, la patria, la naturaleza, la alquimia verbal, la vida misma que se abre paso “bajo el frío soleado una tarde de domingo”.
En la introducción de Obra Reunida, Pura cita a Eugène Guillevic: “vivir en la poesía es vivir en el canto, el enlace de la palabra y el silencio”. Y es así como vivió Heaney, dando forma a palabras que aún hoy vuelan como aves marinas —o mirlos, o pinzones, o papalotes–, al cielo, en oración sostenida.

El Monstruo Ama su Laberinto (Vaso Roto), de Charles Simic
¿Cuáles son las experiencias, los highlights que marcan la vida de un poeta? Para algunos son los hechos de la infancia, otros más hablarán de la juventud, del amor, de la guerra, de la pérdida.
En el caso de Charles Simic, y gracias a El Monstruo Ama su Laberinto, sabemos que su niñez en la Serbia marcada por la guerra y la miseria fue definitoria para su obra, pero también lo fue su juventud en Chicago y Nueva York, en donde obtiene esa revelación que persiguen los poetas: “la belleza de un momento fugaz es eterna”.
Simic nos muestra, en una suerte de cuaderno del poeta, cuáles son los pasillos que recorre en el laberinto de su escritura. En textos de carácter autobiográfico, desarrollados en párrafos cortos, leemos anécdotas, impresiones, aforismos, breves relatos, la idea de un verso e incluso el germen de un poema.
Traducido por Jordi Doce, el libro en el que su autor aspira “a crear una especie de no género hecho de ficción, autobiografía, ensayo, poesía y, por supuesto, ¡chistes!”, incluye además (como un plus maravilloso un ensayo sobre Seamus Heaney.
“Uno escribe porque ha sido tocado por el anhelo de, y la desesperación de no poder, tocar al Otro”, sostiene Simic. Y es aquí, en medio del laberinto, que el Minotauro se revela como poema imposible, como testigo de la “audible la soledad humana”, que nos confronta para “saber aquello que no puede decirse con palabras”.

Clarice Lispector, Fotobiografía (S, Conaculta), de Nádia Battella Gotlib
Durante décadas Nádia Battella Gotlib se ha dedicado al estudio de la vida y obra de Clarice Lispector, una labor que ya habíamos visto reflejada en la biografía Una Vida que de Cuenta (publicada en español por la editorial Adriana Hidalgo), y que ahora da como resultado una ambiciosa Fotobiografía.
Dueña de una de las voces más provocadoras de la literatura latinoamericana, por su agudeza y originalidad, la escritora portuguesa tiene una rica biografía que ahora nos es develada en cientos de imágenes, que muestran además un amplio recorrido social desde finales del siglo 19 hasta los inicios del 21.
A lo largo de 635 páginas llenas de cronologías y fotografías acompañadas de notas puntuales de Nádia, así como de textos de la propia Clarice, conocemos sus raíces ucranianas y judías, el éxodo familiar a Brasil, su vida en pareja, sus intereses literarios (Flaubert, Rilke, Proust, Woolf, Joyce), su paso por Europa en tiempo de posguerra (su marido fue diplomático de carrera), y su vida como escritora.
Leer a Clarice “es un encuentro con lo desconocido”, considera Nádia, pero gracias a esta Fotobiografía podemos acercanos a lo que más le interesaba encontrar a la brasileña en su trabajo literario: “el timbre” de su vida.

Salvador Elizondo. Diarios 1945-1985 (FCE), de Paulina Lavista
“Si tuviera que contestar como en un entrevista periodística, diría que el 'germen de mi vocación literaria' se encuentra en los diarios y cuadernos de notas que a partir de mi adolescencia he ido llevando, muchas veces intermitentemente o desordenadamente”, escribió Salvador Elizondo precisamente en una de sus libretas de trabajo.
En 2008 la revista Letras Libres publicó algunos extractos de los cuadernos del autor de Farabeuf, pero este año el Fondo de Cultura Económica reunió una amplia selección de textos, a cargo de la viuda del escritor, Paulina Lavista, en el libro Salvador Elizondo, Diarios 1945-1985.
A lo largo de las páginas —que incluyen fotografías e imágenes de páginas completas con la escritura de Elizondo—, nos encontramos con los intereses artísticos, literarios y amorosos del escritor, así como sus relaciones con otros autores de la época: Octavio Paz, Juan Rulfo, Ramón Xirau, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco.

El Oro de los Tigres V (UANL / Capilla Alfonsin), coordinado por Minerva Margarita Villarreal
Hace seis años surgió la colección El Oro de los Tigres con la idea de continuar la labor del autor de La Cena y Visión de Anáhuac. “Básicamente la idea de la colección fue hacer la labor que Alfonso Reyes hacía, de ‘passer’, que quiere decir de barquero, de llevar y traer de una cultura a la otra, de universalizar el arte”, sostiene Minerva Margarita Villarreal, coordinadora de esta serie de libros que publican la Capilla Alfonsina y la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Así, en ediciones bilingües que convocan a traductores de primera línea, los lectores han tenido la oportunidad de acercarse a verdaderas joyas de la poesía: Dios, de Víctor Hugo, en la traducción de Tomás Segovia; Rey de los Vientos, de Adonis, en versión de Jorge Esquinca; Cuatro poemas, de Wallace Stevens, traducido por Tedi López Mills; Una Antología de una Antología Personal, de Lêdo Ivo, a cargo de José Javier Villarreal; o Poemas Sueltos, de Marina Tsvietáieva, una versión de Selma Ancira y Francisco Segovia.
Este año El Oro de los Tigres (título que rinde homenaje a Jorge Luis Borges) entrega una colección que no puede faltar en la casa de los amantes de la poesía y que contiene La Canción de Amor de J. Alfred Prufrock, de T.S. Eliot, con versión y prólogo de Hernán Bravo Varela; La invención de Orfeo, de Jorge de Lima, versión y nota de Antonio Cisneros; Plegaria, de Salvatore Quasimodo, traducido por Antonio Colinas; Contra Fábulas y Otros Poemas, de György Somlyó, una traducción de Francisco Segovia; y El Instante Después, de Massimo Gezzi, con edición, traducción y prólogo de Juan Carlos Abril.

Dos Veces Única (Seix Barral), de Elena Poniatowska
De una entrevista que realizó Elena Poniatowska en una casa de Paseo de la Reforma en 1976, nació su reciente novela, Dos Veces Única (Seix Barral, 2015), que tiene como protagonista a Lupe Marín, la primera esposa del pintor Diego Rivera, y quien también se casó con el poeta y crítico Jorge Cuesta.
Testigo de una época en la que bulleron la política y las artes, esta mujer de inusual belleza y carácter bronco se convirtió en la musa de uno de los grandes muralistas del país, y en el referente de la vida literaria del grupo Los Contemporáneos.
A través de los testimonios que recabó la autora en 25 entrevistas, se revela al lector una época signada por el arte y las letras, en la que desfilaron Julio Torri, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Tina Modotti, Frida Kahlo, León Trotsky, André Bretón, Rafael Coronel, Juan Soriano.
Y Lupe, “la antítesis de la mujercita mexicana”, la muchacha que dejó atrás Guadajalara para casarse con “El Panzas” de Diego, no sólo fue testigo, también ella irradió sus ideas que influyeron en la obra de pintores y poetas.
“Pero no es ninguna santa, incluso podría decir que es mala. Su propia hija, a los 90 años y pico, dice que fue mala madre”, aclara la escritora, quien tiene un sobrenombre rotundo para referirse a la Marín: Coatlicue.

El Curioso Jim (Sexto Piso), de Matthias Picard
Concebido por la mente del francés Matthias Picard, El Curioso Jim es un libro en 3D en el que se unen bellas ilustraciones con la magia de las figuras en tercera dimensión. Desde que esta publicación vio la luz en Francia hace un par de años (obteniendo varios premios internacionales), se ha convertido en una de las consentidas no sólo de los niños de 15 países, también de sus padres.
La curiosidad de Jim no tiene límites. Ni siquiera el fondo oscuro del océano lo amedrenta, al contrario, este audaz explorador se pone su traje de buzo para convivir con los peculiares habitantes del reino marino.
Peces, tiburones, medusas, arrecifes… Como lo hiciera antes el capitán Nemo (este personaje misterioso creado por Julio Verne), Jim descubre las maravillas de la vida subacuática, en las que no faltan los vestigios de la existencia humana, coches, televisores rotos, trazos del abandono devorados por algas y carcomidos por la sal.
Lo que vuelve especial la obra de Picard, además del uso de la técnica tridimensional, son los recursos creativos de su autor, las ilustraciones lúdicas que, sin necesidad de una sola palabra, juegan con nuestra imaginación.

sábado, 19 de septiembre de 2015

No es el amor, lo sé, pero es de noche...


No es el amor, lo sé, pero es de noche
y yo estoy sola, frente al mar que espera
con las uñas viscosas de sus algas
y el sello de la sal sobre sus piedras:
sin cesar, desde el agua y las espumas
mil ramajes de brazos me recuerdan
que aguardan todavía
tendiéndome su ausencia.
Las mismas olas que devoran barcos,
que van hundiendo mástiles y velas,
tiran siempre de mí
salvajemente
ceñidas, enroscadas, como cuerdas.

No es el amor, lo sé, pero qué importa:
tiene su mismo rostro hecho de niebla
y su temblor febril y su acechanza,
tiene sus manos blandas que se aferran
con dura precisión.
Tiene su misma insólita presencia
con el prestigio de un fulgor pasado
y la futura soledad que empieza.
Tiene sin duda del amor la insidia
y el desgajado abandonar reservas
hasta quedar desnudo
como un árbol reseco.
Tiene el rondar la sangre
como un fantasma hambriento
sobre la inaccesible piel del mundo,
lamiendo inútilmente su corteza,
desesperado, ávido,
con la exacta impaciencia
del querer, del después,
del otoño y la espera.
Y aquel recomenzar desde la bruma
que es su signo quizá.
Y su señal más cierta.

No sé cuándo ha llegado:
es como un viejo amigo que regresa
con el rostro cambiado por los viajes,
las fiebres, el alcohol, las peripecias.
Reconozco sus rasgos,
su voz que ha enronquecido, pero es ésta,
su antigua voz que dice otras palabras
semejantes a aquéllas.
No es el amor, lo sé, y sin embargo
es su paso otra vez, y las caricias
recobran los caminos sin urgencia.
No hay palabras, y puedo estar callada:
todo es tan simple así, tan sin sorpresa
y es tan fácil estar, tan necesario.
No es el amor, tal vez. ¿Y si lo fuera? 

Julia Prilutzky

martes, 1 de septiembre de 2015

Los amores tontos

La verdad es que el tiempo aclaró las cosas. A pesar de todo, no te culpo. Tampoco pienso en ti como la mala de la historia. En realidad, ambos fuimos los bastardos, la mala semilla, los hijos de la furia.

Es difícil conversar de esto contigo. Sobre todo porque aún te amo. ¿No es irónico?

A veces salgo a recorrer la ciudad, solo, en mi auto, las ventanillas bajas, el aire golpeando mi cara, la música de ese cd que escuchábamos hasta el cansancio, el tráfico, el anochecer con su carga agobiante de calor y el convencimiento de saberse débil, hormiga, mota de polvo, entonces el único motivo para no tirarme de un puente es la loca, absurda esperanza de algún día volverte a encontrar, en otras condiciones, en otra ciudad, en otro mundo.

Llueve hoy, mientras aporreo el teclado de la pc. Y me pregunto qué hago acá, si mi posición -desde el comienzo de los tiempos- estaba a tu lado, beneficiándome un poquito de tu resplandor, de tu fuego vital, de tu forma de asumir los vaivenes del azar.

Duncan Sedano

sábado, 8 de agosto de 2015

Desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo...

desde hace mucho mi corazón ha estado con el tuyo

cercado en el enredo de tus brazos hasta
una oscuridad donde nuevas lucen nacen y crecen,

hace tiempo tu ánimo ha entrado en
mi beso como un extranjero

en las calles y colores de una ciudad-

que tal vez he olvidado
cómo, siempre (con
qué apresurada crudeza
de sangre y carne) Amor
acuña Su más gradual gesto,

y aguza vida a eternidad

-después nuestras mitades separadas llegarán a ser museos
repletos de memorias bien colmadas



e.e. cummings

(versión de Alfonso Canales)


martes, 2 de junio de 2015

Un día...


UN DÍA
uno iba a ser homero
la obra nada menos que una iliada

después
viendo el paquete
alcanzaba para ser un rimbaud
un ungaretti un fernando pessoa cualquiera
un lorca un éluard un ginsberg

por fin
terminamos siendo el pequeño poeta de provincia
que siempre fuimos
por detrás de tantas máscaras
que el tiempo trató como flores

Paulo Leminski
(versión de Rodolfo Mata)

viernes, 21 de marzo de 2014

Consejos


Cuando era niña mi padre con voz seria
la de las circunstancias importantes, me llamó.
Escucha con atención, dijo, mirándome a los ojos
tengo tres consejos que darte:
No hables con hombres extraños.
No camines por calles oscuras.
No entregues el corazón.

Recuerdo que solía jugar en el parque
mi respiración se detenía con ver, a unos metros
el rostro adusto de un hombre
la alarma aumentaba cuando éste sonreía.
Sin dejar de mirarlo, me retiraba paso a pasito
sintiendo en la espalda un escalofrío nervioso.
Pero a la vuelta de los años,
sin apenas darme cuenta
los hombres dejaron de parecerme seres oscuros,
insondables, tal vez malvados.
En su interior había un misterio que deseaba resolver.
Y cayó en el olvido el primer consejo de mi padre.

Las calles sombrías, por otro lado,
siempre me provocaron un temor reverencial.
primero, cuando las fui recorriendo a solas
había en los paseos de la adolescencia
un sabor a triunfo, a libertad, a valentía.
Pero al correr de los años las calles se volvieron frías
peligrosas.
Los muertos comenzaron a aparecer en las esquinas
un chelista fue apuñalado al romper el alba
llenándonos el alma de un horror triste.
Sitios completos de mi ciudad quedaron huérfanos
sólo visitados a través de las pantallas de la televisión
de los relatos sórdidos de nota roja.
Olvidamos el sabor que produce el amanecer
cuando te atrapa como ave de presa.
Las casas se volvieron fortalezas
la gente se encerró tras sus muros
las calles abrían sus fauces.
A mi pesar, seguí el segundo consejo de mi padre.

Con el corazón no fue tan sencillo.
Solía entregarlo con gusto a las mariposas brillantes
a los perros callejeros,
a los perdedores, a los soñadores,
a los protagonistas de los libros.
Después llegaron los amigos
y los hombres extraños
a los que no debía dirigir palabra alguna.
Poco a poco, sin medir las consecuencias,
olvidé que no debía entregar el corazón.
Ahora no hay marcha atrás y es duro,
y bello, e insalvable.

Veo a mi hija jugar en el parque
cómo escucha el canto de los vencejos
cómo mira con desconfianza a jardineros y choferes.
Cuando se acerca a consolar a un niño pequeño
que lloriquea tras caerse del columpio
sé que ha llegado el tiempo.
Hija, escucha los consejos de mi padre:
No hables con hombres extraños
no camines por calles oscuras
no entregues el corazón.