lunes, 7 de mayo de 2007

Desnudo monumental


Spencer Tunick en el Zócalo capitalino


Son las 4:00 horas y la metrópoli duerme, pero a medida que el taxi se acerca al centro de la Ciudad de México, el bullicio, la algarabía y la impaciencia le devuelven la vitalidad a la urbe somnolienta.Las calles que conducen al Palacio Nacional están cerradas, el resto del camino debe recorrerse a pie. Son miles las personas que se aglutinan en las calles cercanas al Zócalo, en largas filas en las que se bebe café, se intercambian impresiones, se buscan caras conocidas y se alza la forma de inscripción para que los organizadores, ubicados sobre las calles Madero y Palma, dejen pasar a los ansiosos modelos.
Los hombres jóvenes son mayoría, pero hay representantes de todas las edades. Las parejas de novios y esposos, los turistas japoneses, el grupo de estudiantes de la UNAM, las amigas que son inseparables desde la infancia, maestros y estudiantes de arte, extranjeros que residen en la ciudad, mexicanos que viajaron desde sus estados para aparecer en la foto, todos hacen acto de presencia para participar en la instalación de Spencer Tunick.
Quienes no se registraron por Internet llenan las formas de inscripción mientras la gente avanza hacia la plancha del Zócalo, con la cabeza erguida, sonrientes y muchos sin ocultar el nerviosismo ante la cercanía del evento.
Los atuendos son tan diversos como los asistentes. Un trío de amigos sólo viste batas de baño, otros jóvenes se decidieron por usar únicamente bermudas para “no extraviar la ropa”, los prácticos llegan en pants y tenis aunque también hay espacio para los extravagantes, como una mujer que luce un atuendo propio de carnaval: minivestido con aplicaciones brillantes, verdes y doradas, y antifaz a juego.
Varios de los asistentes llegaron desde las 2:00 horas y muchos se hospedaron en los hoteles de las cercanías. Es por esta razón que la impaciencia se siente en los accesos, a medida que los policías capitalinos colocan las vallas para resguardar a los participantes.


INSTALACIÓN ALTERNATIVA

A las 6:00 horas la oscuridad comienza a replegarse, ya todos están dentro, aguardando expectantes las indicaciones del artista neoyorquino. Pero los impuntuales se quedan fuera y reclaman a gritos que los dejen acceder a la escultura monumental que se construirá en instantes.
De nada valen las amenazas y, desilusionados, 50 jóvenes se retiran del lugar mientras otros se suben a los camiones que están tras la segunda fila de vallas e improvisan una instalación alterna en la que dos hombres y dos mujeres se quitan la ropa para sentirse incluidos. Los uniformados no tardan en pedirles que bajen del camión mientras decenas de curiosos buscan observar a los que sí lograron registrarse a tiempo.
LA EUFORIA DESAFÍA EL FRÍO
El rojo del cielo anuncia que el momento ha llegado, son las 7:10 de la mañana y a través de la bocina se escucha la primera instrucción de Tunick e inicia la cuenta regresiva, los gritos de euforia rompen el silencio expectante y, presurosos, los modelos se despojan de su ropa y avanzan casi corriendo hacia el centro, hacia el asta bandera que luce desnuda también.
Cinco minutos después el frío capitalino estremece a la multitud desnuda que cubre la plancha del Zócalo y que, de pie, le da la espalda al Palacio Nacional mientras Tunick registra la primera imagen y los curiosos, algunos con cámaras y otros con miralejos, chiflan a la distancia. La policía se empeña en dispersar a los curiosos, que están a una cuadra de distancia, “pero si no se ve que a esos encuerados les importe mucho la privacidad”, increpa uno de los mirones.
Después de los aplausos, los abrazos y las palmadas en la espalda, se anuncia la siguiente posición. Miles de cuerpos se recuestan, apuntando sus cabezas hacia el asta bandera. No faltan los comentarios sobre la dureza del suelo, pero la euforia continúa presente y a medida que pasa el tiempo la temperatura aumenta a 22 grados centígrados, de acuerdo con una estación de radio local.
La tercera posición, fetal con la cabeza hacia Catedral, es la que cuesta más trabajo. Las rodillas chocan con las baldosas, los pies resienten el frío y se escuchan las exclamaciones de dolor entre la multitud. Un suspiro de alivio sale de muchas gargantas cuando Tunick pide que todos se pongan de pie y se enfilen hacia a la calle 20 de Noviembre para la siguiente toma.


¿DISCRIMINACIÓN DE GÉNERO?

Han pasado ya 30 minutos, y para cerrar la sesión se les pide a los hombres que abandonen el sitio. Tunick dispara la cámara hacia un grupo de mujeres plantadas en un rincón del Zócalo. “¿Por qué se van los hombres?, ¿es discriminación de género?”. Fueron algunas de las preguntas que se hicieron las mujeres, un grupo mucho menor al de los hombres, a medida que ellos seguían las líneas de colores en el piso que conducían a sus ropas.
Varias mujeres hicieron caso omiso de la toma improvisada y se retiran con sus parejas. Aquellas que se quedan comienzan a protestar porque algunos hombres, ya vestidos, sacan sus celulares para tomarles fotos. Situación que incomoda tanto a las mujeres como a Tunick, por lo que muchas de ellas abandonan el lugar visiblemente molestas.


DESNUDO INVOLUNTARIO
A las 8:10 comienza, lentamente, la retirada, aunque todavía una multitud, compuesta en su mayoría por mujeres, continúa desnuda en el Zócalo. Veinte minutos después el aplauso estruendoso de los miles de participantes agradece a Tunick su presencia en México.
Son las 8:40 y los últimos rezagados buscan su ropa, una mujer corre sin suerte y no la encuentra. Asustada pide ayuda, obtiene un saco provisional y se refugia en una columna de los portales que rodean el Zócalo, mientras una de sus amigas corre a comprarle algo que la saque del apuro. En el otro extremo de la calle, un chico exhibe un top negro mientras pregunta “¿alguien lo reconoce?”, provocando las risas de los presentes.
La ciudad despierta y el bullicio vuelve a las calles del centro histórico, mientras los cerca de 18 mil mexicanos que crearon una obra de arte memorable vuelven al ruido, al tráfico, a la ropa.


'ALGO GRANDE ESTÁ OCURRIENDO EN MÉXICO'

En un hotel cercano Tunick habla brevemente con los más de 200 periodistas que se acreditaron para cubrir la instalación. El neoyorquino luce satisfecho y emocionado por el gran número de participantes y dedica su trabajo a la ciudad. "Este es un gran momento para el mundo del arte en México, los ojos de todos deberían mirar hacia el sur y ver cómo un país como éste puede ver el desnudo como arte, como algo puro, no como pornografía. Sin duda algo muy grande está ocurriendo en México, es algo cultural que va a explotar en cualquier momento”, dice antes de retirarse para observar detenidamente el registro visual de la obra más grande que ha hecho en su vida.