viernes, 17 de marzo de 2017

Derek Walcott: Poesía y Caribe


Una vieja crónica de la visita del poeta Derek Walcott a Monterrey, en noviembre de 2007, con motivo del Fórum Internacional de las Culturas.
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Es en un antiguo almacén, que hoy se transforma en un recinto pequeño y acogedor, en donde se escucha la voz impregnada de sol, de oleajes infinitos, de hombres y mujeres que cargan en el pecho el canto africano primigenio. Es en el Museo del Vidrio donde resuena la voz grave del poeta Derek Walcott.
    El Caribe se hace presente en la clausura del ciclo “Los Poetas en el Fórum” cuando Walcott ofrece a los asistentes sus raíces antillanas, ricas en mezcla, en calidez y desenfado.
El escenario no podía ser mejor para este alquimista de la lengua inglesa, justo al lado del recinto están los hornos, en donde todavía resuena el antaño crujir del fuego, forjador del vidrio. Pero aquí   Walcott forja algo igual de hermoso y frágil, son los versos los creadores de imágenes sinuosas y maleables que, al igual que el vidrio que se exhibe en las galerías, se transforman en objetos caprichosos cuajados de aristas y recovecos, de asombro y fantasía, de rincones fríos, oscuros e íntimos.
   Después de las presentaciones de rigor, de la semblanza emotiva realizada por la escritora Jeannette Lozano, el poeta repasa los textos que fabricó a la orilla del Caribe, con sabor a sal y puerto e impregnados del vaivén de ese mar que lame tierno las playas de Santa Lucía, en donde Walcott abrió sus ojos al mundo hecho de arena clara, de versos y teatro, de ritmo Caribe.
   El escritor se levanta y camina lento hacia el podio, pero el vigor aún acompasa el andar de este hombre de 77 años. El aura de Premio Nobel de Literatura pasa a un plano secundario cuando dice en un inglés claro y grave, con una chispa de picardía en la mirada: “Voy a leer ‘Omeros’, que es un largo poema de 300 y pico de páginas… voy a leerlo todo, si les gusta la poesía seguro se quedarán y quien lo necesite puede ir al baño”.
    El público ríe feliz y Walcott declara que aunque no tiene muchas conexiones con la poesía en español y que existen pocas traducciones de su obra, considera un placer compartir los fragmentos de una historia que, como en la “Iliada”, comienza con la rivalidad por el amor de una mujer.
   “Vivimos siempre en exilio por la historia y la conquista. Los que vivimos en el ‘Nuevo Mundo’ tenemos que ir a nuestro pasado, a nuestro origen, para algunos es España, para otros es África”, dice antes de sumergirse en la lectura de su poema épico “Omeros”.
   Los cerca de 100 asistentes se hunden en el testimonio de Omeros, este contador de historias que evoca el nombre de Homero y quien narra a través de una suntuosa invención verbal la historia de Aquiles, el héroe, el pescador antillano, el amante de Helena, quien es devuelto a la tierra de sus antepasados, en la costa occidental de África.
   “El peor crimen es dejar a un hombre con las manos vacías. / Los hombres nacieron creadores, con ese candor originario / de cada creador desde Adán”, lee Walcott ante el azoro de una audiencia que lucha por atrapar esa épica que se esconde en cada verso, que remite a Troya, a los dioses y las grandes batallas.
   El poeta transforma en versos el trópico infinito, la pérdida de la libertad y del terruño, el crepúsculo que muere ámbar en el mar; el amor que siente Aquiles por Helena, una negra criada antillana de belleza dolorosa y punzante, poseedora de un rostro en que los dioses “consagran toda la belleza de una raza”.
   “Sin embargo, sentían que el viento de la mar los enlazaba en una sola / nación de ojos y sombras y lamentos fundidos. / En el único dolor que es inconsolable: la pérdida de la costa propia”, relata Walcott sobre la guerra perdida de estos pescadores, de estos hombres “que lloraban por las cosas pequeñas, tras hacerlo por las grandes”, que veían como su mundo se conmovía y empezaba a disolverse.
    Las manos de Walcott tiemblan al ritmo pausado de su voz grave que canta este himno del Caribe, de la tierra que recibe el golpe de los asteriscos de lluvia, que ve partir a Héctor para sumergirse en su tumba marina, que acoge a un Aquiles triunfal, con las manos enguantadas de sangre y con las redes repletas de pescado.
   “Canté a nuestro vasto país, la mar Caribe. / Que odiaba los zapatos, cuyas suelas tenían grietas como una piedra, que era pausado con las amarras, que nada más tenía un traje, // a quien ningún hombre osaba insultar y que a nadie insultaba, de sonrisa abierta como la cresta de una ola que rompe, pero cuyo ceño era creciente masa de nubes”.
    Walcott le canta al discreto Aquiles, hijo de Afolabe, y a un lenguaje que contiene su propio remedio a la aflicción brillante que embarga el alma caribeña.
   El poeta lee los últimos versos de esta odisea antillana, y los asistentes se despiden de Helena, de Aquiles, de los montes cambiantes de las olas, de las guirnaldas de algas, de las golondrinas negras que dejan un mal presagio en el corazón.
   “La luna llena brillaba como una rodaja de cebolla cruda. Cuando dejó la playa, la mar aún seguía siendo ella misma”, finaliza Walcott.
    Quienes escuchan la desmesura, el color, el gozo de este maestro de la lengua inglesa con sabor caribe, no son más ellos mismos. La rabiosa reflexión poética de Derek Walcott transmite la alegría vital que late en cada fragmento revelador de una escritura que le pertenece a todos.
   Con sonrisas, abrazos y firmas, el escritor se despide con el mismo candor con el que recibió el Premio Nobel en 1992, mientras hordas de fotógrafos lo perseguían hasta un Donkin Donuts en donde alzó los pulgares triunfante, señalando la buena calidad de las donas, aunque el mundo entendiera otra cosa cuando miró el rostro de ébano luminoso que sonreía franco a la lente.
   Este hombre que acudió a Granada y le rindió homenaje a Federico García Lorca, que publicó su primer libro a los 18 años, se despide de las montañas regias, pero antes deja el testimonio de un alma que privilegia la intuición sobre la razón, que tiene fe en el hombre, en sus proezas y en el amor que se forja con arena, espuma y palabras.

lunes, 19 de diciembre de 2016

BLADE RUNNER WALTZ


    En mil novecientos ochenta y siempre,
ah, qué tiempos aquellos,
    bailamos bajo la luna, al son del vals
La Perfección del Amor a Través del Dolor y de la Renuncia,
    nombre, confieso, un poco largo,
pero los tiempos, aquel tiempo,
    ah, ya no se hace tiempo
como antes
    Aquéllas sí que eran horas,
días enormes, semanas, años, minutos, milenios,
    y toda aquella fortuna en tiempo
uno la gastaba en tonterías,
    amar, soñar, bailar al son del vals,
aquellos falsos valses de tan inmenso nombre lento
    que uno bailaba en algún septiembre
de aquellos mil novecientos ochenta y siempre.

Paulo Leminski

viernes, 19 de febrero de 2016

Cuando nos ronda la muerte


Un león llorando
tras las naves incendiadas. El fuego
del incendio.
¿Qué león?,
¿qué naves incendiadas? Toda


separación es muerte: la carne
que amamos, los ojos, los cabellos,
la deseada piel. El tiempo
 

nos expulsa de lo que alguna
vez fue nuestro. El tiempo
incendia, el tiempo desvanece.
Y el poema dice su verdad.


Aunque nunca lo escuchamos
el poema arranca nuestros ojos

y dice en voz baja su verdad.

Eduardo Chirinos

miércoles, 30 de diciembre de 2015

Recomendaciones literarias del 2015


¿Con cuáles libros iniciar el 2016? A continuación les comparto algunas obras que dejó el 2015 y que recomiendo para comenzar un año de buenas lecturas.

Voces de Chernóbil (Debolsillo), de Svetlana Alexievich
¿Por qué visitar la Tierra de Los Muertos? Svetlana Alexievich acude justo a este territorio, situado en Chérnobil, pero no el de la Unión Soviética, sino el de Bielorrusia, un país marcado por la desgracia, la tristeza, la mala suerte.
Hace casi 30 años, el 26 de abril de 1986, el reactor de la Central Eléctrica Atómica de Chernóbil sufrió una serie de explosiones que, a la postre, provocaron la extinción total de un poblado. No sólo eso, apunta la periodista que hoy es Premio Nobel de Literatura: “si durante la guerra murió uno de cada cuatro bielorrusos; hoy, uno de cada cinco vive en un territorio contaminado”.
A través de las voces de los sobrevivientes, monólogos protagonizados por viudas, padres, psiquiatras y médicos, se abre paso la historia no de lo qué provocó la mayor catástrofe nuclear del siglo 20, sino de “las sensaciones, los sentimientos de las personas que estuvieron en contacto con lo desconocido”.
Traducido al español en 2015, Voces de Chernóbil pone al lector en contacto con la maravillosa pluma de Alexievich y con el misterio, con un enigma que no ha sido totalmente desentrañado y que involucra malas decisiones, agravios, omisiones.
Liudmila Ignatenko, esposa de un bombero fallecido por su exposición a la radiación al tratar de sofocar el siniestro, sabe que hay enfermedades que no se curan, que el mundo puede reducirse a un solo punto, que la gente no quiere oír hablar de la muerte, “de los horrores”, y sin embargo ella habla del amor... “De cómo he querido”.

Sumisión (Anagrama), de Michel Houellebecq
Siempre polémico, Michel Houellebecq vuelve a ser noticia con su reciente novela, Sumisión, publicada el mismo día en que ocurrieron los asesinatos en la revista Charlie Hebdo. Y es que como un macabro ejercicio futurista, el libro narra, a través de la mirada de François, un maestro universitario de París, cómo el año 2022 es marcado por cambios sociales y políticos profundos.
Es tiempo de elecciones presidenciales y el partido a vencer es la Hermandad Musulmana, cuyo candidato, el carismático Mohammed Ben Abbes, triunfa en la segunda vuelta electoral. Así, el país galo se convierte en un estado islámico, donde las mujeres caminan en las calles con burka, se instaura la poligamia, y convertirse al islam es un requisito para pertenecer a la planta docente.
Solo, con 40 años encima y una vida instisfactoria marcada por la soledad y la apatía, François observa cómo el rector de la Sorbona se casa con una joven de 15 años y su país se convierte en un imperio decadente en el que no hay lugar para él. Obligado a jubilarse, abandonado por su joven amante judía (que debe exiliarse a Israel), el mundo que conoció ya no existe más, en su lugar sólo queda la desesperanza.

La Memoria de las Cosas (Sexto Piso), de Gabriela Jáuregui
Más allá del tema de la memoria, cuya savia nutre los relatos que conforman La Memoria de las Cosas, está el de la mirada, esa que es capaz de sumar los recorridos entre los tres reinos en los que se divide la naturaleza: vegetal, animal y mineral, y habría que añadir artificial, como lo hace Gabriela en su primer libro de cuentos.
Es en estos reinos donde podemos encontrar historias que van desde el valor de los melones en el mercado japonés, o la afición de un niño pequeño a las gomitas (y la obsesión que desarrolla su padre en investigar sobre ellas), hasta la tarea de un artista que busca el rastro de su obra a través de los basureros de la urbe, o el ardor que recorre a un hombre cuando tiene desplegado ante sí un biombo centenario que lo observa, que lo complace, que recuerda…
Así como el biombo que protagoniza uno de los cuentos del libro, las historias de Gabriela se despliegan como una pintura-abanico, en la que cada lector otorga su propia memoria a cada uno de los personajes que desfilan por las páginas dellibro. Como dice el protagonista del relato del que hablamos: el biombo refleja lo que proyectamos o, dicho con las palabras del escritor dominicano Junot Díaz, “somos pasajeros y eso lo refleja perfectamente el cuento”.
Y es que en un tiempo en el que los cuentos no son el hit del mercado editorial, obras como la de Gabriela nos recuerdan nuestra larga tradición como lectores –y escritores- de la narrativa corta. La vida, y retomo una idea planteada por Junot, no es una larga novela que te muestra cuándo terminará a medida que avanzan las páginas. No, la vida es como los cuentos: repentina, abrupta, corta y a veces incompleta.

Seamus Heaney, Obra Reunida (Trilce Ediciones / Conaculta / UANL)
Hasta no haber experimentado el genuino acto poético, no se tiene la necesidad de saber lo que significa”, sostenía Seamus Heaney. Ahora, tal vez a años luz de sentir esa revelación de la que habló el escritor irlandés, tenemos la oportunidad de acceder a su obra poética gracias a los oficios incansables de Pura López Calome.
Convencida por Tomás Segovia (quien fue un traductor excepcional y un generoso hombre de letras), Pura se dio a la tarea de abrirle paso a la obra de Heaney en español. Después de décadas de trabajo y de un cercana relación con quien se convirtiera en Premio Nobel de Literatura en 1995, la escritora nos entrega un título imprescindible para los lectores del irlandés: Seamus Heaney, Obra Reunida.
En edición bilingüe, este ejemplar reúne Isla de las Estaciones, Viendo Visiones, La Luz de las Hojas, El Nivel, Sonetos y Cadena Humana. Quedan expuestos los temas que obsesionaron al poeta durante años: el amor, la felicidad, la muerte, la patria, la naturaleza, la alquimia verbal, la vida misma que se abre paso “bajo el frío soleado una tarde de domingo”.
En la introducción de Obra Reunida, Pura cita a Eugène Guillevic: “vivir en la poesía es vivir en el canto, el enlace de la palabra y el silencio”. Y es así como vivió Heaney, dando forma a palabras que aún hoy vuelan como aves marinas —o mirlos, o pinzones, o papalotes–, al cielo, en oración sostenida.

El Monstruo Ama su Laberinto (Vaso Roto), de Charles Simic
¿Cuáles son las experiencias, los highlights que marcan la vida de un poeta? Para algunos son los hechos de la infancia, otros más hablarán de la juventud, del amor, de la guerra, de la pérdida.
En el caso de Charles Simic, y gracias a El Monstruo Ama su Laberinto, sabemos que su niñez en la Serbia marcada por la guerra y la miseria fue definitoria para su obra, pero también lo fue su juventud en Chicago y Nueva York, en donde obtiene esa revelación que persiguen los poetas: “la belleza de un momento fugaz es eterna”.
Simic nos muestra, en una suerte de cuaderno del poeta, cuáles son los pasillos que recorre en el laberinto de su escritura. En textos de carácter autobiográfico, desarrollados en párrafos cortos, leemos anécdotas, impresiones, aforismos, breves relatos, la idea de un verso e incluso el germen de un poema.
Traducido por Jordi Doce, el libro en el que su autor aspira “a crear una especie de no género hecho de ficción, autobiografía, ensayo, poesía y, por supuesto, ¡chistes!”, incluye además (como un plus maravilloso un ensayo sobre Seamus Heaney.
Uno escribe porque ha sido tocado por el anhelo de, y la desesperación de no poder, tocar al Otro”, sostiene Simic. Y es aquí, en medio del laberinto, que el Minotauro se revela como poema imposible, como testigo de la “audible la soledad humana”, que nos confronta para “saber aquello que no puede decirse con palabras”.

Clarice Lispector, Fotobiografía (S, Conaculta), de Nádia Battella Gotlib
Durante décadas Nádia Battella Gotlib se ha dedicado al estudio de la vida y obra de Clarice Lispector, una labor que ya habíamos visto reflejada en la biografía Una Vida que de Cuenta (publicada en español por la editorial Adriana Hidalgo), y que ahora da como resultado una ambiciosa Fotobiografía.
Dueña de una de las voces más provocadoras de la literatura latinoamericana, por su agudeza y originalidad, la escritora portuguesa tiene una rica biografía que ahora nos es develada en cientos de imágenes, que muestran además un amplio recorrido social desde finales del siglo 19 hasta los inicios del 21.
A lo largo de 635 páginas llenas de cronologías y fotografías acompañadas de notas puntuales de Nádia, así como de textos de la propia Clarice, conocemos sus raíces ucranianas y judías, el éxodo familiar a Brasil, su vida en pareja, sus intereses literarios (Flaubert, Rilke, Proust, Woolf, Joyce), su paso por Europa en tiempo de posguerra (su marido fue diplomático de carrera), y su vida como escritora.
Leer a Clarice “es un encuentro con lo desconocido”, considera Nádia, pero gracias a esta Fotobiografía podemos acercanos a lo que más le interesaba encontrar a la brasileña en su trabajo literario: “el timbre” de su vida.

Salvador Elizondo. Diarios 1945-1985 (FCE), de Paulina Lavista
Si tuviera que contestar como en un entrevista periodística, diría que el 'germen de mi vocación literaria' se encuentra en los diarios y cuadernos de notas que a partir de mi adolescencia he ido llevando, muchas veces intermitentemente o desordenadamente”, escribió Salvador Elizondo precisamente en una de sus libretas de trabajo.
En 2008 la revista Letras Libres publicó algunos extractos de los cuadernos del autor de Farabeuf, pero este año el Fondo de Cultura Económica reunió una amplia selección de textos, a cargo de la viuda del escritor, Paulina Lavista, en el libro Salvador Elizondo, Diarios 1945-1985.
A lo largo de las páginas —que incluyen fotografías e imágenes de páginas completas con la escritura de Elizondo—, nos encontramos con los intereses artísticos, literarios y amorosos del escritor, así como sus relaciones con otros autores de la época: Octavio Paz, Juan Rulfo, Ramón Xirau, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco.

El Oro de los Tigres V (UANL / Capilla Alfonsin), coordinado por Minerva Margarita Villarreal
Hace seis años surgió la colección El Oro de los Tigres con la idea de continuar la labor del autor de La Cena y Visión de Anáhuac. “Básicamente la idea de la colección fue hacer la labor que Alfonso Reyes hacía, de ‘passer’, que quiere decir de barquero, de llevar y traer de una cultura a la otra, de universalizar el arte”, sostiene Minerva Margarita Villarreal, coordinadora de esta serie de libros que publican la Capilla Alfonsina y la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL).
Así, en ediciones bilingües que convocan a traductores de primera línea, los lectores han tenido la oportunidad de acercarse a verdaderas joyas de la poesía: Dios, de Víctor Hugo, en la traducción de Tomás Segovia; Rey de los Vientos, de Adonis, en versión de Jorge Esquinca; Cuatro poemas, de Wallace Stevens, traducido por Tedi López Mills; Una Antología de una Antología Personal, de Lêdo Ivo, a cargo de José Javier Villarreal; o Poemas Sueltos, de Marina Tsvietáieva, una versión de Selma Ancira y Francisco Segovia.
Este año El Oro de los Tigres (título que rinde homenaje a Jorge Luis Borges) entrega una colección que no puede faltar en la casa de los amantes de la poesía y que contiene La Canción de Amor de J. Alfred Prufrock, de T.S. Eliot, con versión y prólogo de Hernán Bravo Varela; La invención de Orfeo, de Jorge de Lima, versión y nota de Antonio Cisneros; Plegaria, de Salvatore Quasimodo, traducido por Antonio Colinas; Contra Fábulas y Otros Poemas, de György Somlyó, una traducción de Francisco Segovia; y El Instante Después, de Massimo Gezzi, con edición, traducción y prólogo de Juan Carlos Abril.

Dos Veces Única (Seix Barral), de Elena Poniatowska
De una entrevista que realizó Elena Poniatowska en una casa de Paseo de la Reforma en 1976, nació su reciente novela, Dos Veces Única (Seix Barral, 2015), que tiene como protagonista a Lupe Marín, la primera esposa del pintor Diego Rivera, y quien también se casó con el poeta y crítico Jorge Cuesta.
Testigo de una época en la que bulleron la política y las artes, esta mujer de inusual belleza y carácter bronco se convirtió en la musa de uno de los grandes muralistas del país, y en el referente de la vida literaria del grupo Los Contemporáneos.
A través de los testimonios que recabó la autora en 25 entrevistas, se revela al lector una época signada por el arte y las letras, en la que desfilaron Julio Torri, Xavier Villaurrutia, Salvador Novo, Tina Modotti, Frida Kahlo, León Trotsky, André Bretón, Rafael Coronel, Juan Soriano.
Y Lupe, “la antítesis de la mujercita mexicana”, la muchacha que dejó atrás Guadajalara para casarse con “El Panzas” de Diego, no sólo fue testigo, también ella irradió sus ideas que influyeron en la obra de pintores y poetas.
“Pero no es ninguna santa, incluso podría decir que es mala. Su propia hija, a los 90 años y pico, dice que fue mala madre”, aclara la escritora, quien tiene un sobrenombre rotundo para referirse a la Marín: Coatlicue.

El Curioso Jim (Sexto Piso), de Matthias Picard
Concebido por la mente del francés Matthias Picard, El Curioso Jim es un libro en 3D en el que se unen bellas ilustraciones con la magia de las figuras en tercera dimensión. Desde que esta publicación vio la luz en Francia hace un par de años (obteniendo varios premios internacionales), se ha convertido en una de las consentidas no sólo de los niños de 15 países, también de sus padres.
La curiosidad de Jim no tiene límites. Ni siquiera el fondo oscuro del océano lo amedrenta, al contrario, este audaz explorador se pone su traje de buzo para convivir con los peculiares habitantes del reino marino.
Peces, tiburones, medusas, arrecifes… Como lo hiciera antes el capitán Nemo (este personaje misterioso creado por Julio Verne), Jim descubre las maravillas de la vida subacuática, en las que no faltan los vestigios de la existencia humana, coches, televisores rotos, trazos del abandono devorados por algas y carcomidos por la sal.
Lo que vuelve especial la obra de Picard, además del uso de la técnica tridimensional, son los recursos creativos de su autor, las ilustraciones lúdicas que, sin necesidad de una sola palabra, juegan con nuestra imaginación.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Nuevo manual de poesía

Para Greg Orr y Greg Simon


1. Si un hombre entiende un poema,
        tendrá problemas.

2. Si un hombre vive con un poema,
        morirá solitario.

3. Si un hombre vive con dos poemas,
        le será infiel a uno.

4. Si un hombre concibe un poema,
        tendrá un hijo menos.

5. Si un hombre concibe dos poemas
        tendrá dos hijos menos.

6. Si un hombre lleva una corona mientras escribe,
        lo van a descubrir.

7. Si un hombre no lleva corona mientras escribe,
        sólo se engañará a sí mismo.

8. Si un hombre se enfada con un poema,
        será despreciado por otros hombres.

9 Si un hombre continúa enfadado con un poema,
        será despreciado por las mujeres.

10 Si un hombre denuncia públicamente a la poesía,
        sus zapatos se llenarán de orines.

11 Si un hombre deja la poesía por el poder,
        tendrá muchísimo poder.

12 Si un hombre alardea de su poesía,
        será amado por los tontos.

13. Si un hombre alardea de su poesía y ama a los tontos,
        no escribirá más.

14. Si un hombre reclama atención por sus poemas,
        será como un burro en un claro de luna

15. Si un hombre escribe un poema y elogia el poema,
        de un amigo
            tendrá una amante hermosa.

16. Si un hombre escribe un poema y elogia demasiado el poema de
        un amigo,
             va a espantar a su amante.

17. Si un hombre reclama el poema de otro,
        su corazón será dos veces más grande.

18. Si un hombre deja que sus poemas vayan desnudos,
        le tendrá miedo a la muerte.

19 Si un hombre le teme a la muerte,
        será salvado por sus poemas.

20 Si un hombre no le teme a la muerte,
        puede que lo salven o no sus poemas.

21. Si un hombre termina un poema,
        se bañará en la estela hueca de su pasión
             y será besado por el papel blanco.


Mark Strand
(Traducción de Juan Carlos Galeano)

jueves, 10 de diciembre de 2015

Nómada


Estoy seguro aunque lo dude a veces
De que hubo despedidas sin tristeza
Partidas que no fueron abandonos
Jornadas sin reproches
No dejes pues viajero
Que vayan a encogerse ahora tus pulmones
Haber vivido siempre en casa ajena
No ser nativo de algún sitio avaro
Te hace nostálgico de cada pasado dado
Pero a la vez es porque para ti
Cualquier camino es siempre tu camino nativo

Tomás Segovia

martes, 3 de noviembre de 2015

Tarde de Ávila


La santa del abismo es más santa a mis ojos.
Gérard de Nerval

Las sombras no existen bajo el sol de Ávila, no cuando el verano toma dominio de la ciudad amurallada. Teresa contempla las baldosas que relumbran multiplicándose en espejos. Escucha el murmullo de sus hermanas, reunidas en los pasillos, y se lamenta. Quiere silencio.

La carmelita mortifica sus carnes escuálidas, avejentadas prematuramente por la enfermedad y la privación. Oh Dios mío, misericordia mía, susurra encorvada, mientras el impulso del dolor viaja hacia la médula e ingresa en el cuerpo dorsal de la columna.
 
La sensación se expande por la espalda, tormenta de fuego que arrasa el miedo. Todo desaparece: la celda, el convento, el mundo entero.
 
Y sucede de nuevo. Sabe que tiene los ojos abiertos pero está cegada por la luz. No importa, siente la presencia inagotable de su amado; cómo la recorre, la acaricia, ocupándolo todo.
 
El espacio vibra. Su cuerpo se estremece voluptuoso. Frente a ella, los colores se expanden en una marejada de bermellón y oro.

La religiosa siente la humedad recorrer su hábito. Vuestra soy, para vos nací. Mi corazón de todo está desnudo, dice con voz trémula.
 
Todo termina. Intenta recuperar el movimiento de sus piernas. Ahora late un dolor dulce en el cuerpo llagado. Su Querido respondió la plegaria.

La campana mayor toca tres veces. Por un momento la mujer duda, sabe que no hay muralla capaz de poner alto al Maligno. No me desampares, Señor, porque en ti espero no ser confundida en mi esperanza.

Se arrastra hacia el oratorio y extiende los brazos hacia la cruz. Ruega porque todo sea verdad. Sabe que no hay contento seguro, que el demonio no descansa. Los gozos de la tierra son inciertos.

(Este texto forma parte de la antología de cuento breve Historia de dos ciudades, de la Editorial Pape)