
El país se fue al carajo. Al menos esa
era la sensación que tenía El Alfaqueque cuando caminaba por las
calles desoladas de la ciudad en busca de una farmacia abierta. La
alerta de epidemia tenía a todos encerrados en sus casas, aunque no
faltaban los valientes ―o los descerebrados― a quienes les tenían
sin cuidado el tono alarmista de los medios. Sí, mientras la mayoría
se recluía esperando lo peor, otros seres seguían fieles a sus
costumbres, ocupando su mesa regular en los bares y locales oscuros
que se apiñaban en el Corredor de las Caricias.
Un hombre
promedio no estaría buscando muertos, pero El Alfaqueque no
pertenece a esa categoría. El protagonista de La Transmigración
de los Cuerpos (Periférica, 2013), la reciente novela de Yuri
Herrera, posee un don especial, que lo ha hecho tener un trabajo poco
usual... Y peligroso.
No se puede decir que El Alfaqueque se
arriesgue a la primera de cambio. Menos en medio de estas
circunstancias llenas de promesas. Su vecina, la Tres Veces Rubia,
está solita y algo urgida, ni el gorila de su novio se atreve a
salir por medio a un contagio. Frustrada, la joven se da cuenta de la
presencia del protagonista, cuyas palabras tienen un extraño poder:
fascinan a quien las escucha. Al fin, la chica de sus suspiros lo
invita a pasar a su casa. Un sueño largamente acariciado.
Con una narrativa ágil,
influenciada por el realismo sucio norteamericano, la tercera novela
del mexicano presenta un escenario que no le parecerá ajeno al
lector, pues está inspirado en la epidemia de influenza que mantuvo
a los niños fuera de las escuelas del país, y que suscitó
distintos ataques de pánico (así como el desabasto de tapa bocas,
geles antibacteriales y vacunas) en el año 2009.
En medio de
esta novela negra abundan personajes que seducen de inmediato al
lector. Ahí está la Tres Veces Rubia, esta vecina que vuelve loco a
El Alfaqueque; el Ñándertal, eterno compañero de aventuras, que
tiene una herida honda en el corazón, de esas que no cierran nunca.
También aparece Vicky, una enfermera ruda, quien siempre está a
mano para ayudar al protagonista.
No faltan “los malos”,
los matones del lugar que de cuando en cuando tienen encargos para el
Alfaqueque. Ahora la misión no será tan sencilla, pues habrá que
hacer un extraño intercambio entre familias rivales (los Fonseca y
los Castro): los dos cuerpos de unos jóvenes muertos en extrañas
circunstancias.
La pluma de Yuri Herrera es refrescante. Y es
que si bien aborda temas que son una constante en los últimos años
en la narrativa nacional ―violencia, crimen, ambientes sórdidos―
al final lo que plantea el autor es una historia redonda que muestra
lo que sucede cuando la gente está asustada. Vemos, en este espejo
que deforma la realidad a través de la ficción, pero que a fin de
cuentas nos devuelve la conciencia de nuestra propia imagen, cómo
somos capaces, bajo la sombra de la desconfianza y el miedo, de hacer
cosas terribles.
Yuri me comentó hace unos días, cuando se
presentó en la Feria Internacional del Libro en Arteaga, que él se
toma su tiempo para escribir sus libros. Después de leer La
Transmigración de los Cuerpos, no sé si sus lectores tengamos
la paciencia para esperar lo que sigue. Al igual que su personaje, El
Alfaqueque, las palabras de Herrera producen fascinación.