jueves, 6 de agosto de 2015

La vida me carga en el aire como un gigantesco buitre


La verdad de los dioses
carnales como nosotros y lánguidos
no proviene de la nada
sino del deseo estruendoso del corazón
      partido por el amor

en su estampida por el rostro de un
      adolescente
con su furia delicada
cruzo avenidas insomnes y corrídas
      por la lluvia
mi mano alcanza mi dolor
      presente
y me preparo para un día duro
      amargo y pegajoso
la tarde desploma su azul sobre
      los tejados del mundo
no viniste a nuestra cita y muero
      un poco y me encuentro solo
      en una ciudad de muros
tal vez no sepas del ritual
      del amor como una fuente
     el agua que corre no correrá
         jamás la misma hasta el poniente
mi dolor es un ángel herido
      de muerte
eres un pequeño dios verde
      y riguroso
horarios de muerte ciudades cementerios
      la muerte es la orden del día
la noche viene a raptar lo que
      sobra de un sollozo.

Roberto Piva 
(versión de Rodolfo Mata)

lunes, 22 de junio de 2015

Palabras para seducir los cuerpos


El país se fue al carajo. Al menos esa era la sensación que tenía El Alfaqueque cuando caminaba por las calles desoladas de la ciudad en busca de una farmacia abierta. La alerta de epidemia tenía a todos encerrados en sus casas, aunque no faltaban los valientes ―o los descerebrados― a quienes les tenían sin cuidado el tono alarmista de los medios. Sí, mientras la mayoría se recluía esperando lo peor, otros seres seguían fieles a sus costumbres, ocupando su mesa regular en los bares y locales oscuros que se apiñaban en el Corredor de las Caricias.

Un hombre promedio no estaría buscando muertos, pero El Alfaqueque no pertenece a esa categoría. El protagonista de La Transmigración de los Cuerpos (Periférica, 2013), la reciente novela de Yuri Herrera, posee un don especial, que lo ha hecho tener un trabajo poco usual... Y peligroso.

No se puede decir que El Alfaqueque se arriesgue a la primera de cambio. Menos en medio de estas circunstancias llenas de promesas. Su vecina, la Tres Veces Rubia, está solita y algo urgida, ni el gorila de su novio se atreve a salir por medio a un contagio. Frustrada, la joven se da cuenta de la presencia del protagonista, cuyas palabras tienen un extraño poder: fascinan a quien las escucha. Al fin, la chica de sus suspiros lo invita a pasar a su casa. Un sueño largamente acariciado.

Con una narrativa ágil, influenciada por el realismo sucio norteamericano, la tercera novela del mexicano presenta un escenario que no le parecerá ajeno al lector, pues está inspirado en la epidemia de influenza que mantuvo a los niños fuera de las escuelas del país, y que suscitó distintos ataques de pánico (así como el desabasto de tapa bocas, geles antibacteriales y vacunas) en el año 2009.

En medio de esta novela negra abundan personajes que seducen de inmediato al lector. Ahí está la Tres Veces Rubia, esta vecina que vuelve loco a El Alfaqueque; el Ñándertal, eterno compañero de aventuras, que tiene una herida honda en el corazón, de esas que no cierran nunca. También aparece Vicky, una enfermera ruda, quien siempre está a mano para ayudar al protagonista.

No faltan “los malos”, los matones del lugar que de cuando en cuando tienen encargos para el Alfaqueque. Ahora la misión no será tan sencilla, pues habrá que hacer un extraño intercambio entre familias rivales (los Fonseca y los Castro): los dos cuerpos de unos jóvenes muertos en extrañas circunstancias.

La pluma de Yuri Herrera es refrescante. Y es que si bien aborda temas que son una constante en los últimos años en la narrativa nacional ―violencia, crimen, ambientes sórdidos― al final lo que plantea el autor es una historia redonda que muestra lo que sucede cuando la gente está asustada. Vemos, en este espejo que deforma la realidad a través de la ficción, pero que a fin de cuentas nos devuelve la conciencia de nuestra propia imagen, cómo somos capaces, bajo la sombra de la desconfianza y el miedo, de hacer cosas terribles.

Yuri me comentó hace unos días, cuando se presentó en la Feria Internacional del Libro en Arteaga, que él se toma su tiempo para escribir sus libros. Después de leer La Transmigración de los Cuerpos, no sé si sus lectores tengamos la paciencia para esperar lo que sigue. Al igual que su personaje, El Alfaqueque, las palabras de Herrera producen fascinación.

jueves, 18 de junio de 2015

Canción

Agita un pañuelo blanco
el que se despide.
Cada día acaba algo,
acaba algo muy hermoso.

La paloma mensajera bate el aire con las alas,
de vuelta a casa.
Con esperanza y sin esperanza
siempre volvemos a casa.

Sécate las lágrimas
y sonríe con los ojos llorosos,
cada día empieza algo,
empieza algo muy hermoso.

Jaroslav Seifert 
(versión de Clara Janés)

martes, 2 de junio de 2015

Un día...


UN DÍA
uno iba a ser homero
la obra nada menos que una iliada

después
viendo el paquete
alcanzaba para ser un rimbaud
un ungaretti un fernando pessoa cualquiera
un lorca un éluard un ginsberg

por fin
terminamos siendo el pequeño poeta de provincia
que siempre fuimos
por detrás de tantas máscaras
que el tiempo trató como flores

Paulo Leminski
(versión de Rodolfo Mata)

viernes, 27 de marzo de 2015

Dos poemas de Tranströmer

Kyrie

A veces, mi vida abría los ojos en la oscuridad.
Una sensación como de multitudes ciegas e inquietas,
que pasan por las calles camino de un milagro,
mientras yo, invisible, permanecía inmóvil.

Como el niño que se duerme con miedo
escuchando los pasos pesados del corazón.
Largo tiempo, hasta que la mañana pone sus rayos en la cerradura
y se abren las puertas de la oscuridad.



Visión de la memoria



Una mañana de junio, demasiado temprano
para despertar, pero tarde para volver a dormirse.

Tengo que salir al verdor que está lleno
de recuerdos, y ellos me siguen con la mirada.

No se ven, se funden totalmente
con el fondo, camaleones perfectos.

Estoy a un paso de oírlos respirar
pero el canto del pájaro ensordece.


Tomas Tranströmer
(versión de Roberto Mascaró)

martes, 9 de septiembre de 2014

Adonde quiera que vayamos


Adondequiera que vayamos siempre llegamos demasiado tarde
a aquello que una vez salimos a buscar.
Y en cualquier ciudad en que nos quedamos
están las casas a las que es demasiado tarde para volver
los jardines en los que es demasiado tarde para pasar una noche de luna
y las mujeres a las que es demasiado tarde para amar
lo que nos tortura con su intangible presencia.

Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer
nos llevan más allá de los jardines floridos que andamos buscando
y que difunden por toda la vecindad sus pesadas fragancias.
Y cualesquiera que sean las casas a las que volvemos
llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos.
Y cualesquiera que sean los ríos en que nos reflejamos
no nos vemos hasta que les hemos dado la espalda.

Henrik Nordbrandt (versión de Francisco Uriz)


miércoles, 6 de agosto de 2014

Si muero pronto

Si muero pronto,
Sin poder publicar ningún libro,
Sin ver la cara que tienen mis versos en letras de molde,
Ruego, si se afligen a causa de esto,
Que no se aflijan.
Si ocurre, era lo justo.

Aunque nadie imprima mis versos,
Si fueron bellos, tendrán hermosura.
Y si son bellos, serán publicados:
Las raíces viven soterradas
Pero las flores al aire libre y a la vista.
Así tiene que ser y nadie ha de impedirlo.
Si muero pronto, oigan esto:
No fui sino un niño que jugaba.
Fui idólatra como el sol y el agua,
Una religión que sólo los hombres ignoran.
Fui feliz porque no pedía nada
Ni nada busqué.
Y no encontré nada
Salvo que la palabra explicación no explica nada.

Mi deseo fue estar al sol o bajo la lluvia.
Al sol cuando había sol,
Cuando llovía bajo la lluvia
(Y nunca de otro modo),
Sentir calor y frío y viento
Y no ir más lejos.

Quise una vez, pensé que me amarían.
No me quisieron.
La única razón del desamor:
Así tenía que ser.

Me consolé en el sol y en la lluvia.

Me senté otra vez a la puerta de mi casa.
El campo, al fin de cuentas, no es tan verde
Para los que son amados como para los que no lo son:
Sentir es distraerse.

Alberto Caeiro

Versión de Octavio Paz