lunes, 10 de febrero de 2014

Tres poemas de Julia Hartwig

Desaliento


No fue suficiente recogimiento, ni tampoco suficiente sacrificio
no fue suficiente renuncia, ni tampoco conviviste lo necesario
no pensaste lo suficiente como los otros, ni tampoco fue suficiente lo que entendiste
no fue bastante amor ni tampoco bastante ternura
no mostraste la suficiente grandeza ni tampoco la suficiente humildad ni perseveraste cuando debiste
siempre culpables siempre impuros siempre condenados

Coda


Vacilante demasiado sensible e insensible en exceso
poco creyente pero anhelando tener fe
confiando a pesar de todo en poder tomar algo del festín de la vida
aunque convencida al mismo tiempo de no merecer nada
Siempre buscando aun sabiendo inescrutable el misterio
Extasis fue lo que le tocó en parte
aunque en ocasiones la despojaron de todo
cuanto la hacía estar en paz con la existencia
Experimentó la soledad y la melancolía
como si solo ella existiera
a pesar de saberse una entre otros muchos
Le fue dado conocer el amor
y que sus ojos se abrieran a las maravillas del mundo
La consumía el enigma de la partida
la imposibilidad de conciliarla con la naturaleza del ser
Se esforzaba por revivir el pasado
Acaso perdure lo que en apariencia ha concluido
si fuera algo así no cabe obtener consuelo
Cuando miraba hacia atrás decía:
Muéstrate agradecida Se mostraron espléndidos contigo


Claro, poco claro

Los sentimientos más apasionados
no alumbran a los mejores poemas
ni la música más lograda
ni los cuadros más sublimes
Y no obstante sin ellos
nada podría ver la luz

No cuentas cuando escribes
y sin embargo todo está contado
no te ocultas
pero estás escondida
no te exhibes
mas te ven y te reconocen
Admite
que en todo esto hay algo poco claro


*Traducción Antonio Benítez Burracoy Anna Sorieska (Dualidad, Vaso Roto Ediciones)



sábado, 8 de febrero de 2014

La nostalgia y su peregrinaje


“Aunque logres borrar los recuerdos, o enterrarlos muy hondo, no puedes borrar la Historia”, sentencia pensativo Tsukuro Tazaki, quien ve, a lo largo de los años, cómo la vida parece prescindir de él, dejándolo de lado, aislado, sin un lugar en el mundo.
A los 36 años, el ingeniero se pregunta, gracias al encuentro con Sara -por quien siente una fuerte atracción-, por qué a los 20 años la idea de la muerte lo obsesionaba. No es que el joven pensara en cómo suicidarse, mas bien consideraba que la vida era un tren del cual ya tenía ganas de bajarse, que el sitio en el que se sentiría mejor podría ser una oscura cavidad interminable.
En su reciente libro, “Los Años de Peregrinación del Chico sin Color” (Tusquets, 2013), Haruki Murakami presenta varios temas que son recurrentes en sus obras: la soledad, el amor, los sueños, la nostalgia.
Tazaki se percata de que el pasado sigue junto a él, como un invisible aliento denso y turbio, pero cuya presencia no puede negarse. El ingeniero trabaja en lo que siempre le ha gustado, el diseño y construcción de estaciones de ferrocarril, y en estos lugares, sentado en una banca, contempla el ir y venir de las personas, de las parejas, de los amigos, de los padres. Tazaki observa todo esto desde su solitud y se sabe extraño; él no posee ningún lazo afectivo sólido, sus amigos más queridos decidieron cortar toda relación con él, con el estudiante cortés y sosegado, con el chico sin color.
A diferencia de las historias más intrincadas que ha mostrado el escritor japonés en libros como “Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo”, “Kafka en la Orilla” y “1Q84”, en esta novela la trama se centra sólo en el periplo que vive el protagonista con el objetivo de buscar una respuesta a la pregunta que lo ha perturbado durante los últimos 16 años: ¿por qué sus amigos lo abandonaron?, dejando que se hundiera, sin explicación alguna, en el océano caótico de emociones e ideas que lo llevaron al borde de la muerte. Durante casi dos décadas Tsukuro ha vivido con “sus sentimientos guardados en el vacío de su corazón”.
Estos cuatro amigos que rompieron con el joven, dos chicas y dos chicos, tienen un “color” en sus apellidos, por lo que solían llamarse Mister Red, Mister Blue, Miss White y Miss Black. Tazaki era el único que no tenía color, y ahora, a la distancia, él piensa que ese vacío lo ha mantenido alejado de los demás, que ha provocado que sufriera un abandono tras otro.
En este viaje Tsukuru buscará esos sentimientos largamente ocultos, ya empolvados, para sanar una herida que, ahora lo sabe, siempre ha permanecido abierta.
“Los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen más bien, herida con herida,. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad. No existe silencio sin un grito desgarrador, no existe perdón sin que se derrame sangre, no existe aceptación sin pasar por un intenso sentimiento de pérdida”, reflexiona el joven, después de experimentar sueños perturbadores, experiencias dolorosas y charlas cargadas de melancolía, de la certeza de que el pasado no puede ser recobrado.
En “Los Años de Peregrinación del Chico sin Color” nos topamos con un Murakami nostálgico, que relata su historia al compás de las notas de “Le mal du Pays”, de Franz Liszt. Y, al igual que Tsukuru, llegará el momento en que debamos sentarnos a contemplar nuestro interior, y pensaremos en aquella época, en la que creíamos ciegamente en algo, pues éramos capaces de creer ciegamente en algo... “Esa emoción no puede haberse desvanecido del todo."

miércoles, 15 de enero de 2014

La poesía es más que la vida...

La primera vez que Juan Gelman escuchó a la poesía fue en voz de su hermano. Los versos de Pushkin, el gran escritor ruso, intrigaron de inmediato al niño de 5 años que nació en Argentina, el primero de una familia que emigró de Ucrania. Años más tarde, decidió escribir sus propios poemas y “la cosa siguió”.
En los ojos luminosos del escritor se puede intuir un pasado plagado de letras. Atrás de su obra también están el dolor de la pérdida, el amor aterido, la soledad que acecha ingente. Sí, como el argentino sostiene en sus versos “no hay remedios, / no hay farmacias del alma”, pero en ocasiones los versos son esa suerte de bálsamo que ayuda a encarar el mundo.
Hoy, a los 81 años y con reconocimientos como el Premio Cervantes y el Premio Reina Sofía, el autor de “Gotán” se declara insatisfecho, quizá la razón por la que sigue escribiendo poemas.
Juan Gelman, un “mexargen” orgulloso, comparte anécdotas, reflexiones, y también algunas bromas, sobre su quehacer literario.


-Aunque también se le conoce por su trabajo periodístico, sin duda es su obra poética la que más seduce a los lectores, ¿cuándo inició su vocación como poeta?
“Yo soy de una familia de origen ucraniano que emigró a la Argentina, y soy el único argentino en la familia. Mi hermano mayor me recitaba a Pushkin en ruso, yo tenía 5 ó 6 años y eso me introducía a un mundo diferente a todos los que vivía en general, en la calle, en la escuela, en la casa. Y yo acosaba a mi hermano para que me siguiera recitando los poemas de Pushkin, eso para mí era un transporte a otro lugar. Creo que eso me marcó y, desde luego, la lectura. Esto lo pensé o lo supe muchos años después. Claro hay un momento de la adolescencia en el que todos escribimos poemas, porque si no, no seríamos adolescentes (ríe). Pero la cosa siguió, tenía un compañero de la escuela que era como un hermano para mí, que también escribía, entonces empezamos a intercambiar poemas, a leernos, y la cosa siguió, siguió creciendo... Como hasta ahora”.

-Para muchos lectores sus poemas son como un bálsamo para el corazón, pero ese no siempre es el caso del escritor que les da vida...
“En mi caso, porque no se puede generalizar, me mueve la necesidad de escribir. Ayer me preguntaba un poeta francés si yo me levantaba en las mañanas y escribía. Pues no, yo creo que lo hizo irónicamente, porque es un gran poeta y sabe que no es así, que uno no escribe cuando quiere, que uno escribe cuando quiere la señora poesía. Cuando se escribe salen cosas que uno mismo no se da cuenta que las escribe, es decir, no hay una predeterminación como puede ocurrir con otros géneros literarios. A veces con la novela, me cuentan novelistas, que de pronto se les escapan los personajes y se convierten en otra cosa distinta a lo que pensaban, o en el teatro ocurre también, pero en poesía eso ocurre de un modo absoluto”.

-Y de igual forma pasa con las palabras, en sus poemas encontramos palabras nuevas o que se transforman...
“Lo que ocurre es que el lenguaje tiene límites, a pesar de que se viene creando hace muchos siglos. Todavía no alcanzamos a nombrar, no definir siquiera, a nombrar muchas cosas. Allá está cayendo una cascada de agua que hace un ruido muy particular, no es el mismo ruido de la lluvia, entonces cómo se nombra eso. Los neologismos y todo aquello también han surgido por necesidad, no es un juego, es para tratar de buscar la mayor precisión posible para nombrar algo”.

-Tal vez sea como escribió Octavio Paz, que la poesía revoluciona el lenguaje...
“En todo caso no es voluntario. Yo creo que la poesía es lenguaje calcinado, pienso eso. Es decir, es el extracto de la lengua”.

-¿Cómo se recorre una vida a través de los poemas o, al momento de juntarlos todos, cómo ve su vida a través de lo que ha escrito?
“Los leo y digo podría haber escrito mejor. La insatisfacción es permanente, entonces de eso no hablo porque hay quien me dice que mis poemas le gustan mucho, y yo me siento no realizado todavía en la poesía. Tal vez por eso sigo escribiendo, para ver si agarro a la señora por la cola y se quede conmigo un rato. Siempre hay una insatisfacción con lo escrito”.

-¿Habrá algunas cuestiones que lo interesaron en alguna época, algunas preocupaciones? Ya sabe que a los lectores nos gusta traducir al poeta...
“Lo que tiene de bueno el lector de poesía es que hace su propia lectura, en ese sentido vuelve a escribir el libro”.

-¿Y la poesía amorosa es una constante?
“Poemas amorosos he escrito a lo largo de toda mi vida por una razón, yo tenía que seleccionar unos poemas de amor, que de hecho voy a leer esta noche (ayer), y la directora del espectáculo se rió, y le pregunto por qué te ríes, y me dice, ‘porque vas a tener mucho trabajo’. Y sí, tuve muchísimo trabajo. Yo creí que era un poeta revolucionario y resulta que no, que soy un poeta del amor (ríe)”.

-También están los Poemas de ‘Sidney West’ que tienen un tono muy distinto...
“Sí, por supuesto. Mi hijo me dijo que era un libro cómico y me parece que sí. Yo creo que es muy difícil la comicidad en arte porque creo que es la forma más extrema de la tragedia, la comicidad, no la diversión. Ese libro lo escribí porque, yo no sé, a mí me ocurre que cada que se me acerca un decenio de edad la idea de la muerte se hace muy presente. Y yo estaba por cumplir 40 y bueno, fue una forma de sacar adelante esa obsesión”.

-Los poemas son para escucharse, ahí está Neruda con sus poemas musicales y varios lectores pensamos lo mismo de su obra, que tiene un ritmo inconfundible...
“El ritmo es esencial en cualquier arte. En la música ni hablar, pero en la poesía también, en la pintura. Es la ley de la economía en el arte y claro que uno cuando escribe no es que trate, lo que pasa es que debe haber una música y la música del poema tiene un significado en sí que está íntimamente relacionado con el significado de las palabras, porque no se escribe sobre el furor con la misma música de la palabra que sobre el amor, a menos que sea un amor desgraciado, entonces uno se enoje un poco (sonríe). 
"No son cosas mutarias, uno no puede decir ‘ahora voy a escribir un poema terrible porque esta mujer no se qué’, no. Y el tema de la música, bueno, es una cuestión de oído, que uno no se da cuenta cuando escribe, pero es así”.

-Cómo describiría el lugar que ocupan Argentina y México en su corazón?
“El problema lo tengo cuando juegan Argentina y México (ríe), pero yo no estuve exiliado en México, mi decisión de vivir en México fue voluntaria. A los exiliados que vivieron muchos años en México, y que por cierto le tienen muchísimo cariño a la gente, las cosas, los llaman argenmex, pero yo soy un mexargen, al revés. Yo acá me voy a quedar, no creo que me toque tocar el violín en otro bar”.

- Tal vez deberíamos buscar la poesía con más entusiasmo, sobre todo en tiempos aciagos como los que vivimos ahora...
“Los tiempos nunca le han impedido a la poesía existir. Tiene 50 siglos de existencia conocida y en esos 50 siglos ha pasado de todo, guerras, pestes, inundaciones, en fin, desastres naturales y otros provocados por el hombre y, sin embargo, la poesía sigue ahí existiendo. Como dijo Gular, un gran poeta brasilñeo, ‘la poesía es más que la vida’”.

-¿Y cómo serán los poemas del mañana?, se lo menciono por el título de su antología ‘En el Hoy y Mañana y Ayer’ (UNAM, 2000)...
“Yo creo que la poesía va a seguir en lo mismo, en lo de siempre. Hay temas eternos, lo que pasa es que con la época se abordan de otra manera, el desarrollo de la lengua también, pero el tema del amor, la muerte y todo lo demás viene del fondo de los siglos. El gran poeta japonés Basho, que le dio la forma definitiva al haikú en el siglo 16, decía que no hay que imitar a los antiguos, hay que buscar lo que ellos buscaron, y qué buscaron, la poesía”.

-¿Qué sigue en su obra literaria, comenta que sigue escribiendo poesía?
“Acabo de publicar un libro y podría decir que estoy en una depresión postparto. Además, repito, uno no escribe cuando quiere. Me puedo pasar meses sin escribir, en una ocasión me pasé cuatro años sin escribir y es inútil forzar eso, no se puede. Se escribe cuando hace falta, cuando a uno realmente le hace falta”.

*Texto publicado en Zócalo Saltillo el 10 de septiembre de 2011.

martes, 31 de diciembre de 2013

Los años se van

Los años se van... Y, sí, es como el tren:
nos adelantamos a todo y los años se quedan
como el paisaje detrás de los cristales de este viaje
que el sol aclaró o empañó la helada.
Cómo se ordenan los sucesos en el espacio:
algo se vuelve prado, algo árbol se vuelve,
algo a construir el cielo se fue a ayudar...
la mariposa y la flor existen, ninguna miente:
la transformación no es una mentira...

Rainer María Rilke

sábado, 28 de diciembre de 2013

Mis recomendaciones literarias del 2013



El 2013 fue un año que dejó varios libros: antologías, novelas, poemarios, cuentos. La oferta literaria de los últimos meses cuenta con ejemplares que atraparon mis tardes y noches durante largas horas con historias entrañables o poemas luminosos. Les dejo mi lista de recomendaciones de este año que está a punto de terminar.

La Verdad sobre el Caso Harry Quebert. Joël Dicker. Alfaguara
“Todo el mundo hablaba del libro”. Con esta frase inicia la primera novela que Joël Dicker publica en español, una descripción que se ajusta perfecto a lo que está sucediendo en México con “La Verdad sobre el Caso Harry Quebert”.
La historia tiene como protagonista a Marcus, un prometedor escritor que tuvo una primera novela muy exitosa, pero que después sufre el mal de la página en blanco, lo que pone en riesgo el jugoso contrato que tiene con una prestigiosa editorial de Nueva York.
Para salir del paso, el joven viaja a la casa de su maestro y amigo, Harry Quebert, una celebridad de la literatura norteamericana. En medio de este encuentro se descubre el cadáver de una joven de 15 años que se creía desaparecida. Un hallazgo que perturbará a la pequeña ciudad de Aurora y que pondrá a Marcus a escribir de nueva cuenta.
A lo largo de la novela,  y antes de cada capítulo, aparecen pequeños textos que son los consejos que Harry le hace a Marcus sobre cómo ser un buen escritor. De acuerdo al autor, estas pequeñas lecciones conforman una suerte de obra paralela de la historia principal, en la que se combinan una narración vertiginosa, un caso policiaco con el toque justo de misterio y suspenso, y la fórmula mágica que comparte el protagonista con los lectores: “Hay dos cosas que dan sentido a la vida: los libros y el amor”.

En el Lejero. Evelio Rosero. Tusquets
Publicada originalmente hace una década en Colombia, “En el Lejero” apareció este año en las librerías mexicanas, pero para los lectores de nuestro país es incuestionable la vigencia de la historia de Jeremías Andrade, un hombre que, contra toda esperanza, busca a su nieta perdida en un pueblo sórdido y oscuro.
El viejo se topa de frente con el miedo, con la indiferencia, con la violencia que es capaz de arrebatarte con crueldad a lo que más amas. De hecho, el autor escribió este novela basándose en la realidad que se vivió en los andes del sur colombiano, en donde los secuestros y las desapariciones se contaron por cientos.
Jeremías tiene que buscar a su Rosaura en el perdedero, en el Lejero, una denominación que describe a un sitio tan poderoso en el que se reúnen los extraviados, los olvidados, las memorias de otro tiempo.


La Simetría de los Deseos. Eshkol Nevo. Océano

Si pudieras pedir un deseo ¿cuál sería? Esta pregunta circula por nuestras mentes con mucha frecuencia, cuando las velas de un pastel de cumpleaños relucen frente a nuestro rostro, cuando resuenan las campanas que anuncian el año nuevo. Un grupo de cuatro jóvenes amigos (Yuval, Amijai, Ofir y Yoav) decide, tras ver el partido final del Mundial de 1998, escribir tres de esos anhelos que esperan ver cumplidos en la próxima copa del mundo.
En cuatro años la vida puede cambiar de muchas formas. El hado puede conducirnos por sendas totalmente inesperadas. Y es que, a la vuelta de los meses, como sostiene Yuval Fried –quien relata la historia- “Es difícil cuantificar y calcular la lejanía, la proximidad, la lealtad, la infidelidad, el amor o la nostalgia”.
Narrada en forma ágil, esta novela –la primera que publica Eshkol Nevo en español- muestra esas piezas entrañables de las que se compone  la vida: la amistad, el amor, la desesperanza,  la lucha contra el olvido. Sin sospecharlo, estos amigos verán cómo sus deseos se unen con una simetría perfecta, un trazado oscilante que permite medir la vida de triunfo en triunfo, de fracaso en fracaso, de mundial en mundial.

 
Los Trinos que se extinguen. María Polydouri. Vaso Roto
Dueña de una voz intensa, pero breve, María Polydouri escribió dos libros esenciales para la poesía griega del siglo 20: “Los Trinos que se Extinguen” (1928) y “El Eco en el Caos” (1929). En su breve, pero intenso legado –murió a los 28 años víctima de la tuberculosis- se encuentran poemas sueltos, una novela inacabada y varios diarios.
Y justo el primer título aparece íntegramente traducido por primera vez al español, gracias al acucioso trabajo de Manuel Macías –que además ofrece a los lectores un maravilloso poema de Kostas Karyotaquis en la introducción del libro.
La muerte, el amor, el deseo, la soledad, el tiempo breve de los hombres, son algunos de los temas que trata la escritora griega. Sus versos  tienen esa pátina de nostalgia en la que radica la comprensión de la belleza y su fugacidad:
Pero ahora su corazón guarda silencio,
y tan solo su amor permanece
y camina.
Y todos nos decimos “es su sombra la que va errante”.
“Es la triste/ sombra del poeta."

Antología. La poesía del Siglo XX en Brasil. Edición de José Javier Villarreal. Visor/ UANL
Existen poemas que nos revelan, a veces sin tener idea de ello, las imágenes y sensaciones que cargamos en el alma. José Javier Villarreal logra reunir una serie de epifanías poéticas, de esas que calan hondo en la memoria, en una antología bilingüe de poesía brasileña del siglo 20 que forma parte de la colección La Estafeta del Viento de la editorial Visor.
Como describe el editor en el prólogo del libro: “El arte se nos vuelve cuerpo, respiración, miradas que nos sitúan en el corazón de la memoria donde sólo  hay sujetes que, al verse, se reconocen y nombran”.
Esta publicación permite rastrear algunos de los temas que han marcado los versos del país sudamericano durante los últimos años –el amor, la memoria, el cuerpo, el deseo, la pasión, la rebeldía y un largo etcétera– y observar “el sentido sonoro de las palabras”, como escribe Manoel de Barros en su poema “Nadie”.
El lector puede encontrar a 245 autores medulares del siglo pasado: Manuel Bandeira, Jorge Lima, Maurilo Mendes, Carlos Drummond de Andrade, Haroldo de Campos, Vinicius de Moraes, Lêdo Ivo –de quien aparece un poema cedido a José Javier justo para esta edición-, Ana Cristina César, Adélia Prado, entre otros.
Con una traducción en la que se siente la pluma del poeta, estos poemas nos recuerdan, como escribió Vinicius de Moraes, que “Para eso fuimos hechos / Para recordar y ser recordados …”

Otras recomendaciones


Poesía

  • Del Crear y lo Creado. Poesía Completa 1983-2011. Hugo Mujica. Vaso Roto
  • El Lugar donde Duele. Hamutal Bar Yosef. Vaso Roto
  • Mal de Graves. Francisco Hernández. Almadía
  • Material del Deseo. Antología Poética. J.M. Caballero Bonald. La Otra/ UANL
  • Una Tribu de Salvajes Improvisando a las Puertas del Infierno. Antología Beat. Aldvs/ UANL


Novela

  • La Fila India. Antonio Ortuño. Océano
  • Londres Después de Medianoche. Augusto Cruz. Océano
  • Los Años de Peregrinación del Chico sin Color. Haruki Murakami. Tusquets


Cuento

  • El Matrimonio de los Peces Rojos. Guadalupe Nettel. Páginas de Espuma


Crónica
  • El Karma de Vivir al Norte. Carlos Velázquez. Sexto Piso

Ensayo
  • Las Penas del Guardador de Rebaños. Tras la Huella del Polifemo. José Javier Villarreal. Fondo de Cultura Económica.



jueves, 12 de diciembre de 2013

Una versión de un poema de e.e. cummings


Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo

Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo.
Es algo tan completamente nuevo.
Los músculos están mejor y los nervios más.
Me gusta tu cuerpo, me gusta lo que hace
Me gustan sus recovecos, me gusta sentir la columna
de tu cuerpo y sus huesos, y ese temblor
suavemente-firme que
una y otra y otra vez besaré,
me gusta besarte aquí y allá
me gusta, acariciar lentamente el vello de tu piel electrizante,
y cuando me derramo en ti sobre tu carne abierta...
Y tus grandes ojos, migas de amor.

Y me gusta, posiblemente, la emoción
al sentirte a ti, completamente nueva, bajo mi cuerpo.




I like my body when it is with your body


I like my body when it is with your
body. It is so quite new a thing.
Muscles better and nerves more.
I like your body.  I like what it does,

I like its hows.  I like to feel the spine
of your body and its bones, and the trembling
-firm-smooth ness and which I will
again and again and again
kiss, I like kissing this and that of you,

I like, slowly stroking the, shocking fuzz
of your electric furr, and what-is-it comes
over parting flesh….And eyes big love-crumbs,

and possibly I like the thrill

of under me you so quite new.

e.e. cummings

lunes, 9 de diciembre de 2013

El patio de la infancia


Recuerdo los viejos días
el patio de baldosas amarillas seguía vivo
tú tenías doce
trece
quince años.
Ahora es difícil recordarlo
la memoria tiene sus trucos.

Una vez
sola una
saltamos la verja del patio
nuestras miradas se encontraron
cómo nos asustamos
al ver la cara de la otra
roja, sudorosa por el esfuerzo.
Éramos felices
nosotras
un montón de chicas.

Me asombra que tanta risa tuviera espacio
que se multiplicaran los rostros
ahítos de esperanza
tantos como baldosas amarillas
tenía aquel patio.
Tú y yo
sentadas en una banca de cemento
ignorantes de que el tiempo corre rápido
de que la vida pasa por encima
sin fanfarrias ni avisos.
Muchas no lo recuerdan
no existe un calendario fiel
nadie puede medir el tiempo
en números y cruces rojas.

Miro las fotos que guarda mi madre
las que no necesitan flashdrives
sino tinta y mucha suerte
los rostros felices me hacen preguntas
y no dudo
celebré los requiebros del deseo
el éxtasis de los sentidos
la ternura
arriesgué todo a pesar de los pronósticos.
Runas de cobre
esas baldosas siguen
multiplicándose en el patio.