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jueves, 12 de diciembre de 2013

Una versión de un poema de e.e. cummings


Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo

Me gusta mi cuerpo cuando está con tu cuerpo.
Es algo tan completamente nuevo.
Los músculos están mejor y los nervios más.
Me gusta tu cuerpo, me gusta lo que hace
Me gustan sus recovecos, me gusta sentir la columna
de tu cuerpo y sus huesos, y ese temblor
suavemente-firme que
una y otra y otra vez besaré,
me gusta besarte aquí y allá
me gusta, acariciar lentamente el vello de tu piel electrizante,
y cuando me derramo en ti sobre tu carne abierta...
Y tus grandes ojos, migas de amor.

Y me gusta, posiblemente, la emoción
al sentirte a ti, completamente nueva, bajo mi cuerpo.




I like my body when it is with your body


I like my body when it is with your
body. It is so quite new a thing.
Muscles better and nerves more.
I like your body.  I like what it does,

I like its hows.  I like to feel the spine
of your body and its bones, and the trembling
-firm-smooth ness and which I will
again and again and again
kiss, I like kissing this and that of you,

I like, slowly stroking the, shocking fuzz
of your electric furr, and what-is-it comes
over parting flesh….And eyes big love-crumbs,

and possibly I like the thrill

of under me you so quite new.

e.e. cummings

viernes, 21 de diciembre de 2012

Con quién haré el amor



En este vaso de ginebra bebo
los tapiados minutos de la noche,
la aridez de la música, y el ácido
deseo de la carne. Sólo existe,
donde el hielo se ausenta, cristalino
licor y miedo de la soledad.
Esta noche no habrá la mercenaria
compañía, ni gestos de aparente
calor en un tibio deseo. Lejos
está mi casa hoy, llegaré a ella
en la desierta luz de madrugada,
desnudaré mi cuerpo, y en las sombras
he de yacer con el estéril tiempo.


Vuelve la hora feliz. Y es que no hay nada
sino la luz que cae en la ciudad
antes de irse la tarde,
el silencio en la casa y, sin pasado
ni tampoco futuro, yo.
Mi carne, que ha vivido en el tiempo
y lo sabe en cenizas, no ha ardido aún
hasta la consunción de la propia ceniza,
y estoy en paz con todo lo que olvido
y agradezco olvidar.
En paz también con todo lo que amé
y que quiero olvidado.


Volvió la hora feliz.
Que arribe al menos
al puerto iluminado de la noche. 


Francisco Brines