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jueves, 25 de julio de 2013

Barrio recuperado

Ya nadie ve la hermosura de las calles, escribió el argentino Jorge Luis Borges al referirse al barrio, a ese trozo de ciudad que guarda las costumbres y las historias de antaño.

No hay que esperar a que se derrumbe el cielo, como prosigue el poeta, para valorar esas viejas baldosas que pisaron nuestros padres cuando eran unos chiquillos que corrían desaforados en pos de una pelota.

Valdría la pena tomarnos una tarde, un día o una semana sabática, para apreciar el sabor del pan que se hornea en las panaderías del Centro Histórico de Saltillo, para husmear entre los cachivaches de los bazares de antigüedades, en busca de una lámpara como las que usaba el abuelo para leer el periódico.

En el barrio se tejen historias, como los sarapes que se niegan a desaparecer gracias a los artesanos que se forjan en la Escuela La Favorita, o los relatos que viven en los objetos que resguarda en una entrañable exposición en el Centro Cultural Casa La Besana.

Fue en Bravo donde Mario Herrera resguardó pinturas, bocetos y dibujos de su padre, el pintor Rubén Herrera, cuando decidió, a los 10 años de edad, que esa obra debía quedarse en su ciudad natal. Y es en estas calles que se cazan fantasmas en viejas casonas o, por el contrario, se intercambian risas, música y arte en bares que convierten la noche en una fiesta.

El corazón de la ciudad late en sus barrios, por eso, a la manera de Borges, hay que echarnos a caminar por las calles “como por una recuperada heredad”, que promete, tras cristales y puertas, las generosidades de esas historias de amor, de soledad, de felicidad y de esperanza que todos compartimos.


*Un texto a propósito del 436 aniversario de Saltillo, que abre el suplemento de aniversario publicado por Zócalo.

viernes, 29 de marzo de 2013

El primer coro de la roca


Se cíerne el águila en la cumbre del cielo,
El cazador y la jauría cumplen su círculo.
¡Oh revolución incesante de configuradas estrellas!
¡Oh perpetuo recurso de estaciones determinadas!
¡Oh mundo del estío y del otoño, de muerte y nacimiento!
El infinito ciclo de las ideas y de los actos,
infinita invención, experimento infinito,
Trae conocimiento de la movilidad, pero no de la quietud;
Conocimiento del habla, pero no del silencio;
Conocimiento de las palabras e ignorancia de la Palabra.
Todo nuestro conocimiento nos acerca a nuestra ignorancia,
Toda nuestra ignorancia nos acerca a la muerte,
Pero la cercanía de la muerte no nos acerca a Dios.
¿Dónde está la vida que hemos perdido en vivir?
¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en conocimiento?
¿Dónde el conocimiento que hemos perdido en información?
Los ciclos celestiales en veinte siglos
Nos apartan de Dios y nos aproximan al polvo.

T.S. Eliot
(Traducción: Jorge Luis Borges)