sábado, 25 de agosto de 2012

En el camino


Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.

No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.

Recuérdalo, hubo un río.
                                                    Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.

Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

Aún estamos aquí.
                                      Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.

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El viajero

                                                               Para Javier Egea

Te acompañaban siempre los violines.
Tus poemas estaban en ti como los peces
en el fondo de un río.

Eso es lo que vi en ti:
peces en el desierto,
música amenazada.
Te vi hacer bosques y subir montañas,
te vi cavar abismos con tus manos.
No supe dónde ibas.

Te vi buscar la sombra entre la luz,
te vi buscar la muerte entre la vida,
y no pude entenderte.

Yo no sé qué has ganado, pero sé qué has perdido:
tu música,
                      tus peces,
                                            tus montañas azules.

No puede ser feliz quien entierra un tesoro.
No puede ser feliz
quien envenena el agua de su vida.

Benjamín Prado

jueves, 2 de agosto de 2012

Vouyerismo literario


Para algunos el escritor norteamericano Raymond Carver es un narrador de segunda que puede ofrecer poco en comparación con autores como Truman Capote, Philiph Roth o Norman Mailer, por citar algunas de las estrellas que forman parte de la constelación literaria norteamericana. Sin embargo, tras su prosa directa y alejada de abalorios verbales, se esconde una descripción descarnada de los personajes que pululan detrás de las pulcras fachadas de las casas suburbanas o entre las sombras mortecinas de los callejones.
Catalogado como miembro del “realismo sucio” –un término que desagrada a muchos de sus seguidores–, junto a Richard Ford, Tobias Wolff y Charles Bukowsky, Carver pertenece a un grupo de narradores nacidos entre 1920 y 1945.
Otra etiqueta lo considera “el padre del minimalismo literario estadounidense”, pero la narrativa no fue su único motivo de inspiración, también escribió poesía y al momento de su muerte, a los 50 años edad, ya era un afamado escritor, lo que para sus detractores significa que era un “autor de moda”.
Hijo de un padre alcohólico que trabajaba en un aserradero y una madre camarera, Carver tuvo contacto con varios de los personajes que protagonizarían sus futuros escritos, que tuvieron cabida en publicaciones como el New Yorker y Esquire. Él mismo fue alcohólico y al hombre de esa etapa solía llamarlo “Raymond el malo”,  pero alentado por su segunda esposa y editora, la poeta Tess Gallagher, permaneció sobrio los últimos 10 años de su vida.
Algunos de los títulos del norteamericano, que en español son editados por Anagrama, son Si me Necesitas Llámame, Short Cuts, Tres Rosas Amarillas, De qué Hablamos Cuando Hablamos de Amor y ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
Uno de los libros fundamentales de este autor es Catedral (Anagrama, 2002). En 205 páginas Carver hilvana una serie de historias cortas que provocan al lector la sensación de ser un vouyerista que se asoma, durante brevísimos instantes, a un momento trascendental de otro ser humano.
Catedral presenta una serie de relatos que se erigen sobre vidas ordinarias y se construyen con detalles minuciosos, labrados con precisión demoledora. Personajes con los que nos topamos todos los días, que rozamos en la parada del camión, escuchamos en el supermercado o hemos visto trabajando en algún cubículo cercano.
Empleados, amas de casa, desamparados, perdedores, todos cargando su humanidad a cuestas. Y Carver no sólo describe a estos seres ordinarios, los exhibe bajo una luz potente, que no permite que se esconda defecto alguno.
Plumas, Vitaminas, El Tren y Catedral, que le da título al libro, son algunos de los textos que llaman poderosamente la atención. Y es que atrás de una prosa sencilla, de oraciones cortas y certeras –a la que algunos tildan de fácil y sobrevalorada–, se esconde la observación aguda, maximizada por la capacidad microscópica de este autor, al que vale la pena echar un vistazo
Sus relatos tensan los nervios del lector, quien intuye una amenaza que repta desde su escondrijo para mostrarse, en algunas ocasiones aparece totalmente, en otras sólo se asoma como una especie de reto, como insinuando que hemos visto reflejada nuestra propia existencia.




martes, 31 de julio de 2012

Paseo de los tristes


Pero no sobre mí, no sobre ti,
No por encima, enorme, sin tiempo, alucinado,
Si no en la historia triste de los huesos.

Aquí habita el dolor:
Ese salvaje cobrador diario
Que llega, empuja, nos derriba
Y queda.
  

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En la radio dijeron que saliste temprano,
La falda, camisa con dibujo,
El pelo negro y lacio,
La mirada de siempre.

Decían que eras alta y joven, casi triste,
Que ni siquiera hablabas por no perder el paso,
Que te habías marchado de la vida
Por un extraño amor.

Yo sentí como un vómito, pero miré a la calle:
No era posible verte tan sola, tan distante,
Tan desaparecida,
Tan imposiblemente ajena del naufragio.

Sin embargo vinieron,
Vinieron a mi casa a preguntar


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Lo terrible no es la calle sola,
El andén como un reto,
Los trenes que perdimos.

Lo terrible no es ni siquiera el dolor.

Lo que duele terrible y zarandea
es que ya sólo queda
recurrir a la vida por tus ojos
que son una distancia casi absurda,
que son un túnel negro de esperanza.


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Ni la frente en orillas de yerba soñadora
-ya ni siquiera tú como testigo fiel-
Ni el corazón viajero sobre ginebra o mar.

Qué gran error –la trampa- los pensamientos bellos,
Tus ojos, la pasión, aquello de la vida.


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¿Cómo me vas a querer tú a mí
con ese borbotón inevitable de odio
que llevas por las venas?

¿Cómo te voy a querer yo a ti
 con ese borbotón inevitable de odio 
que llevo por las venas?


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                         -a la deriva, amor, a la deriva
                         Miguel Hernández

Ven a ver el amor hecho jirones

Ven a ver el amor:
ese caballo muerto flotando por las venas
a la deriva, amor, a la deriva

Javier Egea

domingo, 29 de julio de 2012

Reflexión, miseria y desencanto


La vida no le mostró su mejor cara a Michael K cuando llegó al mundo en las manos de una partera sudafricana, quien miró con ojos entristecidos su labio leporino. La comadrona le muestra a la madre su hijo y después el sentimiento de culpa le obliga a agregar: “debería alegrarse, traen buena suerte al hogar”.
Pero la fortuna jamás se apareció en la vida de Michael K, ni en la de su madre, Anna K, que ve pasar los años a través del agua turbia de un cubo de agua, la lejía que impregna sus dedos cubiertos de ampollas y las baldosas interminables que limpia todos los días.
En un país dividido por la guerra civil, el racismo y un gobierno restrictivo, Michael K sigue los pasos de su madre y consigue un trabajo anodino en el departamento de Parques y Jardines de Ciudad del Cabo. Apartado por su aspecto y un leve retraso mental que le impidió concluir la educación básica, este hombre que difícilmente levanta la vista y no pronuncia una palabra de más, parece ser un observador ajeno a los acontecimientos que sacuden Sudáfrica.
Vida y Época de Michael K (Mondadori, 2003) le valió a J. M. Coetzee su primer premio Booker Prize y su entrada a las librerías de todo el mundo. El autor nacido en Ciudad del Cabo y cuya obra narrativa lo convirtió en 2003 en Premio Nobel de Literatura, cuestiona en esta novela el régimen del apartheid y revela las entrañas de un sistema que maniata al hombre y lo convierte en una especie de esclavo, en un ser oscuro incapaz de sentir esperanza, deseo y el anhelo de la libertad.
 Con una narrativa austera, pero no por ello menos descarnada, Coetzee retrata el pequeño purgatorio en el que viven madre e hijo. Un día, Anna K enferma y frente a un sistema médico que no le procura alivio, sólo un puñado de pastillas inútiles, suplica que la dejen marcharse, una petición que se pierde entre los lamentos de “decenas de víctimas de puñaladas, palizas y heridas de bala”.
Michael K llega al hospital para recoger a su madre y la zozobra se cierne sobre él al contemplar a esta mujer estoica y trabajadora transformada en una anciana frágil, cuyas piernas no le responden. Al verse enfrentada a la realidad, a “lo indiferente que es el mundo en tiempo de guerra con una anciana que sufría una enfermedad desagradable”, Anna sueña con abandonar esta ciudad sin futuro para regresar al campo apacible de su juventud.
El hombre decide cumplir la última voluntad de su madre, embarcándose en una odisea que lo conducirá no a Prince Albert, el sitio en que nació su madre, sino a un recorrido marcado por la miseria y la desesperanza. Campos de trabajo, hospitales, muerte, robo, extorsión y un entorno adverso que pone de manifiesto lo peor de la raza humana, labrarán en K ese dolor que sólo acompaña a los solitarios, a los desamparados, a los abandonados por el mundo.
Una tierra impredecible, en el que la injusticia se cierne como ave de rapiña impía y feroz, es descrita imprecisa y dura por K. “Tienes trabajo. La vida es difícil en el mundo de ahí afuera, lo has visto, no necesito decírtelo. ¿Para qué quieres unirte a ellos” Le pregunta un centinela al protagonista cuando éste es arrestado y conducido a un campamento de trabajo. K sólo quiere marcharse, regresar a su vida de jardinero y alejarse de los niños que estremecen la noche con su llanto de hambre, de los viejos enfermos, de las enfermeras que sólo recetan brandy y aspirinas.
 “Se parece a una piedra, un guijarro que, tras haber estado tranquilamente en la tierra, ocupándose de sus cosas desde el origen de los tiempos, de repente ahora lo recogen y lo lanzan al azar, pasando de mano en mano”, es la descripción que hace de K uno de sus compañeros de encierro. Como la odisea, Michael K continúa su viaje hacia sí mismo, intentado repeler el odio, la sinrazón y la muerte. Dioses, hombres, esclavos, todos se mezclan en la historia que Coetzee tejió con los hilos de la reflexión y el desencanto.

viernes, 27 de julio de 2012

Llegó el tiempo...


Llegó el tiempo de las aguas
Pero no aquellas a las que el mar les grita su cauce.
Llegaron los torrentes viejos, los del tedio
Que rodean los coches con desgana
que lavan las farolas de sebo amargo.

Nadie dijo una palabra a su llegada
Acostumbrados a su paso fatigoso, 
a su aspecto de leche sucia y desnatada.
Nadie levantó la mirada al cielo, 
en busca de una oquedad pequeña, luminosa.

Miro el morro de los autobuses, goteando sin pausa.
Y yo sigo aquí,
esperando una voz que susurre una canción junto a mi oído.

martes, 29 de mayo de 2012

Entrevista para Escaparate Saltillo: Líderes en la Comunicación


1.- Nombre completo
Sylvia Georgina Estrada Bernal

2.- Tiempo en la comunicación
Siete años

3.- ¿Cómo nació la idea de ser comunicóloga?
Tengo el privilegio de pertenecer a una familia que tiene el periodismo en la sangre. Mi abuelo, Antonio Estrada Salazar, fue director de varios periódicos del país, hasta que decidió fundar uno propio en Saltillo: El Independiente.
Mi padre, Jorge Arturo Estrada, también dirigió este medio familiar hasta que, debido a la crisis económica que sufrió México en 1994, tuvo que cerrar. Desde que tengo uso de razón he escuchado hablar sobre periodismo, política, arte y comunicación; jamás faltará un periódico en casa. Digamos que seguí el camino que tenía trazado frente a mí.

4.- ¿Qué es lo que más disfrutas de tu profesión?
Tener la oportunidad de enfrentarme con un fragmento de la historia y compartirla a través de la escritura. Como trabajamos al día, a veces olvidamos que tenemos acceso a personajes que dejan huella y que, incluso, pueden transformar pensamientos, sensaciones, emociones. Me dedico al periodismo cultural –actualmente soy editora de la sección Arte del periódico Zócalo Saltillo-, así que me ha tocado escuchar las palabras de premios Nobel de Literatura como Orhan Pamuk, José Saramago, Derek Walcott, Herta Müller o Mario Vargas Llosa. Definitivamente, lo que más disfruto es entrevistar a personas que, a través del arte, las ideas o  la literatura, han seducido a miles de personas.

5.- ¿Qué ha sido lo más difícil a lo que te has enfrentado durante tu carrera?
Hace varios años hice una cobertura en la Ciudad de México  sobre los plantones que realizaron los seguidores de Andrés Manuel López Obrador en Paseo de la Reforma. Recuerdo que mi compañero Enrique y yo, junto a varios periodistas, tuvimos que subir a la azotea de una casa para esperar el enfrentamiento entre los manifestantes y los granaderos en una calle del centro. Ese momento de tensión, en el que veíamos cómo cientos de jóvenes se acercaban con los ánimos caldeados nos dejó a todos en silencio. Afortunadamente no pasó de algunos gritos y jaloneos.

6.- Actualmente tenemos más medios de información. ¿Crees que  en realidad estemos mejor        informados?
Sin duda tenemos un mayor acceso a la información. Ya no es necesario comprar el periódico o encender la televisión, las redes sociales se ocupan de entregarnos las novedades incluso más rápidamente. Sin embargo, tener más canales de comunicación no significa que profundicemos en lo que nos comparten. Debemos dejar de repetir las opiniones de terceros y sentarnos, como ciudadanos comprometidos con nuestro entorno, a reflexionar sobre la información que recibimos a raudales.

7.- ¿Cuál crees que sea tu acierto y seas una líder en la comunicación?
Me parece que todavía me falta mucho por escribir y aportar. Lo que intento es mostrar a los lectores lo que se está haciendo en las distintas disciplinas culturales en la ciudad, pero también en el país. El periodismo tiene el deber de ser un vínculo, un mediador, pero también un actor crítico y activo, generador de ideas y propuestas.

8.- ¿De qué manera te han beneficiado las nuevas tecnologías en tu trabajo?
El periodismo del siglo 21 ya no puede concebirse sin laptops, smartphones o tablets. La tarea del reportero es estar informado y ser un transmisor rápido y eficaz de la noticia. Gracias a las redes sociales y a medios como Skype es posible entrevistar a personas que están al otro lado del mundo y comunicar la información en tiempo real. Gracias a Internet el periodismo ha logrado, en incontables ocasiones, sacarle la vuelta a la censura.

9.- ¿Cuál ha sido la entrevista, proyecto o trabajo que te haya dejado una buena experiencia o un agradable recuerdo?
Soy una lectora apasionada, así que disfruto muchísimo cubrir las ferias de libros. He logrado entrevistar a escritores que admiro como Juan Gelman, Antonio Skármeta, Vicente Leñero, Daniel Sada, Antonio Cisneros o Eduardo Lizalde. Además, me tocó coordinar varios suplementos especiales sobre la Feria Internacional del Libro de Saltillo, un bellísimo proyecto que muestra que la capital coahuilense está plagada de amantes de las letras.

10.- Sabemos que tu carrera es muy demandante y la mayoría de las veces mal pagada ¿Qué fue lo que te motivó a seguir en esta profesión?
Existe una sensación especial cuando te topas de frente con una noticia, de inmediato te olvidas de horas de comida, días festivos, descansos o vacaciones. Es cierto cuando dicen que un reportero de hueso colorado jamás descansa.

11.- ¿Realmente ejerces el derecho de libre expresión y comulgas con él?
Por supuesto, sin la libertad de expresión no se puede hablar de periodismo. Lamentablemente vivimos tiempos aciagos, marcados por la violencia y el temor, pero como sostiene el periodista colombiano Javier Darío Restrepo: “Un periodista no independiente es como un cirujano  con el mal del Parkinson”.

12.- ¿Cómo sientes a Saltillo dentro del desarrollo de la comunicación comparada con otras grandes ciudades?
Considero que Saltillo ya es una de estas “grandes” ciudades del país, sin embargo nos falta tomar decisiones importantes sobre nuestro modelo de urbanización, la forma en que nos relacionamos con el medio ambiente, la educación cívica o el compromiso social. Los medios juegan un papel importante en este proceso, así que debemos emplearnos a fondo.
Por otra parte, el periodismo que se hace en Saltillo está al mismo nivel del que se hace en el país, he visto a compañeros ganar premios nacionales y acceder a becas a las que aplica gente de Televisa México o El Universal. Es cierto, todavía permanecen muchos  vicios, pero ya existe un amplio grupo de jóvenes que trabaja en los medios locales.

13.- ¿Si pudieras cambiar algo del pasado que sería?
Al terminar la carrera de Comunicación no estaba segura si deseaba dedicarme al periodismo. Ahora, después de varios años de experiencia, creo que debí animarme desde un principio. En verdad disfruto este trabajo.

14.- ¿De qué manera aprovechas tu tiempo libre?
Como dije antes, soy una apasionada de la lectura, así que siempre tengo un libro a la mano. Y si hay un día libre, mi hija Allegra no desperdicia la oportunidad para pedirme que vayamos al cine o a tomar un helado. También me encantan las largas charlas con mi familia y amigos sobre libros, música, arte, periodismo y, por qué no, política.

15.- Alguna frase que te identifique
Pienso en unos versos de Juan Gelman:  “Un pájaro vivía en mí./ Una flor viajaba en mi sangre./ Mi corazón era un violín.// Quise o no quise. Pero a veces/ me quisieron. También a mí/ me alegraban: la primavera,/ las manos juntas, lo feliz.”

16.- ¿Cómo te defines?
Como una mujer trabajadora, que le gusta enfrentar retos y que busca aprender de todas las experiencias que se le presentan. Creo que sí podemos cambiar nuestro entorno, que vale la pena ayudar al otro, arriesgarse, comprometerse, ser protagonistas de nuestra vida.

Entrevistas publicada en la revista Escaparate Saltillo, edición mayo 2012.

lunes, 19 de marzo de 2012

Gógol: entre la deseperación y la sátira


Las historias escritas por Nikolái Gógol surgieron en las tortuosas calles de San Petersburgo, en los poemas épicos de viejas batallas, entre los relatos de las comadronas o en voz de los fantasmas que pululaban tristes bajo las farolas, reclamando un viejo y querido abrigo.
El Imperio Ruso ponía un pie en el siglo 19, una época de cambios vertiginosos. El 20 de marzo de 1809 nació Nikolái Vasílievich Gógol en la actual Ucrania, un hombre que marcaría la literatura de su tiempo. Perteneciente a una familia que proclamaba su sangre noble, de ascendencia polaca, el autor de La Nariz comenzó su vida profesional en un modesto puesto burocrático. Pero la fortuna lo condujo al encuentro del célebre Alexandr Pushkin, quien lo alentó a escribir. Hay quienes aseguran que el poeta le dio a Gógol la idea para crear una de las obras más significativas de la Rusia decimonónica: Almas Muertas.
Catedrático en la Universidad de San Petersburgo, Gógol comenzó su carrera literaria con cuentos breves como La Nariz, La Avenidad Nevski, El Diario de un Loco y El Capote, este último influyó notablemente en narradores como León Tolstoi, Mijaíl Bulgákov o Iván Turgueniev. Es muy conocida la opinión de Fiódor Dostoievski al respecto: “Todos hemos salido del ‘capote’ de Gógol”.
La fama no tardó en llegar. Con la publicación de la comedia El Inspector (1836), Gógol se convirtió en un autor conocido, pero la obra generó polémica en los sectores políticos, por este motivo el autor viviría durante varios años entre Italia, Alemania, Suiza y Francia.
Durante estos años surgieron las novelas Taras Bulba, en donde la épica y la poesía se entremezclan para mostrar la vida de un cosaco ucraniano del siglo 15, y Almas Muertas, una obra que retrata parte de la problemática social del imperio ruso.
Considerado por algunos precursor de Kafka debido al tono fantástico de algunos de sus cuentos, la narrativa del ucraniano ha sido analizada por grandes escritores. El ruso Vladimir Nabokov afirma en un ensayo biográfico sobre Gógol, que éste fue un hombre infeliz y atormentado, y que su obra jamás intentó realizar cambios sociales. Afirma que el prodigio de su escritura radicaba en su capacidad para recrear las fantasías del espíritu humano. En relatos como El Capote, Gógol “se convertía en el mayor artista que Rusia haya producido jamás”, escribió el autor de Lolita.
En ese tono, el alemán Thomas Mann afirmó que “desde Gógol, la literatura rusa es cómica: comicidad de realismo, sufrimiento y piedad, de profunda humanidad, de desesperación satírica, y también de sencilla frescura vital; pero el elemento cómico gogolesco no le falta nunca, en ningún caso”.
Y la desesperación no sólo se presentó en los personajes del narrador. En 1848 Gógol realizó una peregrinación a Jerusalén. A su regreso, se encontró con el Padre Konstantínovskii, sacerdote ortodoxo que influyó en su espíritu de manera notable. Con apenas 42 años, el escritor decidió retirarse de la literatura y quemar la segunda parte de Almas Muertas, justo 10 días antes de su muerte.
Enfebrecido, al borde de la locura y con la salud quebrantada, el escritor falleció en Moscú, el 21 de febrero de 1852.
“¡Gógol ha muerto!...¿qué corazón ruso no se conmociona por estas tres palabras?... Se ha ido, el hombre que ahora tiene el derecho, el amargo derecho que nos da la muerte, de ser llamado grande....”, escribió Turgénev en la Gazeta de San Petersburgo, como un sentido homenaje.
Fantástico, perturbador, hilarente, las letras de Nikolái Gógol están ahí, una tentadora invitación para atisbar los recovecos del espíritu humano.