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sábado, 25 de agosto de 2012

En el camino


Han pasado diez años y es un día de invierno.
Tú caminas por las avellanedas.
y vas junto a esos sauces amarillos que avanzan
por los ríos con luna.

No será como ahora, no tendrás veinte años;
la nieve irá acercándose a tu casa
y el aire verde moverá en tus ojos
sus bosques de cristal y de silencio.

Recuérdalo, hubo un río.
                                                    Los árboles vivían
en el imán del agua.
Por la noche, escuchábamos gotear en las sombras
la canción de los búhos.

Y, luego, la corriente se llevó nuestras caras.
No sabemos a dónde. No sabemos por qué.

Aún estamos aquí.
                                      Pero, de pronto,
han pasado diez años
y tú y yo somos dos desconocidos.

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El viajero

                                                               Para Javier Egea

Te acompañaban siempre los violines.
Tus poemas estaban en ti como los peces
en el fondo de un río.

Eso es lo que vi en ti:
peces en el desierto,
música amenazada.
Te vi hacer bosques y subir montañas,
te vi cavar abismos con tus manos.
No supe dónde ibas.

Te vi buscar la sombra entre la luz,
te vi buscar la muerte entre la vida,
y no pude entenderte.

Yo no sé qué has ganado, pero sé qué has perdido:
tu música,
                      tus peces,
                                            tus montañas azules.

No puede ser feliz quien entierra un tesoro.
No puede ser feliz
quien envenena el agua de su vida.

Benjamín Prado

martes, 31 de julio de 2012

Paseo de los tristes


Pero no sobre mí, no sobre ti,
No por encima, enorme, sin tiempo, alucinado,
Si no en la historia triste de los huesos.

Aquí habita el dolor:
Ese salvaje cobrador diario
Que llega, empuja, nos derriba
Y queda.
  

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En la radio dijeron que saliste temprano,
La falda, camisa con dibujo,
El pelo negro y lacio,
La mirada de siempre.

Decían que eras alta y joven, casi triste,
Que ni siquiera hablabas por no perder el paso,
Que te habías marchado de la vida
Por un extraño amor.

Yo sentí como un vómito, pero miré a la calle:
No era posible verte tan sola, tan distante,
Tan desaparecida,
Tan imposiblemente ajena del naufragio.

Sin embargo vinieron,
Vinieron a mi casa a preguntar


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Lo terrible no es la calle sola,
El andén como un reto,
Los trenes que perdimos.

Lo terrible no es ni siquiera el dolor.

Lo que duele terrible y zarandea
es que ya sólo queda
recurrir a la vida por tus ojos
que son una distancia casi absurda,
que son un túnel negro de esperanza.


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Ni la frente en orillas de yerba soñadora
-ya ni siquiera tú como testigo fiel-
Ni el corazón viajero sobre ginebra o mar.

Qué gran error –la trampa- los pensamientos bellos,
Tus ojos, la pasión, aquello de la vida.


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¿Cómo me vas a querer tú a mí
con ese borbotón inevitable de odio
que llevas por las venas?

¿Cómo te voy a querer yo a ti
 con ese borbotón inevitable de odio 
que llevo por las venas?


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                         -a la deriva, amor, a la deriva
                         Miguel Hernández

Ven a ver el amor hecho jirones

Ven a ver el amor:
ese caballo muerto flotando por las venas
a la deriva, amor, a la deriva

Javier Egea