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miércoles, 26 de diciembre de 2012

Mis recomendaciones literarias del 2012

El 2012 fue un año que dejó varios libros en mi biblioteca. Desde nuevas colecciones hasta obras póstumas, además de antologías, novelas, poemarios y catálogos; la oferta literaria de los últimos meses cuenta con ejemplares que vale la pena tener en casa.
Muchas fueron las publicaciones que llenaron mis noches de historias, de versos, de reflexiones. Aquí les comparto algunos de los títulos cuya lectura no los dejará impasibles:

Si en Otro Mundo Todavía. Antología Personal. Jorge Fernández Granados. Almadía.
Esta publicación muestra a una de las voces poéticas más destacadas de los últimos años. Y aunque el trabajo de Jorge Fernández Granados no es desconocido, esta antología permite rastrear algunos de los temas que han marcado sus versos durante más de una década (y a lo largo de seis libros).
En la obra del poeta defeño, el lector puede encontrar ese otro mundo que se intuye, pero que sólo puede ser revelado a través de las palabras, de las historias" que nacen "en la orilla de las cosas”.
En Si en Otro Mundo Todavía destacan dos poemas: Cenit (de La Música de las Esferas, 1990), una pieza de largo aliento de ritmo contundente, y Nadir (de Los Hábitos de la Ceniza, 2000), su contraparte. Si en el primero se acepta, y se abraza, una fuerza que está en todo, en el amor y en el deseo, pero también en la furia y la nostalgia; en Nadir el poeta toma conciencia de la pérdida, de que, como lo dice el término astronómico, hay ocasiones en que la vida nos encuentra en el punto más bajo.
Este es un libro que a lo largo de las páginas se transforma en una promesa de encontrar, en el espejo poético, ese “algo inefable y sudoroso” que nos pertenece, ese “algo que nos quema”.

Di su Nombre. Francisco Goldman. Sexto Piso.
Inscrita en ese ambiguo territorio que se forma entre la realidad y la ficción, la reciente novela de Francisco Goldman es un ejercicio de evocación, de amor; una batalla contra la falibilidad de la memoria.
“El amor dichoso no tiene historia”, sostiene Denis de Rougemont en su ensayo El Amor y Occidente, y esa frase lapidaria apareció en mi mente cuando comencé el relato que entreteje el norteamericano en torno a Aura Estrada.
Promesa de las letras mexicanas, con apenas 30 años de edad, Aura muere en un accidente en las playas de Oaxaca, frente a la mirada atónita de su esposo, Francisco Goldman. Acusado por la familia de la joven de haber provocado su muerte, y dolido por su temprana partida, el periodista decide recuperar a su mujer a través de sus diarios y escritos.
Divertida a ratos, dolorosa con frecuencia (¿acaso hay otra forma de sentir la ausencia forzosa?), Di su Nombre, elegida como uno de los mejores libros del año de “The New York Times”, es una historia del amor que, a través de la escritura, se convierte en bastión irreductible frente al olvido.

El Lenguaje del Juego. Daniel Sada. Anagrama.
Hace más de un año murió Daniel Sada, pero dejó una novela que fue publicada este 2012 por Anagrama (en convenio con la Universidad Autónoma de Nuevo León). En El Lenguaje del Juego ,el escritor nacido en Baja California da forma a una historia que se desarrolla en Mágico, nombre con el que denominó a ese vasto territorio que siempre conquistó su imaginación y que se puede rastrear a lo largo de su obra: el norte de México.
En la Mágico aparecen rumores sobre gente muerta, colgada cerca del pueblo, mientras los vecinos ven cómo los militares desfilan por las calles, portando sus armas. El lector se enfrenta con la visión de Sada sobre la violencia que azota nuestro país, narada con un uso extraordinaria del lenguaje, sello característico de la pluma del mexicano.

La Torre y el Jardín. Alberto Chimal. Océano.
La vena fantástica de Alberto Chimal adquiere nuevas dimensiones con su reciente novela, La Torre y el Jardín, que forma parte de la colección Hotel de las Letras, editada por Océano y coordinada por Martín Solares.
La historia se desarrolla en Ciudad Morosa, en donde está enclavada una torre fabulosa en la que personajes y hechos caben perfecto en el significado de esta palabra: son extraordinarios, increíbles, excesivos.
En esl burdel fantástico descrito por Chimal, nadie se asombra con las voces que surgen de los muros, con los secretos que guarda Isabel (uno de los personajes centrales de la historia, con las “bestias amables” que pululan por los rincones.
Considerada por su editor como una de las novelas más ambiciosas de la literatura latinoamericana actual, La Torre y el Jardín es una obra que muestra que la fantasía y la ciencia ficción no son ajenos a la literatura en castella; y que no podrán soltar los fanáticos del género.

Rubén Herrera, 1888-1933. Instituto Nacional de Bellas Artes, Gobierno del Estado de Coahuila
El pasado agosto se inauguró en el Museo Nacional de Arte (Munal) la exposición retrospectiva “Ruben Herrera. Trazos y Volumen” sobre el trabajo de uno de los pintores academicistas más notables de México.  Dividida en tres apartados, “La Niñez y los Sueños, 1868-1908”; “Descubriendo el Mundo, 1909-1920”; y “El Retorno a sus Raíces, 1921-1933”, la muestra es un auténtico viaje pictórico por el desarrollo artístico de Herrera (quien vivió en Coahuila la mayor parte de su vida).
A lo largo de la exposición, curada por Juan Manuel Corrales y Lucía Ruanova Abedrop, se pueden observar desde apuntes, bocetos y estudios, hasta retratos y óleos de gran formato, en los que el genio del dibujante se descubre al capturar múltiples fisonomías con extraordinario detalle, no exento de sentimiento y emoción.
Las imágenes de las obras que integraron esta exposición se encuentran en este bello volumen, que incluye además textos de los especialistas Juan Manuel Corrales Calvo y Citlali Salazar Torres.
Maestro de la policromía, Rubén Herrera es recordado, a 124 años de su nacimiento, como un referente indiscutible del arte nacional del siglo 20.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Cenit


Y qué cosa esa esto 
que se ausenta pero vuelve
como el humo del alba
y se me sube al cuerpo y no lo tengo nunca
y que nunca entiendo,
que me llora y me blasfema y me perfuma
y me apura y me complace,
qué cosa es esto que adquiere raíces y corteza,
    fronda,
y  lo levanta el viento y es amargo y murmura
como el tambor de ritmos animales
y  médula
y sal
y me tiembla en los ojos y las manos y los días
y  fosforece venas y montañas
y se templa y se quiere como barro
y es como altivez y como ternura y como placer y es
congoja
y rabia
y nostalgia
y manía,
y qué cosa,
diablos,
qué cosa que aroma la fiesta o la desdicha,
que se asoma a los minutos y da vuelta como un ala
y se entierra y carcajea
y aplaude y me mira susurrante,
tan amorosamente tan cerca qué cosa,
atragantada por el sol austero y el mar vehemente,
por la nieve
sigilosa,
que brazo que aletea
y se embriaga y entra a veces en el cielo.
Y qué cosa pregunto es esto,
qué cosa,
donde  germina la palabra y ronda la semilla
y se entromete el alma a puñetazos casi sola
y araña la risa
y es certeza de sí misma y agua de maderas
y furia numeral de esperma y llovizna toda
y linfa de eternidades y vuelo de saurio,
qué cosa marabunta de milenios,
de navíos embrujados y gaviotas,
qué cosa ritual de abrazos a los hijos y dolor de
    hermanos
y sueño de la infancia
y última mirada de los moribundos.
Qué cosa que le tiene miedo al viento cuando azota
al fuego y al frío
y gime y canta y escupe y se enamora
y se lava la cara al alba en estanques silenciosos
y duerme con los ojos limpios
y dispersa luciérnagas recién nacidas en la niebla,
qué cosa,
carajo,
sabedora
que me tiene y me detiene
y me aumenta y me persigue y me saquea
y me precisa y a menudo
me ama con un amor de carnes y de dientes y de
    labios
y a menudo con otro de silencio y de papeles y de
    estrellas,
y es como rumoroso amor de calles líquidas y
    templos vertebrales,
como el amor de un bosque antiquísimo de nieve
o como fuego dormido en la palma de las manos
amor sonrisa paridora, amor urdimbre de
    cansancios,
amor cueva de místicos, boca de extraviados, sal en
    el pelo,
amor noticia de epitafios, alcoba pasajera, grito del
    nacimiento, amor que se gesta y sube y
salva, amor,
la misma la otra redención,
el mismo el otro fervoroso aliento, amor
de sol y de tiempo y de mundo y de ti, amor,
cualquier piedra y un canto
y mi pulso diminuto y el color ligero de lo que no
    vuelve
y qué cosa es qué,
qué razón
decir amor,
qué pregunta
y es tan dulce y quieta y tan lasciva
y tan revuelta y marítima y astuta
y nada
no es acaso nada, amor,
ni vuelo ni vacío ni palabra
ni cuerpo ni deseo
ni magia ni demencia,
o es amor es todo es esa cosa
es algo todo algo ese siempre algo aquí algo
   ascendente
algo tuyo algo mío algo de nadie y algo de tantos
    todos
algo inefable y sudoroso y mío
algo ilimitado algo inútil y magnífico amor
algo por ti y a pesar de ti
algo que nos quema
y nos llama sin remedio.
Pero soy torpe, finalmente,
Y no sé
cómo nombrarlo.

Jorge Fernández Granados (Si en otro mundo todavía, 2012)