¿Por qué tantas jóvenes bellas y talentosas se casan con hombres imposibles? Descartemos, nueve veces de diez, el simple autosacrificio y los esfuerzos misioneros. Repitamos "hombres imposibles": no tan sólo rústicos, coléricos o depravados (contrastes dramáticos elegidos para mostrar al mundo qué bien se portan las mujeres, y siempre se han portado).
Hombres imposibles: perezosos, incultos, autocompasivos, sucios, solapados, por cuya apariencia aun en los parques de la ciudad se ofrecen disculpas a transeúntes ocasionales.
¿Ha caído, de hecho, tan bajo la reserva que Dios tiene de esposos tolerables? ¿O siempre exagero el valor de la mujer a expensas del hombre? ¿Es así? Podría ser.