El traslado
las miradas arriba
abajo.
La virtud del equilibrista
puesta a prueba
las ganas de morder
despacio.
Y la piel marcada
de heridas, deseos
de necesidad.
No, la ciudad no se ha desplazado
todavía.
sábado, 5 de diciembre de 2009
viernes, 30 de octubre de 2009
I.
El inútil amanecer me encuentra en una esquina desierta;
he sobrevivido a la noche. Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo,
abrumadas con cosas imposibles y deseables.
Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y de rechazos,
de cosas a medio entregar, a medio rehusar, de joyas con un hemisferio oscuro.
Las noches actúan de esa manera, te lo advierto.
El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y cabos sueltos: algunos odiados amigos para charlar, música para los sueños,
y el humear de amargas cenizas.
Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento.
La gran ola te trajo.
Palabras, unas palabras, tu risa; y tú tan indolente, tan incesantemente hermosa. Charlamos y has olvidados las palabras.
El destrozado amanecer me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
Tu figura que se aleja, los sonidos que van a formar tu nombre, la cadencia de tu risa: estos son los insignes juguetes que me dejaste.
Los pongo de cabeza en la madrugada, los pierdo, los recupero;
se lo cuento a un puñado de perros vagabundos y a las pocas estrellas extraviadas de la aurora
Tu oscura y espléndida vida...
Jorge Luis Borges
he sobrevivido a la noche. Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo,
abrumadas con cosas imposibles y deseables.
Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y de rechazos,
de cosas a medio entregar, a medio rehusar, de joyas con un hemisferio oscuro.
Las noches actúan de esa manera, te lo advierto.
El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y cabos sueltos: algunos odiados amigos para charlar, música para los sueños,
y el humear de amargas cenizas.
Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento.
La gran ola te trajo.
Palabras, unas palabras, tu risa; y tú tan indolente, tan incesantemente hermosa. Charlamos y has olvidados las palabras.
El destrozado amanecer me encuentra en una calle desierta de mi ciudad.
Tu figura que se aleja, los sonidos que van a formar tu nombre, la cadencia de tu risa: estos son los insignes juguetes que me dejaste.
Los pongo de cabeza en la madrugada, los pierdo, los recupero;
se lo cuento a un puñado de perros vagabundos y a las pocas estrellas extraviadas de la aurora
Tu oscura y espléndida vida...
Jorge Luis Borges
sábado, 17 de octubre de 2009
Nuevo ciclo
Hace mucho tiempo decidí dejar este asunto de las bitácoras de viaje. Pero comienza un nuevo ciclo en mi vida y me parece que es tiempo de regresar a las andadas, a los encuentros, a los desencuentros, al asombro que aún me causan las buenas historias que se encuentran quietas, agazapadas en los callejones, esperando ser halladas.
Y como mi vida sólo puedo medirla en términos de literatura, aquí la lista de los 20 libros que hoy, continúan inquietándome y que en su momento marcaron mi vida en forma decisiva. No hay un orden, la verdad, sólo los títulos que me vinieron a la mente en menos de 10 minutos
1. Los Hermanos Karamazov de Dostoyevski.
2. Ana Karenina de León Tolstoi.
3. Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo de Haruki Murakami.
4. Madame Bovary de Gustave Flaubert.
5. El Libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling.
6. La Gaviota de Anton Chéjov.
7. Ficciones y el Aleph de Jorge Luis Borges.
8. Pedro Páramo de Juan Rulfo.
9. Me Llamo Rojo de Orhan Pamuk.
10. Aquí Yace el Wub y Otros Cuentos de Phillip K. Dick.
11. El Maestro de San Petersburgo de Coetzee.
12. El Señor de los Anillos de Tolkien.
13. El Cuervo de Ted Hughes.
14. El Barón Rampante de Ítalo Calvino
15. Dinos Cómo Sobrevivir a Nuestra Locura de Kenzaburo Oé.
16. La Trilogía de Nueva York de Paul Auster.
17. La Divina Comedia de Dante.
18. Ensayo Sobre la Ceguera de Saramago.
18. Piedra de Sol de Octavio Paz.
19. Antología Poética de Juan Gelman.
20. Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.
Y como mi vida sólo puedo medirla en términos de literatura, aquí la lista de los 20 libros que hoy, continúan inquietándome y que en su momento marcaron mi vida en forma decisiva. No hay un orden, la verdad, sólo los títulos que me vinieron a la mente en menos de 10 minutos
1. Los Hermanos Karamazov de Dostoyevski.
2. Ana Karenina de León Tolstoi.
3. Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo de Haruki Murakami.
4. Madame Bovary de Gustave Flaubert.
5. El Libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling.
6. La Gaviota de Anton Chéjov.
7. Ficciones y el Aleph de Jorge Luis Borges.
8. Pedro Páramo de Juan Rulfo.
9. Me Llamo Rojo de Orhan Pamuk.
10. Aquí Yace el Wub y Otros Cuentos de Phillip K. Dick.
11. El Maestro de San Petersburgo de Coetzee.
12. El Señor de los Anillos de Tolkien.
13. El Cuervo de Ted Hughes.
14. El Barón Rampante de Ítalo Calvino
15. Dinos Cómo Sobrevivir a Nuestra Locura de Kenzaburo Oé.
16. La Trilogía de Nueva York de Paul Auster.
17. La Divina Comedia de Dante.
18. Ensayo Sobre la Ceguera de Saramago.
18. Piedra de Sol de Octavio Paz.
19. Antología Poética de Juan Gelman.
20. Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.
sábado, 12 de enero de 2008
just a perfect day
A pesar de los encuentros deseados que jamás se llevaron a cabo o de los encuentros que no debieron ser y que debieron sufrirse con hombres bajos y calvos de ideas; aun y con los malentendidos provocados con ingenua inquina, con los vestigios tiernos de amigos que dejaron un regusto amargo en el polvo del camino, el 2007 fue un año para no olvidar.
Con el corazón ligero y el espíritu optimista disfruto el peligro de estar vivos. Encamino mis pasos hacia el 2008, tiempo para vivir bellas aventuras.
Palabras para Julia
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso
José Agustín Goytisolo
Con el corazón ligero y el espíritu optimista disfruto el peligro de estar vivos. Encamino mis pasos hacia el 2008, tiempo para vivir bellas aventuras.
Palabras para Julia
Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.
Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.
Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.
Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.
La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.
Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.
Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.
Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.
Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.
Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti
como ahora pienso.
Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.
La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.
Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.
Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.
Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso
José Agustín Goytisolo
jueves, 13 de diciembre de 2007
Crónica del escritor que da cuerda al mundo
El aroma de las magnolias, la lluvia, las espigas de susuki balanceándose al compás del viento de octubre, los interminables domingos fracturados por memorias y recuerdos, la dulce melancolía del blues y la música de los Beatles. Éstos son los elementos que rodean la historia que Watanabe trata de recordar en las alturas del cielo europeo.
Es Nowergian Wood, canción de los Beatles, la culpable de detonar la memoria del protagonista de Tokio Blues, novela escrita por uno de los mejores narradores contemporáneos: Haruki Murakami. Con dicho título, este autor japonés se dio a conocer internacionalmente, y ahora es posible encontrar la mayoría de su obra editada por Tusquets.
Lo que vuelve entrañable la obra de Murakami no es su estilo narrativo, semejante al viaje raudo en un tobogán, sino la disección que realiza del alma humana. En su obra, el lector se ve envuelto en un torbellino de sensaciones, las acciones pesan en el espíritu no por el certero dolor que causan, sino por los detalles que las rodean.
En Tokio Blues, Watanabe guarda en la memoria la calidez de la piel de Naoko, las bellas arrugas del rostro de Reiko, la impertinencia de Midori y la tristeza insoportable de descubrir que todo eso se ha perdido.
En Al Sur de la Frontera al Oeste del Sol, lo que acerca al lector a Hajime, personaje central de la novela, es su lacerante humanidad, esa verdad que late en todos aquellos que han sentido una pasión, esa sensación de pertenecer a algo o alguien que se ha perdido en el vaivén del tiempo, engullido por una cotidianidad inevitable y desprovista de color. Y el recuerdo yace arrinconado en un lugar recóndito, conservado para no sentirse solo, vacío.
En esta narración se habla del amor, de un sentimiento perdido y recobrado que no se sabe en dónde puede dársele cabida porque arrasa y desborda. De pronto, el lector intuye que en ocasiones, al igual que Hajime, se construye una vida tranquila ajena al galope desbocado del corazón, pero de pronto vuelve el deseo acuciante que se creía olvidado, que trastorna el universo y lo pone de cabeza.
En Sputnik Mi Amor Murakami sumerge al lector en una historia seductora y llena de
enigmas lógicos, en donde los hechos de apariencia imposible son sólo piezas de la compleja alma humana. Las personas pueden desaparecer en una pequeña isla sin dejar rastro, pueden dividirse en dos y perder esa otra mitad para siempre, pueden enamorarse de seres que, cual satélites artificiales olvidados, orbitan sobre el cielo un instante para desaparecer una vez más.
Sumire es la protagonista, una joven que se afana en ser novelista y conquistar las palabras. Un día, se enamora de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamora de una mujer casada 17 años mayor, se enamora de "Sputnik, mi amor".
Quien narra la historia es el mejor amigo de Sumire, que la ama desde siempre y que sabe que jamás será correspondido.
La trama que tejen estos tres seres solitarios habla del amor que siempre conduce a algún sitio. Tal vez sea un mundo especial y desconocido o un lugar lleno de peligros, donde se esconda algo que inflija una herida profunda, mortal.
Sumire lo sabe y –al igual que el lector– lo acepta: "Tal vez pierda todo lo que poseo. Pero ya no puedo volver atrás. Sólo puedo abandonarme a la corriente que discurre ante mis ojos. Aunque me consuma entre las llamas, aunque desaparezca para siempre".
Es Nowergian Wood, canción de los Beatles, la culpable de detonar la memoria del protagonista de Tokio Blues, novela escrita por uno de los mejores narradores contemporáneos: Haruki Murakami. Con dicho título, este autor japonés se dio a conocer internacionalmente, y ahora es posible encontrar la mayoría de su obra editada por Tusquets.
Lo que vuelve entrañable la obra de Murakami no es su estilo narrativo, semejante al viaje raudo en un tobogán, sino la disección que realiza del alma humana. En su obra, el lector se ve envuelto en un torbellino de sensaciones, las acciones pesan en el espíritu no por el certero dolor que causan, sino por los detalles que las rodean.
En Tokio Blues, Watanabe guarda en la memoria la calidez de la piel de Naoko, las bellas arrugas del rostro de Reiko, la impertinencia de Midori y la tristeza insoportable de descubrir que todo eso se ha perdido.
En Al Sur de la Frontera al Oeste del Sol, lo que acerca al lector a Hajime, personaje central de la novela, es su lacerante humanidad, esa verdad que late en todos aquellos que han sentido una pasión, esa sensación de pertenecer a algo o alguien que se ha perdido en el vaivén del tiempo, engullido por una cotidianidad inevitable y desprovista de color. Y el recuerdo yace arrinconado en un lugar recóndito, conservado para no sentirse solo, vacío.
En esta narración se habla del amor, de un sentimiento perdido y recobrado que no se sabe en dónde puede dársele cabida porque arrasa y desborda. De pronto, el lector intuye que en ocasiones, al igual que Hajime, se construye una vida tranquila ajena al galope desbocado del corazón, pero de pronto vuelve el deseo acuciante que se creía olvidado, que trastorna el universo y lo pone de cabeza.
En Sputnik Mi Amor Murakami sumerge al lector en una historia seductora y llena de
enigmas lógicos, en donde los hechos de apariencia imposible son sólo piezas de la compleja alma humana. Las personas pueden desaparecer en una pequeña isla sin dejar rastro, pueden dividirse en dos y perder esa otra mitad para siempre, pueden enamorarse de seres que, cual satélites artificiales olvidados, orbitan sobre el cielo un instante para desaparecer una vez más.
Sumire es la protagonista, una joven que se afana en ser novelista y conquistar las palabras. Un día, se enamora de forma fulminante, sin lógica alguna y con la furia de un tornado a través de la llanura. Se enamora de una mujer casada 17 años mayor, se enamora de "Sputnik, mi amor".
Quien narra la historia es el mejor amigo de Sumire, que la ama desde siempre y que sabe que jamás será correspondido.
La trama que tejen estos tres seres solitarios habla del amor que siempre conduce a algún sitio. Tal vez sea un mundo especial y desconocido o un lugar lleno de peligros, donde se esconda algo que inflija una herida profunda, mortal.
Sumire lo sabe y –al igual que el lector– lo acepta: "Tal vez pierda todo lo que poseo. Pero ya no puedo volver atrás. Sólo puedo abandonarme a la corriente que discurre ante mis ojos. Aunque me consuma entre las llamas, aunque desaparezca para siempre".
martes, 4 de septiembre de 2007
Los árboles
Los árboles se están cubriendo de hojas
como si algo estuviera por decirse.
Recientes brotes se distienden y abren;
una especie de pena es su verdor.
¿Acaso ellos renacen y nosotros
envejecemos? No, también se mueren.
El acto anual de su renovación
está escrito en anillos de madera.
Sin embargo, castillos incansables,
se trillan cada pleno y denso mayo.
Murió el año, parecen ya decir;
comienza nuevamente, nuevamente.
Philip Larkin
sábado, 4 de agosto de 2007
Dos meses
Hace dos meses que regresé a Saltillo y a pesar de que el ritmo es por completo distinto al trajín urbano del Distrito Federal, me he visto imersa en los días eternos de la redacción. Entre la nota diaria, mi columna literaria y mi familia —con perro incluído— apenas me da tiempo para escribir en este blog.
Y qué es lo que puedo contar, que me reencontré con mis viejos amigos y que recordé el exceso de trabajo que trae consigo las decisiones inesperadas de un editor que decide irse a ver a Tim Burton a Guanajuato, justo a la mitad del Festival Viva Saltillo —con obras de teatro, exposiciones y conciertos diarios— y que se debe ser estoica para editar, cubrir, reseñar y entrevistar.
Pero es cierto, extrañaba las noches saltillenses frías y tranquilas, los conciertos de verano en la Plaza de Armas. Cómo me divertí con el blues de Betsy Pecanins, el jazz estridente de Iraida Noriega —y que entrevista tan simpática y entrañable logré con ella—, el desenfado de Plastilina Mosh y la maravilla de la ópera que se abre paso bajo las estrellas gracias a la voz del tenor Fernando de la Mora.
Pero sobretodo extrañaba escribir y leer hasta sentir el sopor de la madrugada, pasear con Allegra por la Alameda, el acento norteño y los comentarios ácidos de la redacción.
Es extraño como el ser humano se adapta a las circunstancias, al tiempo, a la memoria. Parece que fue en otra vida cuando caminaba por las calles empedradas de Coyoacán, cuando sentía encima el estrés de los trabajos y exámanes finales de la Ibero, cuando urdía con mis compañeros becarios los planes del siguiente fin de semana.
De vuelta a mi mundo todo parece marchar perfecto, cada pieza ocupa el lugar preciso y la memoria sucumbe ante los días plenos de sol de desierto.
Y qué es lo que puedo contar, que me reencontré con mis viejos amigos y que recordé el exceso de trabajo que trae consigo las decisiones inesperadas de un editor que decide irse a ver a Tim Burton a Guanajuato, justo a la mitad del Festival Viva Saltillo —con obras de teatro, exposiciones y conciertos diarios— y que se debe ser estoica para editar, cubrir, reseñar y entrevistar.
Pero es cierto, extrañaba las noches saltillenses frías y tranquilas, los conciertos de verano en la Plaza de Armas. Cómo me divertí con el blues de Betsy Pecanins, el jazz estridente de Iraida Noriega —y que entrevista tan simpática y entrañable logré con ella—, el desenfado de Plastilina Mosh y la maravilla de la ópera que se abre paso bajo las estrellas gracias a la voz del tenor Fernando de la Mora.
Pero sobretodo extrañaba escribir y leer hasta sentir el sopor de la madrugada, pasear con Allegra por la Alameda, el acento norteño y los comentarios ácidos de la redacción.
Es extraño como el ser humano se adapta a las circunstancias, al tiempo, a la memoria. Parece que fue en otra vida cuando caminaba por las calles empedradas de Coyoacán, cuando sentía encima el estrés de los trabajos y exámanes finales de la Ibero, cuando urdía con mis compañeros becarios los planes del siguiente fin de semana.
De vuelta a mi mundo todo parece marchar perfecto, cada pieza ocupa el lugar preciso y la memoria sucumbe ante los días plenos de sol de desierto.
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