Como cortina oscura, el otoño se abate taciturno... Tal vez no sea él sino yo, este espíritu que se pone melancólico en las postrimerías de cada año, en esta forzada renovación, pesada al espíritu, pero impostergable.
Los años se van
Los años se van...y, sí, es como el tren: nos adelantamos a todo y los años se quedan como el paisaje detrás de los cristales de este viaje que el sol aclaró o empañó la helada. Cómo se ordenan los sucesos en el espacio: algo se vuelve prado, algo árbol se vuelve, algo a construir el cielo se fue a ayudar... la mariposa y la flor existen, ninguna miente: la transformación no es una mentira...
La primera vez que leí a Juan Gelman fue hace 10 años, me parece. Era joven entonces y bullía en mí la necesidad acuciante de explicarme a mí misma a través de las palabras. No sólo lo leí. Después me enteré que existía un disco editado por la UNAM en el que el propio Gelman leía su poesía, lo compré y solía escucharlo entre clase y clase, tratando de asir alguno de esos versos para comprender esta furia de caimán aletargado que sentía adentro, como una carga tierna, furibunda, incluso dulce, incomprensible.
Años después, me encontré de nueva cuenta con Gelman en una lectura organizada por el Instituto Coahuilense de Cultura, fui con algunos de mis amigos más entrañables de la universidad y ahí, ante nosotros, el poeta argentino leyó esos poemas que me habían ayudado a comprender, de alguna manera, mi mundo.
Recuerdo que era una tarde oscura de invierno, ya era enero, me parece. El frío calaba hondo y la neblina envolvía el Museo de las Aves, el lugar del encuentro. Un puñado de personas estaba en el recinto, creo que menos de 20, situación que hizo que Gelman con una sonrisa dijera que los narradores habían conspirado, de nueva cuenta, en contra de la poesía. Al final de la lectura, que me conmovió hasta las lágrimas no sólo por los versos, sino por lo que yo sentía, literalmente, en mi interior, le tendí mi mano al poeta que la estrecho entre las suyas.
Hace dos años, en octubre de 2007,tuve la oportunidad de hablar con Juan Gelman por teléfono, por razones estrictamente periodísticas. La charla me dejó triste y confundida, aunque en aquel entonces agradecí la amabilidad del poeta por explicarme sus razones sobre un pleito ajeno a los dos, aún me siento traicionada no digamos ya por quienes creí mis amigos, sino por mi incapacidad para decirle lo necesarios que eran sus versos para mi espíritu y la gratitud profunda que sentía hacia él por este pequeño milagro.
Ahora, como entonces, siempre que me siento inquieta recurro a los poemas de Juan Gelman, farmacias del alma para criaturas como yo, ávidas de sensaciones que recorran la sangre.
Preguntas
Ya que navegas por mi sangre
y conoces mis límites,
y me despiertas en la mitad del día
para acostarme en tu recuerdo
y eres furia de mi paciencia para mí,
dime qué diablos hago,
por qué te necesito,
quién eres, muda, sola, recorriéndome,
razón de mi pasión,
por qué quiero llenarte solamente de mí,
y abarcarte, acabarte,
mezclarme a tus huesitos
y eres única patria
contra las bestias del olvido.
Una mujer y un hombre Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
Es otoño y parece que ahora sí llegó, frío, nebuloso, invadiendo los resquicios de las habitaciones con polvos melancólicos, tristísimas polillas golpean las farolas que apenas brillan, para aparentar un calor inexistente, una alegría fría y vacía que parece mejor que ya sea invierno y así ya no forjemos ilusiones de que un rayo de sol calienta.
Ya saqué los abrigos, las bufandas, aún tengo frío. Lo mejor del otoño es que anuncia que pronto terminará este año, llegará el nuevo, que barrerá el polvo y traerá consigo promesas de otros pueblos, de otros caminos, de otro tiempo.
Presencia de otoño Debí decir te amo. Pero estaba el otoño haciendo señas, clavándome sus puertas en el alma. Amada, tú, recíbelo. Vete por él, transporta tu dulzura por su dulzura madre. Vete por él, por él, otoño duro, otoño suave en quien reclino mi aire. Vete por él, amada. No soy yo él que te ama este minuto. Es él en mí, su invento. Un lento asesinato de ternura. Juan Gelman
El traslado las miradas arriba abajo. La virtud del equilibrista puesta a prueba las ganas de morder despacio. Y la piel marcada de heridas, deseos de necesidad. No, la ciudad no se ha desplazado todavía.
El inútil amanecer me encuentra en una esquina desierta; he sobrevivido a la noche. Las noches son olas orgullosas; olas pesadas y oscuras, abrumadas con todos los tintes del despojo, abrumadas con cosas imposibles y deseables. Las noches tienen un hábito de regalos misteriosos y de rechazos, de cosas a medio entregar, a medio rehusar, de joyas con un hemisferio oscuro. Las noches actúan de esa manera, te lo advierto. El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y cabos sueltos: algunos odiados amigos para charlar, música para los sueños, y el humear de amargas cenizas. Cosas que no le sirven a mi corazón hambriento. La gran ola te trajo. Palabras, unas palabras, tu risa; y tú tan indolente, tan incesantemente hermosa. Charlamos y has olvidados las palabras. El destrozado amanecer me encuentra en una calle desierta de mi ciudad. Tu figura que se aleja, los sonidos que van a formar tu nombre, la cadencia de tu risa: estos son los insignes juguetes que me dejaste. Los pongo de cabeza en la madrugada, los pierdo, los recupero; se lo cuento a un puñado de perros vagabundos y a las pocas estrellas extraviadas de la aurora Tu oscura y espléndida vida... Jorge Luis Borges
Hace mucho tiempo decidí dejar este asunto de las bitácoras de viaje. Pero comienza un nuevo ciclo en mi vida y me parece que es tiempo de regresar a las andadas, a los encuentros, a los desencuentros, al asombro que aún me causan las buenas historias que se encuentran quietas, agazapadas en los callejones, esperando ser halladas.
Y como mi vida sólo puedo medirla en términos de literatura, aquí la lista de los 20 libros que hoy, continúan inquietándome y que en su momento marcaron mi vida en forma decisiva. No hay un orden, la verdad, sólo los títulos que me vinieron a la mente en menos de 10 minutos
1. Los Hermanos Karamazov de Dostoyevski.
2. Ana Karenina de León Tolstoi.
3. Crónica del Pájaro que da Cuerda al Mundo de Haruki Murakami.
4. Madame Bovary de Gustave Flaubert.
5. El Libro de las Tierras Vírgenes de Rudyard Kipling.
6. La Gaviota de Anton Chéjov.
7. Ficciones y el Aleph de Jorge Luis Borges.
8. Pedro Páramo de Juan Rulfo.
9. Me Llamo Rojo de Orhan Pamuk.
10. Aquí Yace el Wub y Otros Cuentos de Phillip K. Dick.
11. El Maestro de San Petersburgo de Coetzee.
12. El Señor de los Anillos de Tolkien.
13. El Cuervo de Ted Hughes.
14. El Barón Rampante de Ítalo Calvino
15. Dinos Cómo Sobrevivir a Nuestra Locura de Kenzaburo Oé.
16. La Trilogía de Nueva York de Paul Auster.
17. La Divina Comedia de Dante.
18. Ensayo Sobre la Ceguera de Saramago.
18. Piedra de Sol de Octavio Paz.
19. Antología Poética de Juan Gelman.
20. Cien Años de Soledad de Gabriel García Márquez.
A pesar de los encuentros deseados que jamás se llevaron a cabo o de los encuentros que no debieron ser y que debieron sufrirse con hombres bajos y calvos de ideas; aun y con los malentendidos provocados con ingenua inquina, con los vestigios tiernos de amigos que dejaron un regusto amargo en el polvo del camino, el 2007 fue un año para no olvidar.
Con el corazón ligero y el espíritu optimista disfruto el peligro de estar vivos. Encamino mis pasos hacia el 2008, tiempo para vivir bellas aventuras.
Palabras para Julia Tú no puedes volver atrás porque la vida ya te empuja como un aullido interminable. Hija mía es mejor vivir con la alegría de los hombres que llorar ante el muro ciego. Te sentirás acorralada te sentirás perdida o sola tal vez querrás no haber nacido. Yo sé muy bien que te dirán que la vida no tiene objeto que es un asunto desgraciado. Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso. La vida es bella, ya verás como a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amor. Un hombre solo, una mujer así tomados, de uno en uno son como polvo, no son nada. Pero yo cuando te hablo a ti cuando te escribo estas palabras pienso también en otra gente. Tu destino está en los demás tu futuro es tu propia vida tu dignidad es la de todos. Otros esperan que resistas que les ayude tu alegría tu canción entre sus canciones. Entonces siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso. Nunca te entregues ni te apartes junto al camino, nunca digas no puedo más y aquí me quedo. La vida es bella, tú verás como a pesar de los pesares tendrás amor, tendrás amigos. Por lo demás no hay elección y este mundo tal como es será todo tu patrimonio. Perdóname no sé decirte nada más pero tú comprende que yo aún estoy en el camino. Y siempre siempre acuérdate de lo que un día yo escribí pensando en ti como ahora pienso José Agustín Goytisolo