martes, 24 de abril de 2007

la certidumbre del vuelo




VUELOS

Juntos, en la tarde tranquila
vuelan notas de Ángelus,
murciélagos y golondrinas.

José Juan Tablada


MECÁNICA DEL VUELO

¿Perfeccionar lo inútil entretanto
el paisaje y el ave nada hacen
para tener un sitio en el edén? Pudiera
ser. La belleza no pide tributo.

¿Entonces? Dar ejemplo tampoco: la coherencia
no era flor: pero ¿dónde? Acompañado
por otras soledades, obedezca
el ave que no es, rece el paisaje
que no es paisaje (habla). Perfeccione
lo inútil a lo inútil. No haya edén.

Aníbal Núñez

sábado, 21 de abril de 2007

La palabra que ilumina




No hay placer más grande que ver iluminada en la palabra la oscuridad caótica de la que procedía.




"Son las palabras las que cantan, las que suben y bajan... Me prosterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo tanto las palabras... Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen... Vocablos amados... Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras... Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema... Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto... Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola... Todo está en la palabra... Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció... Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas... Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada..."

Pablo Neruda

lunes, 16 de abril de 2007

La globalización frente al espejo



Ningún hombre es en sí, equiparable a una isla”, escribió el poeta John Donne en el siglo 16. Y hoy, este verso prefigura nuestra concepción actual del concepto de hombre. El siglo 21 otorga al ser humano la conciencia plena de que el modelo de calzado, el estreno reciente de la película hollywoodense de temporada, la última publicación de Orhan Pamuk, son objetos compartidos con otra persona que vive en el extremo opuesto del planeta.
Esto nos conduce a cuestionarnos sobre nuestro papel en el modelo de sociedad globalizada, porque la cotidianidad en la urbe ha dejado claro que la globalización ya nos ha involucrado, sin hacer invitación alguna. Entonces, más allá de los artículos de consumo que se encuentran en nuestros hogares -etiquetados en China, Taiwán, Portugal y un largo etcétera-, y de la tecnología que nos mantiene conectados y que se ha vuelto estandarte de nuestra generación, el tema tiene implicaciones sociológicas y antropológicas con las que hoy vivimos.
Tal vez la globalización se vuelva la oportunidad para regresar al concepto de humanidad, de pensar en las palabras de Donne y abolir la apatía creciente que genera la constante exposición a los medios, a la tragedia numérica y anónima.
Si adquirimos la conciencia real de que formamos parte de la humanidad, suena lógico señalar que la muerte por hambre de un niño en Ghana, la extinción de ecosistemas completos como consecuencia de la pesca de arrastre que coloca nuevas variedades de peces en el menú, la desaparición de una lengua milenaria en la China profunda, es una cuestión personal. Esto nos lleva a plantear la cuestión ¿Esto me compete a mí, al mexicano?
Tal vez Donne, junto a Julio Verne o Phillip Dick, concibieron el futuro no con base en la ciencia y el crescendo tecnológico, sino con la certeza de que los temas que nos unen son más profundos: la vida, la muerte, el amor, el saber. Y esta singularidad humana es la que, a fin de cuentas, nos trajo al siglo 21.
Vale entonces, cerrar con el poema de Donne, sin duda hoy más actual y significativo para nosotros, ciudadanos del nuevo milenio, que para los contemporáneos del escritor inglés.

Ningún hombre es en sí
equiparable a una isla;
todo hombre es un pedazo del continente,
una parte de tierra firme;
si el mar llevara lejos un terrón,
Europa perdería
como si fuera un promontorio.
Como si se llevara una casa solariega
de tus amigos o la tuya propia.
La muerte de cualquier hombre me disminuye,
porque soy una parte de la humanidad.
Por eso no preguntes nunca
por quién doblan las campanas,
están doblando por ti.

sábado, 14 de abril de 2007

Cuerpo que me temblás entrado al alma


Han pasado ya cuatro años. En aquel entonces la vida me soprendió a través del miedo, el dolor y la belleza.

Fue un lunes 14 de abril, a las seis de la tarde, cuando adquirí la certeza de que mi nave siempre llegaría a puerto, de que mi Ítaca particular se eregía en promontorios de amor inexpugnable.

Y el amor se reconstruye constante en "una palabra que está por decir, un arbolito sin hojas que da sombra".

Hace cuatro años obtuve un nombre que invocar: Allegra... y con cada letra vienen la sonrisa, la mirada húmeda, la melancolía, la felicidad sin mella.


Cuerpo que me temblás entrado al alma/
río que me enfriás/manita tuya
manando sombra/sombra/sombra/sombra/
¿para tu deshacerte en algún lado?/

¿te rejunto otra vez?/¿te apeno el habla?/
¿te duelo el nunca?/¿más?/¿o nunca más
me mirará hermoseando tu hermosura?/
¿descansás de tu piel?/¿desquerés mucho?/

me escuchás/deteniendo tu pasaje
fuera de vos?/¿carita que solés
iluminarme el animal?/¿o pena?/
recorrerme la cielo/como sol?/

Juan Gelman

viernes, 13 de abril de 2007

Loros, escritores y retruécanos visuales



“El arte reside en la metamorfosis, no en la imitación”.

Ernst Jünger


La fotografía emblemática en blanco y negro, de libro de texto, que caracteriza al escritor Ramón Maria del Valle Inclán, es el detonante para el retrato de Valle-Inclán de Alberto Gironella.
El espectador observa los anteojos redondos de montura negra, la longa barba blanca que le da al escritor la apariencia serena del viejo sabio, el rostro anguloso y largo, la frente alta, enorme.
Hasta ahí, Gironella retrata la foto del escritor español, autor de la novela Tirano Banderas, una de las favoritas del pintor mexicano, con trazos gruesos y rápidos que no buscan ser minuciosos.
Pero gracias a la inventiva del pintor y a los elementos que éste agrega en la obra, Valle Inclán muta en un personaje ficticio, como si se volviera protagonista de sus propias historias de dictadores y oprimidos.
A la espalda del español se ve a un loro –tal vez alusión al relato Un corazón sencillo de Flaubert, en donde esta ave es el leitmotiv no sólo del cuento, también de la vida del novelista francés-, y al otro lado (también en la parte superior del cuadro) se aprecia una bandera de España que, al modo de los afiches, es pegada a la “pared” con cinta adhesiva.
Otros elementos que aparecen en el óleo son: un emblema dorado que forma, a través de líneas sinuosas y retorcidas, la letra “R”; unos pequeños artefactos anónimos –que se intuyen metálicos por su color blancuzco plateado- que cuelgan como llaves en la parte derecha; y justo bajo la “R” penden, como guantes lánguidos, un par de manos clavadas en las muñecas.
Y en la parte inferior del lienzo aparecen dos latas de aceite de oliva, un empaque en cuyo frente aparece la figura del torero –tan querida y usada por el artista-, y una lata de sardinas en la que se lee la firma de Gironella, quien, por medio de esta diversidad de elementos, deja claro el origen español de Valle Inclán.
En cuanto al color, Gironella es parco. Sobre fondo negro resalta el collage de impresiones recolectadas por el mexicano –en tonos ocres, amarillos y rojizos- y por supuesto al tema principal: el rostro de Valle Inclan.
Valle-Inclán muestra esta vena Pop del Surrealismo practicado por Gironella, pero un surrealismo al estilo de André Bretón, cargado de alusiones poéticas y literarias, de guiños al espectador, de retruécanos visuales.
Nada en el pintor mexicano es casualidad; tampoco que, en Barcelona, el Círculo de Lectores editara en 1998 Tirano Banderas. Novela de tierra caliente, con ilustraciones de Alberto Gironella.

miércoles, 11 de abril de 2007

La primavera vuelve, vuelve y se irá


LOS ANILLOS FATIGADOS


Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,

y hay ganas de morir, combatido por dos

aguas encontradas que jamás han de istmarse.


Hay ganas: de un gran beso que amortaje a la Vida,

que acaba en el áfrica de una agonía ardiente,

suicida!


Hay ganas de... no tener ganas. Señor;

a ti yo te señalo con el dedo deicida:

hay ganas de no haber tenido corazón.


La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios,

curvado en tiempo, se repite, y pasa:

pasa a cuestas con la espina dorsal del Universo.


Cuando, las sienes tocan su lúgubre tambor...

cuando me duele el sueño grabado en un puñal,
hay ganas de quedarse plantado en este verso!


César Vallejo

martes, 10 de abril de 2007

El regreso



Las distancias, el tiempo, la marea, los oleajes. Nada de que arrepentirme... los caminos me siguen conduciendo al mismo sitio: "una puerta, una grieta abierta en el asombro".


Poesía Vertical X - 44

Me doy vuelta hacia tu lado,
en el lecho o la vida,
y encuentro que estás hecho de imposible.

Me vuelvo entonces hacia mí
y hallo la misma cosa.

Es por eso
que aunque amemos lo posible,
terminaremos por encerrarlo en una caja,
para que no estorbe más a este imposible

sin el cual no podemos seguir juntos.

Roberto Juarroz